Arte

[Verano Feminista Literario] Plegaria I y II, El grito de la Oliva y A Garagua

Por Angélica Pineda Silva

Plegaria Primera

Yo digo: ¡hágase la luz! y la luz se hace.
Yo dije: ¡hágase la luz! y la luz se hizo.

Soy la madre, la hija y el ánima no santa.
Fármacon que se engendra en cada rezo.

Soy desvelo que embarga, letras paridas, noches en vela,
susurro invocante, sosiego turbado.

Soy infinito en la conciencia de Brahman.
Instante en la permuta del Atman,
Yemayá en el renacimiento de las aguas y la luna.

Soy la chifladura errante y la cópula del bosque.
Desecho y perdición en la gloria beatificadora.

Soy polvo de estrellas encriptado en la blasfemia.
Semblante del espejo cóncavo de tu mirada.

Yo digo: ¡que reine la noche! y el sol se ocultó.
Yo dije: ¡que reine la noche! y la noche llegó.

 

Plegaria Segunda

Mi nombre está inscrito en el lado oscuro de Killa.
Secreto de la Diosa, repetición fractal del guiño.
Configuración psicogeográfica de tantas designaciones impronunciables,
o casi siempre,
apareciendo tan solo en la punta de la lengua.

Me pertenezco.

Tres arcanos acompañan este lance de arremetida bestial.
XIII, III y XXII como signos sibilinos que conjuran el enigma.
¿Quién eres tú? preguntó Eva a Lilith vuelta serpiente
y entonces el silencio se hizo noche,
y la noche insomnio.

 

 

El grito de la Oliva

Un rictus congelado en el tiempo, instante en que emprenden fuga los recuerdos.
Transposición infinita del límite que somos, que fui, que fuimos.
Escalofrío y temblor de ausencia, el umbral de estas alas sempiternas.

Grito audible por la mirada, pasmo y contracción danzante.
Máscaras no fortuitas en el universo que nos encuentra,
y sin remedio, nos separa.

 

A Garagua

Mientras dure lo que dura un suspiro interminable y tu reflejo en la cascada toda la noche sonando.
Mientras nuestros cuerpos se entrelacen más allá de la presencia y la iridiscencia nos conceda jugar
entre luces y sombras. Te respiro en cada inhalación profunda. Danzo para ti las músicas que me
donaste. Policromía en la dualidad que nos permite ser en el clamor de la eternidad, en el silbido
de la quimera del tiempo y el espacio.

Amor, Amorcito, Amorcititico, Amorzote, Amorzotote, Garra de Jaguar

La estrella que fecunda florece. Nace, se deshace, muere y renace. Muta la condenada piel del alma
en búsqueda del “trance poligonal de ser diamante translúcido”. Se desnuda con urgencia cada
recóndito rincón de la existencia. Anochece entre la tonadilla de grillos y luciérnagas, sombras y
refulgentes astros. Amanece en medio de la espesura de tan imponentes montañas forradas por un
follaje verde y espeso, vibra más de una criatura. Vuelvo a este sueño con el canto de las aves,
luego de encontrarme contigo en la intuición de nuestras palabras, vuelvo para saludarte con una
sonrisa que hace brillar los ojos de esperanza, vuelvo para volver a vernos sin que hayamos dejado
de vernos…

Despierto en un sueño dentro del sueño. Presiento tu esencia en la lluvia que cae, el fuego que
calienta, el aire que me acaricia, la tierra que huelo. Saboreo cada recuerdo en la comunión de los
elementos. Nos volvemos bruma, niebla, plasma. Ataduras inexistentes como hilos de trama
invisible. Ataduras en la libertad del libre albedrío y la voluntad del verbo.

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