(A Itzel, que entre otras muchas cosas, me enseñó el quinto punto cardinal)

Norte, sur, este y oeste
me dijeron que eran
los cuatro puntos cardinales;
que con otros puntos intermedios
forman ese bonito símbolo náutico
llamado rosa de los vientos.
Son útiles esos cuatro puntos:
para los mapas,
para los planos
y para encontrar esos lugares
que son mudos testigos
que, sin embargo, gritan
la historia del mundo.
Pero no bastan.
Se les olvidó decirme
que había un quinto punto cardinal,
el más importante de todos:
el centro.
Ese donde estoy
aquí y ahora.
Aunque si lo pienso bien,
no creo que se olvidaran de decírmelo.
Era más fácil y cómodo
hacerme sentir perdida,
extraviada,
dependiente de brújulas externas,
desenraizada.
Yo soy ahora mi propio punto cardinal
y lo tengo en el centro del pecho.
Me guío por ese punto y a pura intuición
primitiva y salvaje,
reconozco sincronías

y me dejo conducir
hacia esos caminos
recorridos por otras
que también se negaron
a creerse extraviadas
y a seguir rutas impuestas
por quienes las querían
desorientadas.
Yo decido hacia dónde voy.
Yo soy
mi propia rosa de los vientos.
 
Magda 

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La Crítica