Cuento

Neyda, siempre fue tu decisión

Por Andrea Olga Lague Gonzales

Creció con tanta confianza en el seno de su familia que a los seis años se enteró que tenía que seguir un ciclo, el ciclo de la vida, y que cada etapa de ese ciclo venía con responsabilidades y deberes.

Así que entre que su mamá viajaba a las provincias a vender mercaderías, entre que la llevaban a ella y a sus hermanos a casa de una tía un tiempo para ayudar vendiendo zapatillas, o a repartir verduras en algún lugar más o menos lejano, combinaba esos trabajos con la escuela, la secundaria, y al final, con la universidad.

Neyda jamás se quejó de sus deberes y responsabilidades, es más, siempre le vio el lado positivo pues había heredado la alegría y buen humor de su mamá.

Pero pasó el tiempo, terminó la carrera universitaria y en lo que ayudaba en las ventas a su madre y terminaba su tesis, llegaron sus 25 años.

Cierta tarde, en una reunión familiar, sus tías maternas empezaron a comentar:

– Y la Neydita, ¿cuándo se casa, Aidé?, ¿ya tiene 25, no?

– Tiene su novio, derecho está estudiando, ya va a terminar, pero ella parece que no quiere todavía casarse, sale con sus amigas los fines de semana, yo la veo tranquila.

– Cuidado, Aidé , se le está yendo el tiempo, se va a quedar solita, ¿no te da pena tu hijita? luego ya no va a tener hijos que la cuiden, que la acompañen, nadie se va a fijar en ella, las mujeres tenemos un tiempo nomás.

Durante ese año las reuniones familiares tuvieron como tema de conversación la “soledad” de Neyda, mientras más le hablaban del tema a Aidé, la mama de Neyda, más triste y preocupada quedaba al cabo de cada reunión.

De tanta insistencia, tanto ruego de su madre, Neyda aceptó casarse con su novio, fijaron la fecha de la boda. Como era de esperarse, la familia de Neyda que había acumulado mucho dinero, organizó una gran fiesta para su primogénita, fiesta que duró tres días, invitaron a familiares cercanos y lejanos, muchos de ellos y ellas llegaron de otros países para este acontecimiento.

Neyda estaba feliz por su madre, había cumplido una etapa más: la vida matrimonial y la posibilidad de formar una familia.

Los regalos no fueron pequeños, tenía casi amueblada su casa.

Pasó un año. Una linda niña venía en camino y aunque el matrimonio no fue lo mismo que el enamoramiento, menos atenciones de Iván su esposo, Neyda estaba tranquila, su niña llegaría a un hogar con mamá y papá.

Una de esas noches de dolor de espalda y pies hinchados llegando a los ocho meses de un embarazo complicado, vino a la casa de Neyda una vecina con una noticia muy triste: el esposo de Neyda andaba de la mano con una muchacha en la universidad.

Neyda sintió que el mundo se le venía encima, se suponía que estaban casados, que se amaban, que iban a tener una beba, todos a su alrededor sabían que estaban casados. ¿Cómo podía Iván hacerle esto?, estaba desilusionada y triste por toda la libertad que había perdido, confinada en una casa, hacía un año que le servía a él. ¿Por qué tenía que pasarle a ella?, ¿por qué si le daba todas las atenciones que su madre le había enseñado que debían darse a un marido? Siempre lavaba su ropa, la planchaba, no le hacía faltar la comida en hora, Neyda no entendía la razón del engaño si desde el inicio se consideraba una buena esposa.

Vanas fueron las lagrimas y los reclamos a Iván, su flamante esposo, él sostenía que si alguien tuvo la culpa de esa infidelidad era la familia de Neyda por echarle en cara sus pocas posibilidades económicas, como si la infidelidad fuera una venganza, como si todo el amor prometido y demostrado, meses antes, no hubiera valido nada.

Aidé, la mama de Neyda, no podía dejar que se separaran, toda la familia y amistades de enterarse iban a desacreditar a Neyda, ya se imaginaba los comentarios: «Que no fue buena esposa», «que no supo llevar un matrimonio», y aunque su corazón estaba hecho trizas cada vez que veía llorar a Neyda, ella decidió que la solución era mandar al joven matrimonio lejos, Neyda tenía que sacar ese matrimonio adelante, sobre todo porque ya estaba embarazada.

Ni siquiera lo que Neyda pensara era tan importante como el qué dirán de las familias, así que Neyda e Iván se fueron a una frontera, Aidé les dio casa, movilidad y un negocio suficientemente rentable como para que nunca tuvieran problemas económicos.

Pasaron tres años, de Iván y Neyda solo se sabía que trabajaban y ahorraban para venir a la ciudad, alejados de las amistades y familia, llegaron las noticias de que estaba en camino un nuevo bebé, y con él, también se rumoraba nuevas infidelidades de Iván.

Aidé que creía haberse encargado de cubrir las apariencias, ya no pudo más el día que Neyda decidió que ese matrimonio tenía que terminar, pidió a Iván que dejara su casa, se quedó con su niña y niño con la movilidad que le había dejado su mamá y también con el negocio, contrató empleados y no le interesó lo que pensaran sus familiares si se llegaban a enterar.

Tuvieron que pasar 9 años para que Neyda reconociera que esa vida no era lo que quería ni lo que esperaba, y muchos mas años para que se diera cuenta que su vida le pertenecía y sus decisiones también, ningún ciclo ni etapa tenía que ser cumplido a costa de su felicidad.

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La Crítica