Análisis

Las redes y las desapariciones

Por Susana Rodríguez de Alba

Cuando desaparece una niña o niño, lo mejor es difundir la información a las personas lo más rápido posible. Las Alertas AMBER en Facebook ayudarán a reunir a los niños y niñas con sus familias, poniendo la información correcta, en manos de las personas correctas, argumentó Emily Vacher, directora de Seguridad en Facebook, en el lanzamiento de dicha iniciativa.

A finales de abril de 2021, la Fiscalía General del Estado de Aguascalientes dio a conocer en una rueda de prensa los pormenores del feminicidio de Wendy Anahí Flores Moreno, de 15 años de edad, asesinada por su novio. Fue el quinto de los siete feminicidios que han ocurrido en lo que va de este año, en Aguascalientes (uno de ellos ocurrió en San Juan de los Lagos).

Ella desapareció una semana antes de que las autoridades empezaran a buscarla, la justificación del fiscal Jesús Figueroa Ortega, respecto al retraso en su búsqueda fue que la familia no interpuso la denuncia a tiempo y aunque la búsqueda fue publicada por su familia en Facebook, ellos como autoridad no iban a tomar como referencia una publicación en redes sociales.

“No todo lo que dicen las redes en ocasiones es certero, nosotros cuando hemos recibido denuncias en las redes o hemos tenido noticias de que hay personas desaparecidas y vamos y tocamos a los domicilios y quien nos abre es la persona desaparecida… no hay cien por ciento de certeza de lo que se publica en las redes”, en ese momento, esta fue la desafortunada declaración del fiscal Figueroa Ortega.

La desaparición es un acto violento que tiene quebrantado al país, sin embargo, cuando se trata de una mujer, la historia es aún más terrible: los estragos de la discriminación comenzaron incluso antes de que ella no estuviera. Ser mujer, empobrecida, sin estudios, madre, soltera.

En los ministerios públicos suelen escucharse frases hechas como: «Seguro se fue con el novio», «eso les pasa por andar en lo que andaban», «esas muchachitas que no tienen gobierno» y otras más acompañadas de la negación de las autoridades para iniciar la búsqueda de las mujeres desaparecidas porque seguro «andan en otra cosa». Todos estos son prejuicios de la estructura patriarcal que laceran e impiden a las mujeres el acceso a la justicia en este país.

En México, hay más de 70 mil familias buscando a sus desaparecidas y desaparecidos, son las madres, hermanas y padres, quienes viven en agonía al recorrer las fiscalías de la república en busca de una evidencia, un retazo de ropa, un mechón de cabello, cualquier indicio que les permita un poco de paz.

En la nota “Desaparecidos en México: cómo las redes hacen lo que no hacen los gobiernos”, publicada el 6 de abril de 2016 en El País, el colectivo La Alameda hablaba de que la difusión en redes sociales no sólo sirve para buscar, sino también es un ejercicio de memoria histórica sobre lo que pasa en México para que no desaparezcan también de la memoria social. Para resistirnos del despojo y el arrebato que trae consigo la amnesia colectiva, les ponemos rostro, nombre y hablamos de ellas y ellos.

Cuando te acercas con empatía a las personas que viven la desaparición de un familiar, eres capaz de reconocer la importancia que tiene el acompañamiento, el trato humano y la solidaridad, porque mientras las autoridades estén siempre dispuestas a esperar, para las familias no hay razón que valga la espera.

Es entendible que exista incertidumbre frente a lo que se publican en redes sociales porque éstas han sido un medio propicio para la difusión de información falsa, sin embargo, las desapariciones en México son un tema muy delicado y suena muy banal de parte de un fiscal menospreciar lo que se publica en estos espacios, cuando medios y organismos nacionales e internacionales han reconocido ya, la valía de estas herramientas.

Las autoridades estatales alargan la agonía de las familias por el trato, el rechazo, las acciones deficientes, el juicio y la desacreditación respecto al uso de recursos no institucionales para la búsqueda de las y los desparecidos por parte de sus familiares.

Y las mujeres no solo desaparecen, sino también buscan. A lo largo de la República Mexicana hay innumerables colectivos encabezados la mayoría por mujeres madres y hermanas de personas desaparecidas que no están dispuestas a quedarse en sus casas mientras los días pasan. Cumplen con una doble y triple jornada, cuidan su casa, a los suyos y buscan a los que ya no están.

Mientras la burocracia está detrás de un escritorio, hay madres en desiertos y parajes desolados, destrozándose las manos, arrancándole indicios a la tierra, sobre el paradero de sus hijos.

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La Crítica