Análisis

La palabra de las mujeres

Por Susana Rodríguez de Alba

La palabra es la forma en que las personas podemos hacernos visibles, ya sea en el ámbito privado o público. Igual que un corset, el lenguaje se adecuó para que las mujeres se expresaran de forma prudente y bonita, como las princesas que son para agradar a los hombres y sus estructuras ya establecidas.

Históricamente, las mujeres que quisieron expresarse -a través de la literatura o el periodismo- vivieron procesos de censura total que iban desde usar pseudónimos masculinos o, en su caso, entregar sus textos a hombres que los firmaban para publicarlos.

Pensando incluso que el lenguaje “oficial” fue creado por los hombres y que las mujeres estaban supeditadas a ser un grupo secundario en el que ellas no eran ni siquiera consideradas sujetas, no había manera de que las palabras fueran para ellas un vehículo de salvación, sanación, visibilidad, pronunciamiento.

Sin embargo, las capacidades creativas de las mujeres a lo largo de la existencia de la humanidad han quedado muy claras y no sólo desde un aspecto creativo superficial, lúdico o de entretenimiento (que sigue pareciendo como una función para dar servicio a otros) sino para nombrarse a sí mismas, para darle vida a sus luchas diarias e incluso para reclamar y pelear con uñas y dientes el espacio que nos ha sido arrebatado.

Creo que una toma simbólica del lenguaje es hablar de nuestras historias, de las verdaderas y, sobre todo, desde nuestra perspectiva, porque por supuesto hay mujeres a las que les gusta la cocina, pero no como un tema donde el sujeto importante sea el que lo mira y no, nosotras mismas. Somos sujetas capaces de alimentarnos con algo hecho por nuestras manos o podemos apreciar nuestros cuerpos para nuestra propia satisfacción o incluso pensar en las necesidades de cuidado que requiere, antes de pensar en los demás.

Y, por supuesto, también hay temas relacionados con cuestiones económicas, sociales, de seguridad, que nos interesan a nosotras y que por lo tanto necesitamos que el periodismo las aborde desde la perspectiva feminista para que efectivamente sea información que nos sea de utilidad.

Otra de las formas en las que las mujeres se apropian del lenguaje es en “pequeños” detalles como empezar a nombrarnos de manera personal cuando estamos hablando incluso con nuestras personas más cercanas, hablar de nosotras mismas y llevar este mismo ejercicio al espacio público, ya sea para compartirlo con otras mujeres o en general como la carta de presentación ante el mundo.

Reconozco que después de tantos años de formación y rigidez, para algunas es complejo el proceso de transformación lo digo por mi misma, pero sin duda creo profundamente en la fuerza de la palabra y también creo en la fuerza interna de las mujeres que sin duda tiene que ser transmitida generación tras generación y cada vez más libre de prejuicios y más limpia. Y si para eso es necesario romper con los estereotipos que le han puesto históricamente al lenguaje pues tendrá que hacerse.

Fotografía: Tamara Velazquez-Pexels

 

 

*Nota: Este texto se realizó en el curso «Formación de Reporteras Feministas» impartido por Montserrat Pérez en Ímpetu Centro de Estudios A.C.

 

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La Crítica