Feminismo

La incomodidad de hablar de la cuerpa gorda

Por Montserrat Pérez 

Cuando  escribo sobre la existencia gorda, sobre la cuerpa gorda, sobre el odio hacia las mujeres gordas sé que voy a incomodar. No sólo eso, sé que voy a hacer enojar a algunas personas y que probablemente se vierta un montón de violencia sobre mis pensamientos. 

¿Por qué causa tanta incomodidad? ¿Qué es lo que hace que una persona que está en desacuerdo conmigo decida burlarse o insultarme o desearme la muerte? Porque si lo que digo no importa o es innecesario, ¿para qué tomarse la molestia de leerme y, más aún, de comentar? 

La cuerpa gorda, incluso dentro de algunos espacios feministas, se ve aún como la cuerpa que no debería ser. Pienso en cómo los trolls de internet usan las imágenes de algunas compañeras para decirles «inacosables», «inviolables», «indeseables» y de esa manera intentar (de manera bastante floja) desprestigiar al feminismo. El problema en este asunto no es lo que ellos dicen, a mí me da igual lo que digan una bola de violadores y feminicidas. El problema más bien es cuando las compañeras contestan subiendo sus fotos en las que muestran que no, LAS FEMINISTAS no se ven así, que ellas sí son bonitas, que ellas sí se «cuidan», que ellas no son peludas y mucho menos son gordas. 

Y por otro lado me dicen «es que la SALUD», ¿la salud de quién? ¿En serio les importa mi salud o la de las otras mujeres gordas en el mundo? No, y esto ya lo he dicho en textos anteriores, no les importa realmente. La salud tiene múltiples aristas y factores, entre los cuales la gordafobia actúa para que no sólo sea complejo acercarse a los servicios de salud, sino también recibir una atención médica digna y no llena de prejuicios que nos pueden matar. 

La salud se usa como una excusa para perpetuar un odio que va desde muy dentro de nosotras. A las mujeres nos enseñan a temerle a la gordura más que a morir. Si eres gorda, es lo peor que te puede pasar. Si eres gorda, eres indeseable, eres desechable. Entonces cuando las gordas hablamos de lo que es la realidad de nuestra existencia, salen miles de personas expertas a decir que no, eso no es cierto: tú no puedes disfrutar tu cuerpa, tú no puedes sentir gozo, tú debes sufrir. ¿Por qué? ¿Por qué debería sufrir? 

Ese pica-pica que sienten no tienen nada que ver conmigo. Tiene que ver con cómo han interiorizado los discursos de odio al punto de naturalizarlos. Gorda=enferma, gorda=floja, gorda=desagradable, gorda=fea. FEA. Y en las narrativas que nos dicen que «salud es belleza», bueno, la cuerpa gorda entonces, según ustedes, es espantosa. 

Y, sí, si me quieren ver así, no tengo problema. A mí la belleza me parece una forma más de controlar los cuerpos y meterlos en moldes para vernos todas iguales. Para mí la belleza es violenta y fascista, como ya también lo he dicho en otros espacios y textos. Entonces, ¿qué? ¿Quién pierde aquí? ¿Yo? 

Me siento a escribir este texto porque yo misma he sentido esa incomodidad, yo misma me he sentido con derecho de decir si alguien es o no saludable por su apariencia física y también me he dado cuenta de que más bien, esa necesidad de opinar, de juzgar y hacer a un lado era un chorro de dolor y la violencia que me enseñaron a ejercer sobre mí misma. 

Al final, pienso que la incomodidad también nos puede llevar a preguntarnos por qué la sentimos. Tiene su razón de ser, por supuesto, cuando algo nos incomoda nos permite movernos. La decisión está hacia dónde lo hacemos: hacia el odio o hacia el entendimiento. 

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One thought on “La incomodidad de hablar de la cuerpa gorda

  1. Yo subí mucho de peso, después bajé y ahora he vuelto a subir y estoy traumada con eso, porque en todas partes ves que es malo, que “te ves mal”, que no es estético. Mi novio me ama así, mi hijo me ama así, mi familia, mis padres, debo hacerlo yo también ¿por qué me exijo algo que nada más no pasa? … es un problema de mi propia percepción, porque no he vencido el qué dirán de la sociedad, de la publicidad, de las tiendas de ropa …

    Graciaaaaaaaas por este texto, es genial leer algo distinto a las dietas y rutinas milagrosas de todos los días.

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