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Juana Belén, una anarquista en el México revolucionario

Angélica Jocelyn Soto Espinosa

Ciudad de México, 2 feb 19.- “Ante 16 millones de habitantes, la dictadura ha atropella­do garantías, violado derechos y ultrajado ciudadanos. Con ensañamiento salvaje ha despedazado la prensa indepen­diente, única manifestación que quedaba de libertad (…)”

“Porque sois incapaces de defender a vuestros conciuda­danos, por eso lo hacemos nosotras, porque sois incapaces de defender vuestra libertad, por eso hemos venido a defen­derla para nuestros hijos, para la posteridad a quien no queremos legar sólo la mancha de nuestra ignominiosa cobardía. Porque no usáis de vuestros derechos, venimos a usar de los nuestros, para que al menos conste que no todo era abyección y servilismo en nuestra época»

Juana Belén de Mendoza, autora de estas palabras, fue escritora, periodista y luchadora social. Se opuso -en plena época porfirista- a las dictaduras, la iglesia y a la opresión de mujeres, población indígena y clase trabajadora.

Foto: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano

Nació en Durango el 27 de enero de 1875; y aunque la historia de la política disidente de esos años se centra en los escritos magonistas, Juana y sus compañeras produjeron sus propias críticas y las difundieron en los medios que ellas crearon, aún -incluso- contra la voluntad de esos hermanos.

Estos datos están basados en la biografía Justicia y Libertad que elaboró la historiadora Alicia Villaneda con base en publicaciones y cartas de Juana.

¡Vesper!

Juana creció en núcleos pobres, de familia minera y campesina. No fue a la escuela pero desde niña aprendió de manera autodidacta las letras.

Ahí, en su entorno, se influyó en el pensamiento liberales que cuestionaba los abusos de la iglesia católica mexicana sobre los pueblos.

Cuando tenía 22 años -viuda y con dos hijos- empezó a colaborar como corresponsal en periódicos opositores al régimen porfirista.

Juana público en el Diario del Hogar y El Hijo del Ahuizate, ambos periódicos anticlericales y de oposición al régimen de Díaz.

La escritora fue encarcelada decenas de veces por su actividad periodística y propagandística. Se le acusó principalmente de conspirar contra Porfirio Díaz y convocar a la Revolución.

En 1901, justo al salir de uno de sus encarcelamientos, Juana quiso denunciar los agravios a la libertad de expresión y decidió formar y dirigir su propio medio.

“Se me ocurrió publicar un periódico del mismo modo que se me hubiera ocurrido hacer cualquier otra cosa. Los periódicos se llamaban de algún modo; el mío se llamaba ¡Vesper! la estrella de mis recuerdos… Y tendría un lema; esto ya era más serio, el lema debía decirlo todo. Pensé mucho para reducir en dos palabras aquel mundo de cosas; la reducción estuvo hecha en 15 días, y las enormidades de mis pensamientos juntas, apretadas en el tormento de la condensación, se redujeron a estas mínimas proporciones: ¡Justicia y libertad!, así con admiración y todo”.

Eligió el nombre de Vesper como recuerdo de su hijo Santiago, quien murió de niño.

Juana no era rica; por el contrario, aprendió a coser y hacía ropa de mezclilla para los mineros. Con ese dinero compró un hato de cabras y vendía la leche. Vendió todo lo que tenía para hacer su periódico y comprar una imprenta.

“El periódico se publicó con gran regocijo del impresor que en muy poco tiempo se había llevado todos mis ahorros. Cuando éstos se hubieron concluido hice vender las cabras. ¡Mis cabras! Confieso que cuando llegó ese trance tuve el impulso de volverme a la montaña, un deseo desesperado de abrazar a la ‘Sancha ‘, mi cabra favorita, de remontar a las cumbres, de ver el sol; aquel sol ardiente que reverberaba en las lomas y quemaba la frente … Si, volver a la montaña … No, decididamente yo no me volvería a la montaña mientras Porfirio Díaz fuera Presidente … ”, escribió Juana.

Desde niña Juana se enfrentó a la marginación y al rechazo por una triple condición de desventaja: ser mujer, ser pobre y ser disidente religiosa.

“El tono extremadamente audaz y sarcástico de Vésper, fundado y escrito por una mujer, no tenía precedente en la historia del perio­dismo mexicano. Los periódicos de oposición al régimen de Díaz, eran entonces escritos exclusivamente por varones; las mujeres par­ticipaban en algunas publicaciones, pero fueron periódicos «para mujeres» en los que se reproducía y justi­ficaba el modelo de ángel del hogar, consejos, recetas, y modas. En cambio, Vésper se sumaba a la oposición que ya para entonces se manifestaba en los periódicos fundados por liberales” analizó Alicia, su biógrafa.

Pocos meses después de estas primeras publicaciones, le decomisaron la imprenta y casi la fucilan. El tono de este periódico no gustó a las autoridades de Guanajuato -donde vivía cuando lo produjo-, al obispo.

Huyó a la ciudad de México, donde se encontró con otros grupos liberales. Ahí reactivó su publicación, y su difusión se hizo más amplia con el apoyo de su compañera de lucha Elisa Aviña y Rossete.

Juana mantuvo Vesper durante las veces que fue encarcelada, durante su exilio en Estados Unidos, e incluso mientras participó en la Revolución.

No sólo eso, sino que más tarde contribuyó a formar otras publicaciones fundadas por mujeres.

Juana Belén colaboró en la reanudación de La Corregidora y en la funda­ción del periódico El Partido Socialista, órgano de difusión de un grupo de personas trabajadoras; la Anáhuac; La Reforma; El Desmonte y Alma Mexicana.

¿Esos son los redentores?

De acuerdo con el registro de sus cartas y publicaciones, los hermanos Flores Magón buscaron -a través de sus periódicos- desprestigiarla a ella y su compañera Elisa con difamaciones sobre su vida sexual y otras vejaciones sexistas.

Todo esto originado por las diferencias políticas que tuvieron dentro de los grupos liberales en los que participaban.

Sin embargo, Juana respondió por medio de su propio periódico a estos descalificativos:

“Cargos de interés colectivo, como son los que hacemos nosotras, ni se responden ni se destruyen con calumnias e insultos de carácter absolutamente personal, como pretende ‘Regeneración’ (la publicación de los Magón).

«(…) Cuando llegamos a Laredo, el primer proyecto que [los Flores Magón] nos expusieron fue… ¡Oh! Dios de las liber­-tades, el matemático proyecto de dar en el Teatro de aquella ciudad CONFERENCIAS POLITICAS SOBRE NUESTRO PAIS A PESETA LA ENTRADA.

«Esos son los ¡REDENTORES!(?) estos son los patriotas, estos son los miembros de la Junta Organizadora, estos son en fin los insultadores de mujeres que rugen de rabia y despecho porque hemos sido bastante dignas y amamos bastante a nuestra patria para no llevar sus desdichas al mercado, para no vender por una peseta sus infortunios…”

Justicia y libertad

Juana fue elemental en la conformación del pensamiento liberal radical y anticlerical que conduciría a la Revolución mexicana. Su labor política y social no se quedó en Durango, sino que fue a otros estados del país: Chihuahua, Ciudad de México, Morelos, Guerrero, Querétaro, Michoacán, entre otros.

En 1899, incluso antes de formar su periódico, fundó el Club Liberal Benito Juárez, en Coahuila. Durante toda su vida participó en distintos clubs liberales y de disidencia religiosa.

La persecución en su contra hizo que Juana buscara el exilio en Estados Unidos, donde tuvo dificultades para reactivar Vesper pero finalmente lo hizo.

En 1907 conoció a Dolores Jiménez y Muro, poeta de San Luis Potosí, que se postuló liberal, luego maderista y más tarde zapatista como Belén Gutiérrez. Con ella fundó el grupo Socialistas Mexicanos y el grupo político Las Hijas de Anáhuac, que exigía mejores condiciones laborales para las mujeres.

Luego de varios años de exilio en Texas, regresó a México.

«… Ya no podía vivir entre aquellos yankis odiosos y menos entre los bárbaros de Texas… Aunque parezca contradic­torio, ese pueblo práctico es pura vanidad. No tiene de formidable más que la apariencia que le da el reclamo; cualquier esfuerza lo agotará, y la fuerza de su primer impulso puede tomarse en cuenta, pero en materia de resis­tencia será una nulidad».

En el año de 1909, junto con otras mujeres, fundó el Club Político Femenil Amigas del Pueblo y el Club Hijas de Cuauhtémoc, cuyo propósito fue la valoración social de la mujer y la presencia de la misma en el panorama político.

Estas mujeres llevaron a cabo algunas manifestaciones de protesta para exigir la “igualdad de derechos”. Se les conoció como las mujeres sandwichs porque portaban carteles en pecho y espalda con las consignas de su lucha.

Este grupo exigió «…la manumisión política y total emancipación de la mujer mexicana en sus luchas económicas, físicas, intelectuales y morales…».

Otras mujeres que figuraron como organizadoras fueron Dolores Jiménez y Muro, Dolores Arana, Manuela Peláez, María Trejo, Rosa G. de Maciel y la propia Juana Belén, entre otras.

En plena persecusión contra los maderistas, Juana Belén hizo comen­tarios críticos en Vésper sobre el Plan de la Noria -movimiento porfirista- para comparar lo que había prometido y no cumplió durante su gobierno.

En 1911, Juana se trasladó a Morelos, a luchar por reivindicaciones agrarias y ahí se inmiscuyó mucho más en la Revolución.

Juana Belén firmó el Plan de Tacubaya el 11 de octubre de 1911. Y en 1913, cuando asesinaron a Madero, organizó un regimiento al que llamó Victoria, con ella al frente.

En una ocasión, durante la ocupación de una hacienda de un aristócrata porfirista, uno de los miembros de su tropa violó a una mujer. Juana Belén lo mandó a fusilar. Por este acto, Zapata expidió un decreto sancionando severamente a quienes hicieran “uso o abuso de una mujer, siempre y cuando no se tratara de una de las mujeres de los hacendados”.

Juana Belén Gutiérrez de Mendoza volvió a la ciudad de México en 1922. Ahí, en la conformación de las instituciones, organizó la agrupación Acción Femenil y formó parte también del Consejo Nacional de Mujeres Mexicanas.

En 1922, fue nombrada maestra misionera en los estados de Jalisco y Zacatecas. En 1926 fue inspectora de escuelas rurales en Zaca­tecas. En 1937 fue directora de la Escuela Industrial para Señoritas, en Morelia, Michoacán. Ahí Juana organizó una cooperativa de talleres que permitiera mejorar las condiciones laborales.

A sus 60 años fundó la revista Alma Mexicana, donde escribió a propósito de su vida:

«Treinta y cinco años de incesante lucha y sesenta de vida, ponen a cualquiera fuera de combate, o por lo menos sirven para justificar indiferencias o disfrazar cobardías, dando el derecho de huir, encogiéndose de hombros ante el dolor humano y ocupar cómodamente un rincón en cualquier parte del mundo a título de cansancio… yo tengo ese derecho, yo tengo ese derecho pero no encuentro el rincón.

En todos los rincones del mundo está viviendo el dolor; en todos los rincones del mundo se enrosca una perfidia y se abren unas mandíbulas dispuestas a triturar y yo no tengo indiferencia para ver, ni cobardía para huir, ni mansedum­bre para acomodarme allí… Mis sesenta años no me sirven para nada. No puedo hacerme con ellos una venda para los ojos ni una mortaja para la conciencia, es todo un problema que no tiene más que esta solución: llevar como se pueda los sesenta años con toda su impedimenta y continuar en la tarea aun teniendo el triste convencimiento de que es inútil»

Fuente: General Collections, Library of Congress.

Juana Belén Gutiérrez no dejó de escribir. Publicó el libro Por la Tierra y por la Raza, en el que decía que el clero católico era culpable de la pobreza del pueblo, y criticó al movimiento comunista por su exacerbado nacionalismo.

También inició una serie de folletos donde analizó la realidad nacional posrrevolucionaria. En plena lucha cristera, Juana Belén Gutiérrez de Mendoza fue nombrada directora del Hospital Civil de la ciudad de Zacatecas. En 1930, dirigió la organizó la Legión Civil, que conjuntó a sobrevivientes de la época revolucionaria para reivindicar valores civiles.

En compensación por sus años de trabajo a la revolución, el Estado mexicano le dio una pensión de cin­co pesos diarios que no la retiraron de la lucha social. Por sus actividades revolucionarias no pudo pasar una vejez sin apremios económicos.

Vendió su imprenta en 1941 para subsanar los gastos de enfer­medad de su nieta. Murió el 13 de julio de 1942, a los 64 años.

Su hija -escribió la historiadora Villaneda- no pudo solventar los gastos de su entierro y tuvo que vender su máquina de escribir, “esa máquina donde Juana Belén pasó horas y horas procurando la Justicia y persiguiendo la Libertad”.

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