Feminismo

Eulalia Guzmán: una arqueóloga pionera, pero desacreditada

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa

La arqueología es clave para el conocimiento y la interpretación del pasado de las sociedades y el papel de las mujeres en ellas. Sin embargo, durante muchos años, académicos, científicos y políticos han querido desterrar a las mujeres de esta disciplina, lo que generó un sesgo en las investigaciones y sostiene una mirada masculina y patriarcal sobre ellas. 

Pese a este contexto y la constante devaluación de su trabajo, las mujeres consiguieron participar y liderar proyectos de excavación de gran relevancia para el país e, incluso, forjaron nuevas perspectivas para el desarrollo de su profesión desde una mirada feminista.

La historia de la arqueóloga Eulalia Guzmán demuestra algunos de los obstáculos que quienes fueron pioneras en esta disciplina tuvieron que pasar para conseguir que las mujeres fueran partícipes e imprimieran su mirada en las excavaciones y hallazgos arqueológicos de la década de los 40′, muchos de ellos que explican la historia de nuestros días. 

La arqueóloga 

Eulalia González es responsable de los primeros estudios de lo que hoy se conoce como la Zona Arqueológica Chalcatzingo, en Morelos, uno de los asentamientos más importantes con influencia Olmeca. Este hallazgo se hizo en 1934, luego de que una señora y otras personas campesinas avisaran a Eulalia sobre unas piedras con relieves que una lluvia fuerte puso al descubierto.  

Imagen tomada del INAH

Antes de este trabajo, Eulalia participó en la exploración de la Tumba 7 de Monte Albán, en Oaxaca, así como en otras obras en las zonas de Nochistlán, Chachoapan, Yanhuitlán, Teposcolula y Tamazulapan, donde recabó datos sobre la cerámica de esa área y la cultura zapoteca.

Como funcionaria creó el Archivo Histórico de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) y dejó un legado documental compuesto por tres mil 235 expedientes de sus excavaciones en Oaxaca, Guerrero, Morelos y Chiapas. También existe registro de obras editadas tanto en el extranjero como en México, de las cuales tres son libros y seis artículos.

De acuerdo con una investigación de Mari Carmen Serra Puche y Manuel de la Torre Mendoza que publicó el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, Eulalia fue de las primeras mujeres mexicanas en hacer investigación de documentos históricos y de los códices del México prehispánico, debido a que de 1936 a 1940 la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) la comisionaron para buscar los documentos relacionados con la “historia antigua” de México que se encontraban en países de Europa. 

Pese a este trabajo, Eulalia está desacreditada entre los grupos académicos de arqueología. Por ejemplo, en el libro “La Arqueología en México”, el arqueólogo Ignacio Rodríguez García se burló así de ella: “Y a propósito de veleidades, no puedo dejar de mencionar la actuación en este sexenio de la arqueóloga Eulalia Guzmán cuando, aprovechando el supuesto descubrimiento de los restos de Cuauhtémoc el 26 de septiembre de 1949, se sumó con una vehemencia casi patológica a la polémica entre hispanistas e indigenistas que entonces estaba muy activa en el medio cultural general, y el académico en particular”.

Este descrédito vino porque en 1949 Eulalia fue comisionada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para realizar excavaciones en Ixcateopan, Guerrero, con el fin de determinar si ahí estaban los restos óseos del último de los emperadores mexicas, como aseguraban las y los habitantes del lugar. 

Para tal misión, ella realizó un análisis integral y multidisciplinario que la llevaron a determinar que efectivamente Cuauhtémoc yacía ahí.  El impacto social de tal dictamen ocasionó que Eulalia Guzmán fuera considerada para otorgarle el Premio Nacional por la UNAM y darle posiblemente el doctorado honoris causa, recibiera una medalla al mérito cívico, se propusiera que algún poblado aledaño llevara su nombre y se le declarara hija predilecta del Estado de Guerrero, de acuerdo con la arqueóloga y antropóloga Paloma Estrada Muñoz en el libro “Las mujeres en la arqueología mexicana (1876- 2006)”.

No obstante, como documentó Carmen Ruiz Martínez en el texto “Eulalia Guzmán y la imposibilidad de excavar en suelo nacional”, el gobierno organizó una comisión de expertos para evaluar los hallazgos. Por casi un año, un grupo de arqueólogos e historiadores, todos hombres, se reunieron en una habitación de un edificio del gobierno de la Ciudad de México para decidir si los restos hallados en Ichcateopan pertenecían a Cuauhtémoc o no. La decisión final fue que los huesos pertenecían a varios individuos (un hombre, una mujer y dos niños) y que los documentos y los artefactos eran falsos, es decir que no eran del siglo XVI sino del siglo XIX. 

En 1951, una segunda comisión nombrada por el presidente Miguel Alemán corroboró la falsedad del hallazgo. A partir de ahí, Eulalia Guzmán fue ridiculizada en la prensa y desde entonces toda su carrera fue minimizada, señaló Ruiz Martínez.

Las defensoras de Eulalia en estos hechos aseguran que lo que los arqueólogos llaman “falta de técnica” fue en realidad un intento de Eulalia por reconocer dentro de sus métodos de investigación antropológica la importancia de los conocimientos y saberes de los pueblos a través de la tradición oral, que confiaba en la veracidad de los hallazgos.  

“A Eulalia se le masculinizó, como si la nación (entendida como el conjunto de mexicanos, y como un espacio–territorio nacional) no pudiera sobrellevar la idea de que una mujer realizara un hallazgo tan emblemático. A Eulalia se la había visto detrás de Alfonso Caso en el impresionante hallazgo del tesoro de la Tumba 7 de Monte Albán, pero en Ichcateopan era ella la protagonista de la historia del descubrimiento. En la arqueología Eulalia estaba adquiriendo un protagonismo que ninguna otra mujer había tenido hasta entonces, y para la ciencia nacional resultaba irreconciliable la imagen de un cuerpo de mujer excavando el pasado nacional. De alguna manera, en Ichcateopan se juntaron las lógicas de género en los terrenos de la ciencia y en los del nacionalismo. Por un lado, dentro de la arqueología las mujeres tenían roles menos públicos que los hombres, eran acompañantes de expediciones, dibujantes o trabajaban en bibliotecas y archivos”, observó Ruiz Martínez.

Eulalia la maestra y la feminista

Además de antropóloga, Eulalia estuvo involucrada en múltiples espacios culturales, científicos y políticos de México; participó activamente en grupos feministas que se formaron en esa época para defender el voto de las mujeres, así como para formar a mujeres trabajadoras en sus derechos sociales.

Como registró el Instituto de Investigaciones Antropológicas, Eulalia nació el 12 de febrero de 1890 en San Pedro Piedra Gorda, Zacatecas. Se recibió como maestra normalista en 1910, y en 1916 el gobierno de Plutarco Elías Calles la invitó, junto con otras destacadas maestras y maestros, a participar dar clases a las y los menores por la mañana y a las personas adultas por la noche en Sonora. 

Más tarde, Eulalia estudió antropología en la Escuela Internacional de Arqueología, Historia y Etnografía. En 1926 viajó a Berlín becada para especializarse en Ciencia de la Educación. En 1930. Eulalia cursó estudios de filosofía en la Universidad Autónoma de México, y el 15 de octubre de 1932 se graduó como maestra en dicha disciplina con la tesis Caracteres esenciales del arte antiguo de México.

Como activista, Eulalia inició una escuela de capacitación femenina en donde trataba que las mujeres tomaran conciencia del papel que tenían en la sociedad mexicana. De acuerdo con Ruiz Martínez y Estrada Muñoz, la correspondencia de Eulalia revela que ella se escribía con las mujeres anti–nazis de Rusia, y con mujeres norteamericanas que formaban parte del Committee Against Race Discrimination in the War, para informarles del racismo contra las personas mexicanas que vivían en California.

Además aprovechó estancias de investigación en Europa para observar y denunciar injusticias sociales y políticas, y trajo una perspectiva crítica a su contexto nacional para condenar el racismo existente en México y el carácter anti–democrático del gobierno.

Como miembro del programa de posgrado de la Universidad Nacional, en 1929 organizó un grupo de mujeres universitarias en el seno de la Facultad de Filosofía y Letras, y consiguió el reconocimiento de la Federación Internacional de Mujeres Universitarias (IFUW, por sus siglas en inglés), que surgió en la Primera Guerra Mundial con fines pacifistas y de búsqueda de participación de la mujer en la discusión de políticas internas y mundiales.

Eulalia Guzmán desempeñó varios cargos públicos como directora y jefa en distintos institutos académicos, como el Departamento de Arqueología del Museo Nacional. Ahí dio cátedra de cerámica prehispánica y códices, y estudió los documentos históricos del recinto.

Imagen tomada del INAH

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One thought on “Eulalia Guzmán: una arqueóloga pionera, pero desacreditada

  1. Es triste constatar todas las injusticias, atropellos y robos q vivieron grandes mujeres mexicanas. Si el sistema patriarcal q ha dominado durante milenios el planeta se atreve a q caminemos juntos hombres y mujeres en todos los ámbitos esta realidad avanzará a pasos enormes. Felicidades y ánimo a estas luchadoras por la igualdad q tan afanosamente buscan. Gracias por su esfuerzo, dedicación y tezón.

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