Análisis

El pensamiento queer-trans como neocolonialismo

Por Menstruadora
Desde hace poco más de treinta años, las mujeres de las diferentes regiones en la Abya Yala, hemos estado viviendo una neocolonización en nuestras propias luchas por medio de la intervención del pensamiento queer-trans (antes «estudios de género») que trajo el neoliberalismo. Por esta razón, a continuación expongo brevemente las características que comparte este conjunto de ideas posmodernas con el colonialismo:
 
1. Primero, los hombres desde el marco de la posmodernidad (ideología impulsada con el neoliberalismo, de los años ochenta a la actualidad), sustrajeron (intentaron, quiero decir) nuestros saberes feministas para reinterpretarlos a su antojo, usando los que resultaban más funcionales a la sociedad de hombres, es decir, actúan cual colonizador que en nuestros territorios sustraía los saberes originarios para deformarlos para sus propósitos de dominación.
El trabajo que la autora Judit Butler realiza en sus libros es un gran ejemplo de ello, ya que retoma bases feministas y los deja reducidos a una descripción de atuendos, así no habla más de opresión, capitalismo ni cuerpo sexuado de mujeres, que es el marco de las autoras materialistas que deforma.
Vale recordar que el objetivo de la posmodernidad es borrar las estructuras y dejarlo todo reducido a un capricho individual al que llaman «agencia», lo que quiere decir, las mujeres son explotadas por propia «agencia», o sea, por propio gusto, así evitan que nos organicemos contra feminicidas, proxenetas, hombres promedio, gobernantes, banqueros, etcétera, total que la explotación «se elige», ¿no?, por eso se usa el terminajo patriarcal de «trabajo sexual», entre muchos otros.
 
2. Segundo, el pensamiento posmoderno, anclado en las universidades, gobiernos, activismo y mercado global, prohíbe a través de sus instituciones comandadas por hombres, que las mujeres expresemos nuestros propios análisis ya que no hay lugar a crítica por dentro del sistema, esto es obvio, y sobra decir que desde el lesbofeminismo ninguna queremos estar dentro, sin embargo, para reforzar la exclusión de nuestra existencia, nos hacen parecer como «el pasado» de sus pensamientos actuales, en otras palabras, nos reducen a «anticuadas», «conservadoras», «retrasadas» o «ignorantes». Por ejemplo, las mujeres que nos llaman «terfs» se asumen a sí mismas como la cúspide de la «vanguardia intelectual», «lo que pasa es que tú no entiendes que ahora…», es decir, reproducen con goce de eurocentrismo, la lógica racista y colonial, en donde ellas son las «racionales» (¡vieran cómo pelean sus bases de la ilustración!) y las mujeres que luchamos a lado de nuestras ancestras, desde estas cuerpas vivas con clítoris, somos «las retrasadas», «las que les falta leer», «las que deberían aprender de las Ellen Page», «las que deberían ‘abrir su mente'» (¡y nos lo dicen en este país feminicida!).
 
3. Tercero, nos obligan a aprender su glosario como biblia, en donde su gran dogma es la inclusión y la igualdad (con base en el capitalismo, por supuesto que sí). En universidades, instituciones gubernamentales, no gubernamentales, comercios, etcétera, si no hablas en sus términos, no puedes simplemente dialogar, tienes que decir «discriminación», «orientación», «diversidad», «identidad», «interseccionalidad», etcétera, para lograr comunicar algo. No hay otra palabra que valga por fuera de la biblia, te evangelizan para poder hablar en su lenguaje posmoderno, si hablas de otra forma, es como si hablaras un idioma que no existe (esto es una fortuna para nosotras, pero seguimos siendo oprimidas en una estructura patriarcal, tangible y encarnada en los hombres).
 
En resumen, nos robaron nuestros saberes (no lo lograron), los deformaron (lo poco que robaron), los volvieron funcionales (deformaron lo que quisieron), nos evangelizan en sus conceptos (la biblia queer/trans), ocultaron la historia de las mujeres y concluyen en señalarnos como «retrasadas» porque ellos -y sus colaboradoras- son la voz de la razón eurocentrada, «las que sí entienden», «las que sí saben», en cambio, nosotras, somos las «salvajes», las «ignorantes», las «tontas», «las iletradas» que siguen hablando de sus cuerpas, de sus úteros, de sus clítoris, de su menstruación, de sus ovarios «cual bárbaras».
¿Ven cómo el pensamiento queer/trans sigue una lógica colonial y, por tanto, harto racista?

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La Crítica