Convocatoria

Cuentos sobre existencia lesbiana

Por Patricia Karina Vergara Sánchez

Hace como un mes, me invitaron unas compañeras de Bolivia a dar un taller de escritura de cuentos lésbicos. Me sentía muy comprometida con ese taller porque fue en homenaje a Denisse Vargas, una compañera cuya muerte fue unos días después de un taller de escritura que di en línea y, desde entonces, vengo sintiendo en la corazona cómo lo que escribimos puede ser una de nuestras huellas del paso que tuvimos por el mundo.

Preparándome para ese encuentro, me puse a preguntarme una vez más sobre qué es la escritura lesbiana. Alguna vez, hace muchos años, me dijeron que mi poesía no era lésbica porque no se ocupaba en específico de los senos, las vaginas, los ojos, el amor o el desamor de dos mujeres. Mi respuesta, construida a lo largo de los años, es que mi escritura es lesbofeminista, porque sí escribo sobre los senos míos o de otras, la vulva mía o las de otras, los ojos, el deseo, el amor y otras formas de amor, pero también sobre la injusticia de este sistema mundo patriarcal, sobre las resistencias de nosotras las lesbianas y sobre la utopía que no es tal, que es la realidad que habitamos desde quienes hemos decidido organizarnos y amarnos entre mujeres. Entonces, ese es mi primer punto de partida: desde mí, lo que podía compartir era sobre la escritura explicitada desde mi entender lesbofeminista.

Luego me puse a buscar cuentos que quisiera compartirles durante el proceso. Salvo algunos que ya tenía presentes, encontré que entre un 80% y 90% de las producciones que se anunciaban como cuentos de lesbianas eran sobre encuentros eróticos o historias desgarradoras de traición, violencia o desamor. Me preocupé, porque es cierto que el erotismo, la sexualidad son importantes en la vida de las lesbianas, pero no son lo único que es nuestra existencia. Igualmente, hay historias muy lamentables de violencia o de bajezas humanas, pero no estoy segura de que la mayoría de nuestras historias sean tan dolorosas y que hay otras experiencias posibles.

Algo más me llamaba la atención de muchas de las narrativas que encontré, las protagonistas de las historias eran presentadas como blancas o con una estética anglosajona, en las obras más recientes eran narradas con el estilo aniñado de la estética oriental hegemónica en los medios. Delgadas, siempre delgadas y su delgadez las hacía “hermosas” o “elegantes” –las gordas y/o morenas somos inexistentes o despreciables para esas escrituras– y las cosas que les ocurrían eran fuera de una realidad económica. Es decir, rara vez presentan situaciones en donde no les alcanza para el camión o siempre parecen tener disponible dinero para ir a cenar o para viajar por el dolor del desamor o en eternas lunas de miel y nunca narran que tienen problemas para pagar la cuenta de la luz. En fin, lo que descubrí es que esas narraciones no hablaban de mí, ni de la forma en que me vivo lesbiana y segura estoy de que tampoco hablan de, ni son las que hablan, las mujeres con las que comparto contemporáneamente nuestras mundas lesbianas.

Por un momento me quedé pensando que pareciera que aún conservamos mucho de la herencia de El pozo de la soledad, esa novela inglesa de Marguerite Radclyffe Hall –se dice la primera lésbica en 1928– en donde la protagonista, Stephen, puede ser escritora, participar en una guerra, enfrentar a una sociedad que la odia, le teme y la antagoniza, pero, haga lo que haga, el precio por su habitar el mundo es el sufrimiento, la renuncia, la imposibilidad del amor entre ella y su amante. De ahí en adelante, cantidad de películas, obras y otras formas de narrativa parecieron seguir abonando y ser socialmente recibidas, en tanto implicaran tragedias. Como si la súplica que Stephen hace a su dios en el final de la novela: “¡Concédenos también el derecho a existir!” tuviera por respuesta un cobro de sufrimiento para las mujeres desobedientes.

Por supuesto, siempre ha habido quienes han propuesto otras narrativas. Pienso en las poderosas escritoras de los setenta y en toda su radicalidad lesbiana, pero que, de una manera u otra, han sido “extraviadas” por las recopilaciones al paso de los años o, en otras de las décadas recientes que, por aquí y por ahí, han lanzado algunos cuentos e incluso libros que dan cuenta de otra forma de habitar el mundo para las mujeres que hacen resistencia lesbiana.

El pensamiento lógico subsecuente tendría que ir respecto a la necesidad de crear más y que sean más difundidas las escrituras de lesbianas que respondan a esa antecesora, Stephen, pidiendo a su dios el derecho a existir –por justicia a ella, a nosotras y a tantas– y le cuenten que nos hemos tomado a ese dios y a su patriarcado por asalto y no pedimos que nos conceda una existencia que hemos decidido disputar, habitar y hacer posible sin su permiso, sin recibir el castigo, ni la tragedia. Una existencia lesbiana, existencia en rebelde dignidad.

De acuerdo con Adrienne Rich (1981b:32), la noción de “existencia lesbiana” sugiere pensar tanto en la presencia histórica de las lesbianas, como en la puesta en marcha del sentido de tal existencia.

Entonces, creo que es hora de convocarnos a nosotras, lesbianas, a escribir entre nosotras narraciones-cuentos que hablen de cómo ponemos en marcha nuestras existencias, el sentido que le damos, cómo dejamos nuestras huellas en el transcurrir histórico de las que vinieron antes y de las que hoy estamos encarnadas en la tierra, defendiendo la existencia para las que han de venir.

Hoy que con odio tratan de invisibilizar y destruir a las lesbianas, borrar nuestros símbolos, hormonarnos para negarnos, censurar nuestros haceres y nuestras presencias, suprimirnos –de nuevo– en los libros de historia, fingir que no hemos pisado este planeta es, pienso, un compromiso ético-político dar cuenta de cómo es que habitamos, existimos y resistimos para que otras sepan y se sepan en las posibilidades de la vida lesbiana, la lesbiandad, y la alegría de la insumisión como un lugar posible para todas.

Las compañeras de Bolivia crearon en el taller unos cuentos desde la existencia lésbica hermosos. Contaron de las bromas a sus madres, de las plantitas compradas con la amora, de las herencias milenarias de quienes habitamos Abya Yala, de sus poderosas formas de resistencia. Luego, repliqué el taller con compañeras en la Ciudad de México, ellas también crearon narraciones preciosas y conmovedoras sobre las amigas, la lectura, las abuelas, el árbol del que todas venimos, las madres, el día en que decidieron desobedecer la heterosexualidad obligatoria….

Los primeros cuentos de estos talleres empezarán a difundirse en publicaciones y en La Crítica (la-critica.org) esta semana.

Lo que estoy compartiendo es que, entre varias, en esos talleres y teniendo en cuenta los aportes previos de otras, hemos lanzado algunas piedritas a rodar y segura estoy de que harán avalancha.

El cuento, la danza, la poesía, la fotografía, cualquier expresión que nosotras lanzamos al mundo, lo que hace es crear nuevos imaginarios de lo que es posible. Si nosotras comenzamos a contar, de forma oral o escrita, a las otras cómo es posible vivir rebelándose a servir al sistema mundo patriarcal, entonces, de forma colectiva, vamos a ir construyendo las ideas necesarias para poder derrumbarlo, hacia otra existencia en libertad.

El próximo encuentro para escribir juntas cuentos desde la existencia lesbiana es el 24 de septiembre. Ojalá quieran narrar con nosotras.

*Rich, Adrienne (1980). “La heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana (1980)” en Revista d’Estudis Feministes, núm.10

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La Crítica