Opinión

Cuando nos acompañamos

Por Itzel Nallely Cadena López

Algo que es necesario que tengamos claro cuando acudimos por acompañamiento psicológico –y más si éste se da dentro de un marco feminista (o sea, que nos prioriza y nos plantea en un lugar de acción)– es que la que tenemos enfrente no va a emitir juicios sobre nosotras, su labor es acompañarnos en la reflexión de lo que estamos haciendo, sintiendo, pensando, etcétera.

Ninguna psicóloga va a decirte que estás siendo «mala», en cambio, va a procurar ayudarte a reflexionar en lo que estás tratando de conseguir omitiendo información o alterando su orden, va a acompañarte mientras observas por qué y con qué propósito haces lo que haces pese a que eso puede herir a otra(s), además de a ti misma.

Si esos procesos no se logran, puede decirte que no ve posibilidad de avance y quizá te recomiende a alguien más, o abiertamente te confronte al hacerte notar que hay diferentes cosas que no has querido ver, abordar, o afrontar aunque esto está significando un problema grande.

De no escucharla, de mentirle también a la que te acompaña, estás diciéndole que no te importa su trabajo, ni la respetas, ni deseas hacer un cambio en ti, y eso es algo que ella verá desde antes que tú te lo reveles, dejándole como única opción la de autoprotegerse cuando haya agotado todas sus herramientas profesionales (y quizá personales también).

Somos mujeres sobreviviendo al sistema mundo heterocapitalista, por tanto, sabemos lo determinante que es para otra decirle que nos parece que está manipulando, mintiendo o dañando, a propósito. Y no seríamos las que somos si no confiáramos en que cuando otra nos lo dice, cuando la otra nos acompaña, nos ayuda a dejar tales prácticas porque ya no son necesarias.

No siempre resulta de la manera ideal para todas, pero hay tiempo y colegas, y quizá en compañía de otra, cuando estén más dispuestas, cuando sea tiempo…

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La Crítica