Feminismo

Cuca García, una misionera por la educación de las niñas rurales

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa

 

María del Refugio García Martínez, o mejor conocida como Cuca García, fue una maestra rural mexicana de 1920. Como una de las primeras profesoras misioneras, ella construyó y dirigió escuelas para niñas campesinas e indígenas con el fin de formarlas desde una perspectiva socialista, feminista y revolucionaria. 

Cuca nació en Michoacán en 1889. A los 21 años se vinculó al movimiento maderista. Fue militante de los partidos Socialista y Comunista Michoacanos. Desde el inicio de su activismo se le identificó a favor de los derechos de las mujeres. Junto a la luchadora social Juana Belén Gutiérres, Cuca formó el Consejo Nacional de Mujeres, que después se convirtió en el Consejo Feminista Mexicano, uno de los primeros núcleos feministas tras la revolución.

Cuca también organizó el Departamento Femenil del Partido Comunista Michoacano y participó en los congresos nacionales de obreras y campesinas entre 1931 y 1933, en el congreso contra la prostitución y en el congreso socialista femenino de Pátzcuaro de 1934. En 1935 formó el Frente Único Pro Derechos de la Mujer (FUPDM) y desde siempre se dedicó a la educación de las mujeres campesinas, la defensa de los derechos de las trabajadoras y la promoción del sufragio femenino. 

Maestra misionera

Cuca no tuvo una formación escolarizada como normalista, sino que se convirtió en profesora rural en la práctica. De acuerdo con la investigación “Cuca García: trazando el surco socialista a través de la educación”, de la historiadora Verónica Oikión Solano, en 1921 Cuca viajó a Zitácuaro Michoacán para unirse al proyecto posrevolucionario del general carrancista Francisco José Múgica. 

Este general, conocido por su pensamiento radical, le encomendó a Cuca “recorrer el estado con objeto de que procure la fundación del mayor número posible de Escuelas Primarias”.  En esta época posrevolucionaria, los pueblos de México vivían el desabasto que dejó la lucha armada y el reparto agrario no conseguía hacerse realidad.

Cuca hizo trabajo social y de convencimiento en las comunidades para conseguir espacios y recursos para estas escuelas. Como documentó la historiadora Oikión Solano, en agosto de 1921 Cuca informó al general Múgica sus avances: 

“Acabo de conseguir del Ayuntamiento de Zitácuaro con todo y que no me puede ver, que pague la luz de la escuela Nocturna que voy a establecer en el barrio de Cedano y así tendremos una escuela más y el Gobierno no pagará ni la luz. El lunes quedará establecida la de la cárcel sin ningún gasto para su Gobierno. ¿No le parece que así es mejor? Me tardo un poco pero le ahorro muchos gastos que ni podrían hacerse. Solamente me falta la de Angangueo y voy a ver cómo le hago que me resulte igual” [sic].

Como parte de su labor, Cuca también buscó que la administración de estas escuelas fuera de calidad y defendió los derechos de las profesoras. Por ejemplo, según consta en la investigación, Cuca acusó a un inspector que “ha hecho una remoción que vendrá a echar por tierra todos nuestros buenos propósitos. Pues yo le proponía que solamente fusionara dos grupos para que tuviéramos una profesora para la ranchería de Silva y sólo he visto que removió a las muchachas que menos quiere, como son Evangelina Rodríguez Carbajal]y Luz Espinosa, removiendo a otras y no sacando al fin del cuento la de Silva que tanto necesitamos”.

Cuca fue promotora escolar en la zona de Zitácuaro durante 1921 y hasta abril de 1922, cuando fue despedida por el gobernador interino Sidronio Sánchez Pineda, que había desplazado a Múgica. 

Tras pelear sus derechos laborales y ya con pocos recursos para continuar su labor, Cuca se convirtió en taquimecanógrafa para el Consejo de Educación de Michoacán, de donde se le promovió en poco tiempo como Maestra Misionera para su entidad. Cuca fue una de las primeras maestras misioneras que José Vasconcelos nombró para la construcción de escuelas en las zonas rurales del país. 

El trabajo de Cuca consistía en poner a funcionar escuelas rurales en los municipios de Zitácuaro, Tuxpan y Angangueo, y supervisar la labor educativa de las y los profesores. En esta parte de su trabajo social, Cuca se enfocó mucho más en la educación de las mujeres. En un informe del 27 de agosto de 1922  reportó haber constituido una escuela nocturna para adultos en el pueblo de Coatepec de Morelos del municipio de Zitácuaro, y dijo:

“Ya procuro también convencer a las mujeres de la necesidad de asistir a la Escuela, pues cuento con los servicios también gratuitos de la Directora de la Escuela Oficial de Niñas; ya que según las estadísticas siempre son en mayor número las mujeres y desgraciadamente en donde se nota mayor incultura (…) En muchas de estas comunidades he tenido que ir casi de cabaña en cabaña explicándoles la necesidad y los beneficios que les reporta la escuela”.

Cuca también mostró un interés especial porque la educación rural estuviera ligada con las condiciones reales de vida de las personas que habitaban las comunidades en las que instauró las escuelas y que les sirviera para la defensa de sus bienes. 

Por ejemplo, cuando llegó a la ranchería de El Asoleadero, en Angangueo, hacía 30 años que no existía centro escolar, y sus habitantes vivían en condiciones muy precarias. Cuca avisó en sus reportes: 

“…ya que una Compañía explotadora de maderas (American Smelting) ha arrebatado injustificadamente y en muchos casos por medio de la fuerza bruta, sus montes hermosísimos y sus vastísimas tierras, dejándolos en una pobreza tal que no pudieron hacer nunca el sacrificio de pagar a quien les enseñara las primeras letras. Hoy viven en una miseria terrible y, al saber que les pondría la Escuela parecieron olvidar hasta sus tristezas pasadas, y al dirigirme ya con la maestra al lugar antes citado, por todo el camino fui encontrando grupos de treinta o más hombres y mujeres, con sus niñitos en brazos muchas, que iban a encontrarme, sucediendo que al llegar llevaba una comitiva de más de cien personas, en cuyos semblantes macilentos por el hambre aparecía una sonrisa de satisfacción, puesto que como me dijeron luego, ya sus hijos, con la Escuela que el Gobierno por mi conducto les ponía, no sería tan miserables ni tan desdichados como ellos. Hubo hombres de más de sesenta años que al declarar yo que quedaba abierta la inscripción lloraron como niños”. 

Sus constantes denuncias contra este tipo de actores privados y el gobierno municipal derivaron en que el gobernador Sánchez Pineda insistiera en la renuncia de Cuca por presuntamente ir en contra de los intereses políticos del gobierno. 

Cuca no fue removida del cargo, sino que al año siguiente fue recontratada por la SEP como “Maestra Misionera número 89” en Zitácuaro y apoyó al reconocimiento de otras mujeres. 

Al reiniciar su labor, Cuca pidió los nombramientos de la profesora Elvira Paniagua (Aputzio de Juárez, municipio de Zitácuaro); la profesora María Guadalupe P. Solís (Ranchería El Aguacate, municipio de Zitácuaro); la profesora María P; y la profesora María Jesús Gallarza (Congregación El Asoleadero, municipio de Angangueo). Al mismo tiempo, García propuso a profesoras mujeres para otras localidades.

De acuerdo con la investigación de Oikión Solano, Cuca no sólo reportaba avances en las escuelas, sino que también trabajó en proyectos a favor de las rancherías o localidades, como cultivos agrícolas, un gallinero, trabajos de alfarería, así como fabricación de escobas de palma, canastas de paja y tejidos para sombreros.

“Muy pronto enseñaremos a los alumnos a hacer sopladores de palma y paja, así como escobetas de raíz. En todos estos trabajos toman participación las niñas”, enfatizó en uno de sus reportes.

Cuca y las ligas de resistencia feministas de Yucatán 

En 1923 se ordenó que Cuca encabezara la Comisión de Misioneros de Educación destinada al sureste del país para estudiar las transformaciones sociales, educativas y culturales desarrolladas por el gobierno de Carrillo Puerto. 

Ahí Cuca tuvo mayor contacto con los grupos feministas formados en Yucatán tras el Primer Congreso Feminista de 1916. Muchos de estos grupos estaban vinculados con proyectos educativos, como es el caso de la profesora Rita Cetina Gutiérrez, reconocida como una de las primeras promotoras en México de la educación de las mujeres. 

Gracias al empuje de las maestras feministas en Yucatán, el Congreso Obrero Socialista de Motul de 1918 estableció que las llamadas Ligas de Resistencia -que funcionaban como aglutinantes sociales y células del Partido Socialista del Sureste- estaban obligadas “a aceptar a la mujer como colaboradora” y que “la mujer tiene derecho a votar y ser votada en las elecciones municipales y que ese derecho lo adquirirá después de seis meses de su ingreso a las ligas”, de acuerdo con la historiadora. 

Cuca fue finalmente removida de su cargo en Zitácuaro el 28 de diciembre de 1923, en medio del levantamiento Delahuertista y en vísperas de la toma de Morelia por las fuerzas rebeldes. En 1924 fue cesada como maestra misionera, pero ella continuó su lucha a favor de las mujeres. 

Por la defensa de las trabajadoras

De acuerdo con otro artículo de la investigadora Verónica Oikión Solano, del Colegio de Michoacán, entre 1923 y 1925 Cuca intervino activamente en los congresos de mujeres. En 1927 fue cuadro dirigente en el Comité Central del PMC (1927), y entre 1929 y 1920 residió en la Unión Soviética como miembro de la Comisión Mexicana del Secretariado Latinoamericano. Cuando regresó, organizó el Departamento Femenil del PCM, con un programa en defensa de las trabajadoras.

En 1935, Cuca se convirtió en secretaria general del Frente Único Pro Derechos de la Mujer (FUPDM); defendió el derecho de las mujeres al sufragio y en 1937 se le desconoció su triunfo como diputada federal por el distrito de Urapan. En 1940 salió del PCM y desapareció el FUPDM. Posteriormente, de 1950-1953, participó al frente de la secretaría femenil de la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FUPDM).

En 2015, casi un siglo después de haber iniciado en su actividad política feminista y socialista, el congreso de Michoacán aprobó un punto de acuerdo para reconocer su trabajo a favor de las mujeres.

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