Feminismo

Mamá también fue abusada

Luisa Velázquez Herrera

Cuando una hija avisa a su madre que ha sido abusada por un familiar hombre, esta puede optar por dos opciones: 1. Creerle y 2. No creerle. La opción dos suele ser sumamente estigmatizada por el feminismo, tienen razón, ¿cómo es posible que no crea a su hija y que en cambio crea en el abusador (hermano, padre, tío, abuelo)? Seguro es por misoginia, una recalcitrante misoginia de una madre tirana, ¿cierto? Bien, no, o más bien, no es tan sencillo.

La mayoría de las veces la madre que opta por no creer en su hija (nieta, etc), es porque ha vivido exactamente lo mismo, exactamente a la misma edad, exactamente por un familiar hombre, el mismo parentesco.

La hija que avisa a su madre que ha sido abusada pone en evidencia a su madre, la obliga a salir del dolor oculto, para hacerse cargo, salir de ahí y acompañarla, la primera respuesta por eso es «no te creo», «debiste provocarlo», «estás inventando». Ahí ellas están reproduciendo lo que otras mujeres a su vez les dijeron cuando hablaron, no saben manejarlo, se culpan y te culpan, es un dolor en espiral, creciente y agudo.

Pero después, con los años, con los meses, con el tiempo, viene «yo también lo viví», ¿esto justifica que no te acompañara? pues no, de eso solo tú tienes respuesta, del recuerdo de ella dándote la espalda, solo tú lo viviste, solo tú sabes cómo sobreponerte.

Yo solo pienso: ¿cuándo nos daremos cuenta que las madres, las tías, las abuelas son otras mujeres que también pasaron por lo que nosotras? O más bien, que si no nos encontramos, estamos repitiendo sus vidas.

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