Cultura

Volver a Inés y Ana

*Texto redactado al finalizar el curso Introducción a los Feminismos de Ímpetu Centro de Estudios.

Por Pilar Loyola Echenique

Diez semanas que pasaron volando, en este tiempo sin tiempo de la cuarentena, de los noticieros terroríficos, las mascarillas, las personas lejanas, los afectos dispersos.

Diez semanas en las que escuché voces de mujeres que me estremecieron, abrieron mi corazón, logré sentirme acompañada, aunque todas en distintos puntos geográficos, emocionales, mentales, familiares, pero todas juntas en el mismo momento histórico que para el planeta y para el feminismo, es un momento clave, un momento en que la humanidad está siendo atacada por amenazas visibles e invisibles, y en que el feminismo está siendo despedazado, cortado por partes, y a nosotras las mujeres nos van borrando de los espacios jurídicos, quitando nuestra voz apenas recuperada, para ser entregada a hombres que dicen ser “nosotras”.

Es un cruel juego de espejos, como los que me atemorizan de niña, amenazas que aparecen y desparecen en un juego de disfraces, de «parecer» algo que por años te has visto obligada a ser y hoy te das cuenta que era solo control y engaño.

Si existen hombres que se quieren llevar la feminidad, les digo: llévensela, llévensela lejos, que estoy mucho mejor sin ella. Estoy mucho mejor sin pensar si mi cabello está brillante u ordenado, si ya será momento de teñir alguna cana, si este jeans se ve mejor que el otro, ¿se ve mejor qué? ¿para qué?

Mi padre era un gran organizador de fiestas en nuestra casa, amaba recibir visitas y adivinen ¿quién llevaba las bandejas con los vasos, copas o canapés? Pues yo, siempre con una sonrisa, a pesar de ser una niña, debía agacharme un poco para llegar con la bandeja a los comensales sentados, tengo muchas ganas de patear con todas mis fuerzas todas esas bandejas de mi niñez, que vuelen las copas y se quiebren en el aire, que los líquidos quemen los ojos de quienes riendo no lograban verme.

¿Quién ve a una niña cargando bandejas?

Mi país está entregado al neoliberalismo, aquí nació después de todo, fuimos su cuna y experimento. Hoy, como experimento fallido, no logramos ponernos de acuerdo, salimos a las calles para darnos contra la pared una y otra vez. La pared regida por las diez familias que son dueñas del país y al parecer de nuestros destinos. Mi país es como un ser con dos cabezas y una cabeza le grita a la otra, pero ambas sonríen.

El feminismo por estos lados, el que es dueño de las pantallas, los tuits y la “opinión pública” está entregado a la moda trans, sus ídolos vivientes son Daniela Vega y recientemente Lux Pascal, hermano de Pedro Pascal (elegido hace poco el actor más famoso de internet), días después de esa hazaña, justo a tiempo, su hermano (también actor) salió como trans en entrevista exclusiva en la revista de “mujeres” del diario más conservador del país.

Mi predicción de estas personas trans, es que ayer y pasado mañana se van a declarar todos “no binarios” simplemente porque es muy difícil mantener todas la performance que necesitan hacer diariamente para (según ellos) verse como una mujer.

Lo terrible es que esto va a suceder cuando ya se haya logrado nuestra “no existencia” cuando ser mujer no signifique nada en las leyes, cuando todo el mundo hable con E, cuando millones de niñas se hayan practicado dobles masectomías, histerectomías, cuando estén amputadas y estériles, estos hombres se van a bajar de los tacos, sacar el maquillaje y una vez más las perjudicadas seremos nosotras.

No hay maquillaje que devuelva partes amputadas, ni la salud mental a los niños pequeños que son travestidos por sus padres o madres.

Esta era mi apuesta predictiva hasta que encontré una entrevista a Lux Pascal que confirmó mi teoría, dada en un medio under y escondido: “…definirme como mujer trans, tiene que ver con la persona que me convierto interiormente, con las experiencias que busco, con los viajes que hago. Y también con los personajes que quiero empezar a interpretar, con los roles que quiero me empiecen a llegar. Yo de corazón me siento más no binaria, pero creo que en lo práctico es más simple que la gente me entienda como mujer. Por mi carrera, por la imagen. Así es esto. Quiero que me miren como mujer y después de que me miren como mujer, mírame como no binaria”

Claramente, lo dice. Así, sin más.

¿Cómo es esa frase de alguien? Algo así como que la forma más fácil de ocultar algo es mostrándolo.

Vivimos tiempos muy complejos y estamos todas sin nuestras completas fuerzas,  nuestras rutinas han desaparecido, unas más otras menos, tenemos miedo, a la enfermedad, al futuro, al poco control que tenemos hoy, de casi todo.

A la falta de libertad también, la falta de libertad también da miedo.

Luego del curso comprendo porqué tantas personas se llaman así mismas “feministas” cuando sus dichos y comportamientos no me hacía sentido alguno que lo sean.

A mi el “adueñamiento” del feminismo me da muchísima pena y furia, que se llevaran la feminidad me dolió un poco, pero ya está, ahora que manoseen el feminismo, lo que eso me provoca no va a desaparecer.

Qué lo vacíen de sentido para llenarlo de supuestas buenas intenciones y un gran espacio para todo el que quiera entrar.

En un mundo en el que hemos tenido restringida la entrada, a tantos espacios…ahora se quieren llevar el nuestro.

Me hace sentir un gran desamparo, esa es la verdad.

Mi madre y mi padre, apenas conocieron a su mamá, ambos la perdieron antes de los cinco años, por lo que vengo de dos personas que no conocieron su origen. El desamparo es un sentimiento heredado y muy potente en mí, siempre que escucho historias de abuelas me da una nostalgia, de lo que no viví. No vi esos ojos bondadosos, ni vi a mi mamá o papá siendo cobijados por alguien más.

Mi padre, que ya no está, era más introvertido con sus sentimientos y como conté eligió el camino de crear “fiestas” a su alrededor, para evadir un montón de cosas.

Mi madre, por el contrario, siempre ha gritado su orfandad, cuando discutíamos me decía: “yo no tuve mamá” como si eso la eximiera de ser la mía, costo sangre sudor y lágrimas que no me lo dijera más, no como excusa a no conectar conmigo.

Las figuras de mi origen han sido imágenes algo fantasmagóricas en fotografías. Pero me he sentido muy unida a ellas, lo bueno de una imagen es que puedes llenarla como gustes, por lo que en mi imaginario, me quieren, me apoyan, me escuchan y protegen.

Mi abuela INÉS falleció de cáncer de mama; y mi abuela ANA falleció un mes después de dar a luz su cuarto hijo. Creo que somos la luz de nuestras ancestras y que la historia se escribe al revés.

Ellas nos miran y nos sienten.

Están observando como cambiamos la historia.

 

 

 

Ilustración de portada: Maggie Chiang

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La Crítica