Feminismo

[Verano Feminista Literario] Paty y sus catorce intentos

Por Margarita Trejo Velasco

Foto: Margarita Trejo Velasco (Mayo 2015).

Título: “Frontera México-Guatemala.”

La migración es un proceso vivo, histórico y actual, que se va adaptando según las estructuras de la sociedad de los países emisores, de tránsito y los receptores, es un proceso que va entrelazando vidas, historias y sueños. Es persistente por más barreras y muros que se intenten establecer, porque frente a éstos, se anteponen las mentes creativas de quienes van en busca de algo diferente en esta vida.

De acuerdo al informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), elaborado en el 2014, 214 millones de personas eran migrantes, el 49% mujeres. Proporción que en América Latina constituye el 50.1%, cifra que va en ascenso. Aunque no existen cifras oficiales, puesto que la mayoría de personas viaja sin documentos y no se registran en las bases de datos, se estima que anualmente ingresan de manera irregular por la frontera sur de México, principalmente por el estado de Chiapas, hasta 400,000 migrantes, en su mayoría de Centroamérica, Sudamérica y en menos proporción de Asia y África.

Foto: Blogitravel. Título: “Centroamérica.” http://www.blogitravel.com/2009/07/mapa-de-centroamerica/

México es a nivel mundial el principal país de tránsito donde se encuentra el mayor corredor migratorio. La población migrante que fluye (o trata de hacerlo) por territorio mexicano lo hace para alcanzar “El sueño americano” es decir, llegar a Estados Unidos. Aunque ahora residir en México también es un propósito del viaje.

En Centroamérica hasta mediados del siglo veinte, los patrones migratorios recurrentes eran rural- rural y rural- urbano, en función de un modelo exportador que requería mano de obra para la cosecha de cultivos como el café, algodón etc. Desde los años ochenta, la migración ha estado determinada además, por conflictos armados internos y desastres naturales. Hechos que han agudizado las condiciones de pobreza y desempleo, principalmente en las zonas rurales.

En el caso de El Salvador, según la base de datos del 2015 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPALSTAT), migraron 6,298 personas, de las cuales 3,332 son mujeres. Las motivaciones para migrar son diversas, de acuerdo a las 15 personas entrevistadas de este país, durante mi trabajo de campo para la tesis fin de máster (Trejo Velasco, 2015), las motivaciones predominantes son: el desempleo y la violencia estructural, ocasionada en gran parte por grupos delictivos como la Mara Salvatrucha (Organizaciones internacionales de pandillas criminales integradas por personas centroamericanas, que se originaron en los años 80’ y 90’ en Los Ángeles, California. Se encuentran activas principalmente en El Salvador, Guatemala y Honduras. Se dedican a actividades ilícitas tales como el narcotráfico, secuestros, extorsiones y trata de personas).

A pesar de la alta presencia femenina, históricamente el fenómeno migratorio ha sido visto y analizado en clave masculina, lo que explica, la escasa información (no solo estadística), que se ha desarrollado sobre las mujeres vinculadas a la migración, afortunadamente esto está cambiando.

De acuerdo a la feminista Carolyn G. Heilbrun (1988: 11):
«Hay cuatro maneras de escribir la vida de las mujeres: la mujer por sí misma la cuenta, en lo que ella elige nombrar como autobiografía; ella la cuenta en la forma que usa y decide llamar ficción: una biógrafa, mujer u hombre, escribe la vida de las mujeres en lo que es nombrado como biografía; o la mujer que escribe su propia vida, antes de vivirla, inconscientemente y sin reconocer o nombrar el proceso». [Traducción mía]

En este espacio compartiré una historia en la cual Paty es la protagonista, es una mujer salvadoreña, migrante, que en su paso por el sur de México contó, en la cuarta forma planteada por Heilbrun, su historia. En sus propias palabras explica:

‘No quiero leer mi propia historia porque seguro me va a doler, pero si quiero contarla, quiero escucharla con tu voz que, al no ser la mía, tal vez duela menos y si de algo sirve, quiero que algún día sea contada pero como un cuento para niños… con un final feliz.’

Paty y sus catorce intentos…

Érase una vez, una joven llamada Paty que nació en un país maravilloso llamado El Salvador, justo en la capital, una ciudad hermosa solo que con algunas precariedades. Paty se casó muy joven y tanto la familia de su esposo como sus mejores amigas del colegio decidieron migrar a la tierra prometida, Estados Unidos, en busca de una vida mejor. Al inicio les fue muy bien, ambos encontraron trabajo, amistades y una casa linda para vivir, entonces decidieron hacer crecer a su familia, tuvieron 2 hijos, chicos muy listos y tranquilos, pero al ser dos necesitaba más ayuda, fue por eso que Paty le pidió a su mamá que se mudará a los Estados Unidos; en una época en la que todavía se podía pagar a un coyote confiable y era posible llegar sin tantos riesgos.

La casa donde vivían era muy pequeñita, por lo que todos los habitantes tenían que dormir en un mismo espacio, lo cual trajo algunas complicaciones a la relación de Paty con su esposo, Paty relata:

‘El hecho de tener que esperar a que mi mamá saliera a la tienda, a misa o a visitar a alguna paisana para poder tener intimidad, fue mermando en nuestra relación que terminó por romperse.’

Paty tuvo que buscar otro espacio para vivir con sus hijos y su mamá, un espacio cercano a su trabajo, cercano a la escuela de sus pequeños pero lo más importante, lejano de la vigilancia constante hacia migrantes sin documentación en regla ¡Tarea nada fácil! Sobre todo para quienes portan un aspecto que delata extranjería.

Saborearon brevemente la tranquilidad de un nuevo hogar ya que, al poco tiempo de la mudanza, la madre de Paty murió. Paty comparte:

‘Al irse mi madre se fueron con ella mis fuerzas, mis ilusiones y mis deseos de cumplir con mi maternidad tal como me estaba enseñando, con abnegación y entusiasmo.’

Esto era incomprensible para la sociedad con la cual convivía, solidaria pero a la vez duramente crítica. Paty cuenta:

‘La gente me decía que todavía me quedaban mis hijos, ahora eran mi razón de ser, o bien, que debía salir adelante por ellos, como toda buena madre debe hacer, porque lo más importante es ser mamá y eso me daría la fuerza necesaria para soportarlo todo. Yo realmente pensaba que, mi mejor amiga, mi madre, mi ídola se había ido de manera inesperada y eso era algo que no podía soportar. Todavía no encontraba la fórmula para que ese “poder maternal” surgiera en mí, para transmitir ese amor incondicional que mi ídola me había brindado; me avergonzaba por no poder brindarlo y ni siquiera poder fingirlo, por desear solamente reencontrarme a mí misma.’

El diagnóstico que recibió fue depresión y con ello la deportación llegó, con una serie de papeles para firmar, un montón de letras escritas en un idioma diferente al suyo, que son imposibles de leer y entender con tanta prisa. Paty continúa narrando:

‘Pedí una explicación de lo que decían esas hojas, al menos un resumen antes de firmar, pero ese resumen nunca llegó. En ese lugar, oscuro y sucio, conocí a una chica guatemalteca, quien temblaba de miedo por volver a su país y suplicaba ser escuchada. Me pregunté entonces ¿Es que acaso no investigan si la razón por la cual decidiste venir a este país puede estar relacionada con riesgos en tu propia casa, por una condena a tu futura muerte? La respuesta apareció: la chica fue deportada.’

Paty también, ella fue enviada a un país que le parecía tan ajeno, después de vivir 20 años en el Norte regresó a un lugar en el cual no tenía más amigas o gente de confianza, solo su padre, ¡a quien por cierto adoraba!, pero al poco tiempo de convivencia, episodios y recuerdos de borracheras y de peligros emergieron.

Paty, con periodos de ánimo y otros tantos de desesperación ha intentado catorce veces, sola, volver al país, al Norte, donde transcurrió gran parte de su vida, donde habitan personas que quiere y extraña, donde no tiene que pagar una cuota a grupos delictivos cada vez que quiera entrar a su barrio. Paty refiere:

‘El viaje en sí, a veces no es tan peligroso, más bien, es un viaje en el que tienes que estar tomando decisiones constantemente, las cuales te ponen en riesgo o no, por eso la primera decisión que he tomado es hacer el viaje sola, así las responsabilidades son propias y si me equivoco, no arrastro a nadie conmigo. En cada viaje, catorce hasta ahora, he estado en albergues, instancias en gobierno, iglesias, etc. y lo que más confirmo es, que debo hacer este viaje y lo debo hacer sola. El Salvador es mi patria, pero está llorando violencia, en el viaje podría morir, lo sé, pero en mi país ni la duda cabe’.

Faltando aún el recorrido de 4,025 kilómetros para su meta, Paty descubrió que en su andar se fortalecía, se acercaba más a sí misma, al punto de reencontrarse…Y colorín colorado este cuento no ha acabado.


[Imagen 3]
Foto: Margarita Trejo Velasco (Mayo 2015).
Título: “Distancias entre Tapachula, Chiapas a diferentes ciudades in EEUU”

Debemos tener en cuenta que, tanto el lugar de origen, la ruta migratoria y el lugar de destino están marcados por construcciones de género, así como la manera de experimentar tanto la decisión de viajar como el viaje mismo. Reconocer la migración desde la perspectiva y el lugar que ocupan las mujeres, reconocer sus esfuerzos, hacerlo desde su propia voz o desde su propio cuento, nos obliga a incorporar nuevos elementos al análisis del fenómeno, problematiza ciertos estereotipos (como la maternidad en este caso), otorga una nueva visión.

Bibliografía:
[1] Organización Internacional para las Migraciones. (2014). Hechos y Cifras. Recuperado de: http://oim.org.mx/hechos-y-cifras-2
[2] Rossini, Carlos & Vericat Núñez, Isabel. (2007). Bajo el Tacaná: La otra frontera: México/Guatemala. Ciudad de México: Ediciones Sin Nombre.
[3] Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2015). Bases de Datos y Publicaciones Estadísticas. Recuperado de: http://estadisticas.cepal.org/cepalstat/WEB_CEPALSTAT/Portada.asp
[4] Trejo Velasco, Margarita. (2015) Transmigración centroamericana. Motivaciones,
riesgos y estrategias en el trayecto hacia un sueño. MA dissertation. Universidad de Granada, España.
[5] Heilbrun, Carolyn G. (1988). Writing a Woman’s Life. New York: Ballantine Books, 11.

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