Feminismo

Tu papá no es tu aliado

Luisa Velázquez Herrera “Menstruadora”

Un comportamiento de algunos hombres con sus hijas suele ser el de animarlas a hacer cosas, ese comportamiento a veces se confunde con actitudes chidas o feministas. Déjenme contarles mi explicación. Estas formas de dar ánimo, “tú vas a estudiar” y “ningún (otro) hombre te va a venir a decir qué hacer” no son más que la manera en que refuerzan la competencia con la madre y discursivamente crean una alianza contigo para su presente y su vejez.

Si tan quiere que estudies y no te cases para que seas feliz, ¿por qué no le ha dado el divorcio a tu madre? ¿por qué la destruyó emocionalmente? ¿por qué no la dejó estudiar? ¿por qué no lavaba sus platos en casa? ¿por qué nunca supo dónde se guardaban las cazuelas para los frijoles? ¿por qué habla tan mal de ella contigo? ¿por qué no sabe cómo curar una fiebre de recién nacida?

No es verdad, tú sabes desde pequeña que es discursivo, no tienes ese cuerpo de hombre, tu cuerpo es el de las mujeres alrededor y no es cierto que ellas pueden hacer lo que él dice, ellas están forzadas a cuidar, alimentar, atender; los hombres las oprimen, las acosan, las violan, él incluido. Si los hombres quisieran que sus hijas se liberaran, hace tiempo habrían colaborado en su propia extinción, no lo quieren, afianzan una imitación de esposa, su hija aliada fiel por encima de otras mujeres, en este caso sus esposas a las que explotan.

Las madres, ellas sí para que veas son nuestras compañeras, esa mujer que nos enseñó a resistir no discursivamente, con su práctica, la viste salir a la calle, alzar la voz, defenderse, te dijo con su hacer que tenías que aprender a sobrevivir, pero quizá no lo adornó con discursos, incluso pudo ser discursivamente machista, claro, no viene de otra sociedad, estamos aquí, pero recuerda su práctica, ella te enseñó a vivir, a hacer, a volar.

No es por el padre, el tío, el hermano, el primo, el hijo o el abuelo que estudiaste, fue por la madre que veías trabajar, por la tía que nos cuidó, por las hermanas que vimos rebelarse, por la maestra Rosita del kinder, la vecina Adela, la amiga Carolina, la tía que toca un instrumento, la prima que canta, la amiga de mamá que era enfermera, cocinera, contadora, esas mujeres nos enseñaron, nos animaron con su ejemplo, lo otro, eso que dicen los hombres, son palabras bonitas para tener una imitación de esposa para que cuando su esclava falte o se logre liberar, te quedes con ellos; mejor escapa con ella, ayudémonos a escapar.

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