Feminismo

Sobreviviendo a la violencia del transactivismo, entrevista con Lucía desde Argentina

Por Luisa Velázquez Herrera

En una calle se lee “muerte a las terfs”, se trata de una ciudad argentina que ha estado demostrando grandes movilizaciones a propósito de la legalización del aborto, sin embargo, el movimiento feminista no es homogéneo, dentro de éste existen altercados, en esta región del mundo como en muchos lugares más, por parte de activistas posmodernos y transactivistas, quienes cuentan con el respaldo del discurso mediático, académico y estatista, entre otros, para ejercer violencia contra feministas radicales y abolicionistas, quienes se van acostumbrando a recibir violencia física o incluso amenazas de muerte, algo insostenible para un conjunto de agrupaciones que se jactan de ser feministas, pero este es el año 2021, todo es posible para un movimiento que fue fagocitado por el pensamiento posmoderno en las últimas décadas, el brazo de ideas del neoliberalismo.

Esta es la segunda parte de una serie de entrevistas para comprender el contexto en Argentina, la primera fue publicada en La Crítica en febrero de 2019, y actualmente se encuentra con acceso privado debido a las amenazas que vivió la entrevistada alrededor del hecho documentado; en esta segunda entrega, se ha decidido llamar «Lucía» a la protagonista de las letras que a continuación se comparten, con el fin de proteger su integridad, cabe decir que es una entrevista a título personal, por lo que las opiniones no representan a nadie más que a sí misma.

Supongo que la pintada fue hecha durante una de las manifestaciones —me explica Lucía quien me da la entrevista a distancia, desde la cocina de su casa, donde se logra mirar una macetita por ahí detrás llena de vida y una gatita que a ratos nos cuenta su versión de la historia a maullidos. En las manifestaciones a las que fuimos también fueron a agredir a compañeras radicales —narra con cautela— tanto travestis, como hombres en general, como por mujeres de otras agrupaciones quienes lo hacen todo en una lógica medio de «broma» y medio amenazante, es como si se hubiesen puesto de acuerdo para tener un enemigo en común que no fuera tan amenazantes como los hombres.

Yo sé que es difícil apuntar a los hombres, entonces nos usaron a nosotras de excusa, es triste de ver, están muy obsesionadas, incluso cuando se empezó a hablar del agresor, se burlaban de nosotras, lo comentaban como si fuese un juego, como si dejásemos de ser mujeres por posicionarnos en contra de la teoría queer, pero la agresión fue hace bastante poco, más amplia también de lo que se manifiesta en los videos.

El evento del que habla Lucía es aquella asamblea realizada en el marco de los preparativos de la marcha del 8 de marzo, el 15 de febrero de 2019, cuando un hombre con autopercepción femenina, o transfemenino como también se les conoce, se abalanzó en golpes contra una de las integrantas de una colectiva radical cuando se pronunciaba contra la explotación sexual de las mujeres, quedan videos de aquel episodio que forma parte del continuo de violencia feminicida al que sobreviven las mujeres.

No fue solo esa agresión puntual de los videos sino que nos separaron a todas, muchas se perdieron entre la cantidad de gente y empezarnos a aislarnos. Mientras todas gritaban nosotras no nos podíamos escuchar e incluso después de eso, medios hegemónicos comenzaron a sacar notas diciendo que habíamos agredido físicamente a gente, no tuvieron ni siquiera un poco de… no digo que me sorprenda, los medios siempre lo han hecho, directamente fueron historias inventadas.

Difundieron que estábamos siendo “manejadas” por una mujer “cis” de 1.8 de estatura, rubia, de ojos celestes, que nunca existió, también dijeron que habíamos agredido a un varón trans, que sería otra mujer, “con un garrote”, ¡que lo habíamos golpeado en los pies con un garrote!, totalmente falso, cuando éramos diez chicas, de las cuales yo era la segunda mayor con veintitrés años, éramos todas chicas, habíamos ido para hacer un discurso abolicionista, ni siquiera para hablar de teoría queer, íbamos a hablar de abolición de la industria sexual prostituyente y del alquiler de vientres, pero dijeron que fuimos a hacer dichos transfóbicos y a golpear a un varón trans, empezaron a decir que éramos cincuenta, que empezamos a cantar “aquí está la resistencia rad”, cuando en realidad el himno era de todos ellos y gritaban “aquí está la resistencia trans” después de haber agredido.

Tampoco la compañera a la que golpearon fue la única agredida, simplemente supimos respetar a las otras compañeras que no lo contaron de manera explícita, pero también fueron agredidas, había menores de edad, fue horrible, cuando nos fuimos, las colectivas, que se supone manejaban los eventos, fueron las que nos expusieron como feministas radicales porque nosotras no pretendíamos ir con ese título porque sabíamos que no nos íbamos a dejar hablar, entonces nos acusaron, nos expusieron, nos violentaron, nos persiguieron hasta el subte, hasta nos siguieron periodistas.

Las mujeres que estaban a cargo de ese espacio no nos brindaron ningún apoyo, no nos preguntaron nada, nos dejaron ahí, así que cuando logramos irnos muy noche, nos subimos al subte y periodistas nos siguieron, nos grabaron solo porque yo dije en la cara de una periodista “no le digas nada porque seguro tiene un micrófono y va a descontextualizar todo”, supongo que la hice enojar, me acuerdo que ella después publicó que “éramos pibas de quince años que habíamos agredido gente”, nos caricaturizó, es verdad que éramos pibas de quince años, éramos re chiquitas, y encima, como si tener quince años justificara que nos agredieran.

Cuando ocurrió la agresión también empezaron a decir que en realidad el tipo era tipa, empezaron a decir que tenía genitales femeninos, ¡por si eso era lo que nos importaba! cuando era obvio que no, el tipo tenía una pose mortal kombat impresionante, eso no es lo que hace una mujer, eso no pasa, pero bueno, era una de las tácticas, limpiarlo de esa manera, defenderlo de esa forma, encuentro todavía súper macabro lo que hicieron y que muchas después empezaron a reflexionar desde ahí, empezaron a decir «no, bueno, yo las apoyo», qué curioso que todas nos apoyaban de callado, nos apoyan sin decir nada, sin hacer nada y sirviéndoles a ellos igual, muchas comenzaron a decir “yo también estaba”, ¿ y de qué te sirvió que tú estuvieras ahí mirando?, o sea, muchas empezaron a decir que estuvieron, brindaron mucha información personal de las agresiones, eso fue contraproducente porque se generó un teléfono descompuesto, dijeron cosas que no habían pasado, no en afán de mentir sino de teléfono descompuesto.

Por un lado era glamouroso y era entretenido haber estado; y por otro lado era terrible, empezaron a banalizar todo lo que había pasado, faltaba que agradecieran la situación para poder quejarse, fue macabro cómo lo usaron, macabras las mentiras, las cosas que escribieron, y peor aún, las agrupaciones que nos trataron de chantajear diciendo que teníamos que mentir para obtener apoyo, era gente que sabían incluso quiénes éramos, sabían que éramos pibas.

Cuando pedimos ayuda muchas agrupaciones nos pusieron condiciones, eso fue algo que nunca se habló y lo encuentro grave, agrupaciones nos dijeron: “Nosotras les creemos, pero si quieren que las apoyemos tienen que decir que agredieron a un varón trans, tienen que decir que ustedes empezaron la violencia, pidan perdón públicamente y nosotras las apoyamos, si no, no”.

Con el tiempo se nos acercaron a conveniencia por la cantidad de mujeres que se nos acercaban también, empezaban a decir “nosotras somos compañeras”, pero ante cualquier problema se alejan y nos dejan, lo mismo con las marchas, es exactamente igual. En todas las cosas públicas, nosotras no podemos depender de nadie que no seamos nosotras mismas porque otras mujeres tienen miedo, no es el afán hacerlas ver como que lo hacen desde la maldad, simplemente es darse cuenta de toda la manipulación que hay en general, todo el odio que se concentra hacia mujeres, no ser capaz de apuntar el verdadero problema que son los hombres.

Al final nos aislaron y nos cerraron un montón de puertas al punto en que muchas empezaron a temer por sus trabajos, por no poder generar ningún tipo de cambio, porque en Argentina hay una política que tristemente es muy caritativa y estatista, entonces el lugar en que nos ponían forzaba que no nos podían abrir las puertas, no podíamos generar espacios porque no nos daban los espacios, ni las mujeres se confiaban de esos espacios, fue como si nos marcaran.

Yo recuerdo mucho las dinámicas de secundaria entre mujeres, una dinámica femenina muy terrible, donde los hombres nos marcan y ellas por miedo, supongo, se alejan; eso generó que el feminismo radical, y no solo el feminismo radical, el feminismo de las mujeres tuviera miedo a hacer cosas y estuviese incapacitado de actuar en muchos espacios, en general, el abolicionismo, fue una estrategia, porque en Argentina está avanzando mucho el discurso regulacionista, de tachar a todas las abolicionistas de feministas “terf”, lo que lograron fue que muchas mujeres le dieran la espalda al abolicionismo de la prostitución, así el regulacionismo tomó mucha fuerza en ese tiempo a través de demonizar ciertos lugares de feminismo y dividir al feminismo abolicionista por dentro.

Se nota mucho esa estrategia especialmente desde los lobbys proxenetas en Argentina, que son famosos, están ahí, ya todo mundo lo sabe, se aprovechan de esa posibilidad y avisan “estas mujeres, no se acerquen porque son terf”, como esa palabra pesa tanto, funciona, dividieron al abolicionismo por dentro.

Después vino la pandemia y es muy difícil organizar, generar algo, pero sucede eso, está todo muy dividido, fracturado, silenciado, aplastado, y los únicos cómodos en el feminismo argentino son los hombres, al final, estoy segura que las mujeres del feminismo más estatista, liberal, etcétera, también están un poco incómodas, también tienen miedo de decir cualquier cosa y de insultarlos si ellos así lo perciben, tienen que estar constantemente cediendo, tienen que estar convencidas pero con recordatorios constantes porque yo sé que en el fondo saben que hay algo raro, yo sé que en el fondo saben que son hombres,  tienen que estar maquineando, funcionando distinto, siento que los únicos cómodos en el feminismo son los hombres, eso se nota porque son ellos quienes van cómodos a las marchas, a ellos no les va a pasar nada, nosotras vamos con miedo.

Aún recuerdo otra escena en la que estuve en mi ciudad, donde estábamos muchas feministas debatiendo y de la nada, frente a nosotras, tres o cuatro travestis o trans, no sé cómo se concebirán, pero eran hombres, bajaron un cartel gigante que decía: “¿Dónde están las transfóbicas?”, todo en rojo, en unas letras blancas, que no sabías si lo habían preparado ahí antes, pero daba miedo igual,  lo dejaron ahí junto a nosotras, eran tipos que medían 1.8 y pesan tres veces lo que yo peso, es impresionante cómo eso se puede dar y encima se puede ignorar porque aplaudían y listo, ya pasó, estábamos ahí y yo no estuve en el segundo cuando lo pusieron sino que recibí el mensaje de una amiga que decía: hicieron esto y la foto. Yo estaba fuera porque había salido a comprar comida, volví y claro, habían bajado un cartel que era literalmente una amenaza.

En esta ciudad es bastante común, no hay espacios, es como si los hombres hubiesen asfixiado el movimiento, es como si todas las mujeres hubiéramos quedado por fuera o a punto de ser sacadas, porque cualquier cosa que hagas te empujan por afuera. El evento era público y cualquier mujer puede entrar, pero es verdad que se conocen las caras, como te digo, muchas veces cuando suceden conflictos el periodismo argentino es notable, anda atrás con las cámaras, buscando las notitas, saca todo con mala intención, mal escrito, entonces en general las mujeres y hombres están muy pendientes de esas cosas, nuestras caras son conocidas, saben quiénes somos, más aún en nuestras ciudades, claro, podrían decir que “no sabían”, pero nosotras sabemos que sí saben, que cuando estamos ves a dos o tres personas susurrándose entre sí, a mí me pasó estando en mi propia facultad que me dijeran “la terf”, yo ahí sentada comiéndome un panquecito tranquila, escuché cómo una chica lo dijo, a mí me dio un poco de risa, pero fue impactante ese nivel, es como una etiqueta, como si te hubiesen clavado una etiqueta para marcarte.

Yo creo que en un principio era más amplio que nosotras, porque es verdad que nosotras estábamos ahí reunidas, pero había ahí otros grupos abolicionistas, por lo que es conveniente quitarlas, asustarlas, yo creo que vieron a más chicas que no convenía que nos escucharan y dijeron: “Vamos a hacer esto para ganar un espacio más”, tiene que ver mucho con eso, es una herramienta ya súper normalizada, conveniente, glamourosa, casi pareciera que hicieran una especie de show para ir contra lo terf, lo sacan como bandera y de esta forma pueden ningunear y silenciar a compañeras. Y ese evento, en específico, se debatía entre dos bandos, el bando de mujeres adultas que siempre estuvieron a cargo del encuentro y el bando del cuirismo que quiere cooptar ese evento y usarlo.

Muchas, por ejemplo, no querían cambiar el nombre de “Encuentro de mujeres y lgbt” y sí cambió, ahora hay dos encuentros, se dividió, en esa misma línea era conveniente quitar esas voces, entonces ese cartel no solo pretendía amenazarnos a nosotras como la parte joven de eso que no quieren, sino también algo muchísimo más grande, con eso ya quedó claro. No tienen vergüenza, siempre tienen el impulso de insultar, nadie se atreve a decirles nada porque da miedo, yo también lo entiendo, especialmente porque el feminismo en Argentina es de chicas bastante jóvenes.

Muchos de los trans, travestis, etcétera, son muchos más grandes que nosotras, pero también bastante más chicos que las mujeres adultas mayores entonces están justo en medio para insultar para los dos lados, se aprovechan mucho de ese lugar, el miedo llegó a tanto que ya no se hablaba del tema, pasó internamente, luego de la violencia más mediatizada ya no se quería hablar, muchas chicas tenían esa cosa de “no quiero ni acordarme”.

En la asamblea vi cómo cantaban y me angustio al recordar, es algo absurdo, pero me sentí muy responsable porque todo sucedió alrededor y yo sabía que era una de las chicas más grandes y no pude evitar que agredieran a otras más chicas. No pude evitar que nos separaran, incluso una chica se perdió y tenía que buscarla de un lado a otro, después yo tendía a recordar a esa gente abrazando al tipo, me daba bronca, todavía me da bronca, acordarme cuando una chica lo empujó, el tipo se cayó, se paró, empezó a llorar y todas lo abrazaron, empezaron a tocarle la espalda, después con las fotos dijeron que el problema éramos nosotras, que nosotras habíamos provocado eso, que nosotras nos habíamos provocado su enojo, que nosotras «al provocar sus suicidios y sus muertes» nos merecíamos lo que había pasado, cosas así, fue súper feo, hasta ahora pasa eso, que muchas compañeras se niegan a hablar del tema porque están hartas.

Es un tema que se volvió más problema nuestro que de ellos, ellos son los agresores pero es nuestro problema y nosotras tenemos que solucionarlo y nosotras tenemos que bancarlo, eso también pesa, es como que nos tenemos que hacer cargo de su violencia de alguna manera, porque ya no podemos hablar de espacios seguros tampoco, es muy difícil, todo lo que nosotras hacemos, me pasa, lo asumo como broma, muchas veces porque es verdad, ya no podemos hacer ningún espacio, tenemos que poner un dato de contacto, algo seguro, porque no queremos que nos caiga un no binario de dos metros, siembre lo digo así, entre jaja, pero en realidad es algo que puede pasar y nos defenderíamos de la violencia de todas formas.

En el feminismo radical hay varios grupos, pero con las que conozco, la teoría queer y el transactivismo es un tema ya saldado, pero no puedo hablar de las agrupaciones nuevas porque deben haber grupos que digan cosas como que estas frases que se escuchan en internet, como “nosotras no somos anti-trans porque aceptamos a equis tipo de trans”, ese tipo de cosas probablemente algunas las digan, pero en general entiendo que está bastante saldado ese debate, es explícito, pero no tanto porque si lo explicitamos probablemente vayamos contra alguna ley o alguna cosa, siempre estamos pendientes de eso, es una explicitación que se tiene que dar de manera indirecta a través de manifiestos en ciertos espacios, en donde se dice que no estamos a favor de la teoría queer, y que por tanto, ese es un requisito y es una obviedad del espacio, pero no podemos decir más porque tenemos que respetar la ley.

No es que en realidad se aplique la ley, es que al Estado le conviene usar la ley en nuestra contra porque significa popularidad y los gobiernos argentinos son muy populistas, la identidad de esa acumulación de gente es muy importante, a partir de eso les conviene que nos empiecen a atacar.

Aún entre feministas radicales argentinas existe esta cosa de necesitar ser correctas, femeninas en ese sentido, por ahí tú dices que son hombres con falda, quizá por ahí alguna chica te pueda llegar a decir: “pero hay que respetar si queremos que nos respeten, entonces empezar por ahí…” ese tipo de comentarios se podrían escuchar en agrupaciones radicales.

En Argentina, el Estado caminó junto a la agenda del queerismo, no quiero decir de lo trans porque ahí hay otra discusión que dar: ¿Dónde están los trans argentinos y argentinas? ¿dónde está ese mundo travesti? Y quizá el Estado no está muy con esas personas tampoco, si una se pone más a hilar fino, yo podría decir que el 90% están en las calles prostituyéndose, entonces hay que hilar fino, pero digamos, el Estado está a favor de lo progre, eso generó que en nombre del feminismo y de lo progre, somos «todos diversos y todo se acepta», por lo tanto, «mujeres, ustedes no pueden decir que no porque es diverso», este discurso empezó a dar cada vez más libertad para que hicieran lo que literalmente se les hiciera la gana.

Por ejemplo, en esta ciudad se dan talleres de «peluquería púbica» y el hijo del presidente es drag queen, todo ese ambiente genera un ambiente permisivo, permisos que al Estado no le importan, pero las mujeres les da lo mismo, algo como: «no te vamos a dar trabajo digno, pero baila sin ropa en los festivales, haz tu taller de peluquería púbica, nosotros incluso te lo podemos subvencionar si le pones una etiqueta interesante», es una maniobra estatal, eso generó un espacio donde los hombres siempre tienen mucha libertad de acción, llegan y golpean mujeres y no pasa nada, amenazan constantemente y no pasa nada.

De paso, las compañeras no se enfocan en otra cosa, en los índices de pobreza, en la violación de mujeres, en el matrimonio infantil, hace poco me pasó que estuve investigando sobre matrimonio infantil y son miles de niñas obligadas a casarse anualmente en Argentina y no lo hablan, a nadie le importa, pero si hablamos de drag queen todo mundo sabe que al presidente le encanta, los pansexuales, nobinarios, etcétera, se da muy de la mano del populismo argentino: «Estamos con la gente, estamos con lo diverso, te damos opciones, permisos a todo lo que quieras, para golpear a mujeres, usa un par, es más, estamos practicando los transplantes de útero…», y de paso esconden muchas otras cosas, llegan principalmente a lo juvenil.

El Estado argentino ve una oportunidad en el populismo juvenil del cuirismo y desde ahí actúa, desde ahí gana votos, desde ahí gana ese ambiente, se limpia la cara, se nos olvida que son una manada de proxenetas, por un segundo los problemas no están porque el tipo es diverso y hay una diputada travesti, conveniente al poder, súper funcional.

En otros países, la política no se da de la misma forma, se da de una manera mucho más alejada de la gente, la gente no tiene la confianza en la política como en Argentina sí hay, entonces cuando el presidente les entrega esas migajas a la gente, la gente se siente muy agradecida, la gente estuvo en crisis tantas veces y la economía es tan inestable, que muchas veces se salvaron a migajas del Estado, de políticos, y aunque eso esté basado en los cuerpos de las mujeres que producen, no lo ven de esa forma, lo ven como migajas del Estado, entonces confían mucho en el Estado, cuando el Estado te dice: “Yo confío en las minorías, vivan los travestis”, la gente lo siente como una bendición, lo ven de manera positiva.

En Argentina, la política se da muy de la mano de las figuras de Perón y Evita, son figuras por el pueblo y para el pueblo, eso formó bases muy sólidas sobre lo que se cree que es salvar el propio país, quedarse por el país, sufrir dentro del país, construir por dentro del país… esa cosa nacionalista, lo popularizaron a un sentido que llegó a barrios más bajos, cosa que quizá no se dio en otras partes de Latinoamérica, los pobres confiaban en sus políticos y decían que los políticos eran como ellos, además tuvieron esta magnífica idea de usar una mujer también, cosa que no pasó en otro espacio de Latinoamérica, es que yo no encuentro un referente similar a Evita, ella representaba a las mujeres en los cuarentas y cincuentas, las mujeres se vieron reflejadas, el otro día escuche que fue “la hada rubia de los pobres”, entonces espejearse así determinó cómo debían ser las mujeres y marcó un sendero para decir: «Tú estás por el país, tú estás para servir», esta cosa caritativa que también marcó a los movimientos sociales.

Yo creo que uno de los debates que se da en los espacios feministas es si Evita fue feminista o no, cuando Evita dice y hay un montón de citas donde afirmó que no, pero es tan fuerte el reflejo que dio esa mujer, tan bien hizo su trabajo, posar de madre de nación, que es muy difícil quitarla de los cimientos de hacer política, entonces por eso lo popular, lo masivo, «lo que a los ricos no les gusta», esta idea extraña que es difícil de entender: “nosotros somos todo lo que a los ricos no les gusta”, que no se dan cuenta que en realidad siguen votando a esos ricos, están alabando a esas mismas personas, por eso, tienen figuras y costumbres que están fijas no en tanto Argentina sino en tanto son populares, por lo tanto no las podés rechazar, a menos que seas rico, Evita está entre esos elementos, podés criticarla un poquito, pero tampoco hables mal, una feminista radical me dijo que no podía criticar a Perón por la educación gratuita, porque gracias a él podía estudiar, en realidad es la versión remasterizada de: “No podés criticar a los hombres porque gracias a los hombres tienes voto”.

—Entonces mientras algo se posicione como popular será defendido, así posicionaron lo trans

Claro, una táctica magnífica, de manual, lo hicieron muy bien, tristísimo, cómo supieron hacerlo en una línea, nada se les interpuso, lo lograron, es un poco deprimente.

—¿Y qué pasará en el futuro?

Pasa que no he pasado tantos momentos feministas en la vida, hablar de qué va a pasar después es extraño, yo soy un poco negativa, siento que están logrando tanto y hay tanto dinero de por medio, porque se ha vuelto tan estatal que solo movimientos como el abolicionista o el radical están tirando a los márgenes porque no tienen dinero, subvención, ni formas, ni espacios, ni lugar, se les está quitando tanto.

Si no hay un cambio de lógica interna, yo siento que el transactivismo las tiene todas para ir avanzando, para seguir  ir creciendo, porque no es nuestra culpa, en ese sentido, hay muchas que se ven como la causa, como que nosotras «no estamos intentando lo suficiente», pasa que no tenemos todo el sistema detrás, no estamos subvencionadas, no tenemos el poder que tienen, y claro, es complejo de pensar, yo veo lo que está pasando en otros países de cómo tratan de legalizar el aborto, solo después de que legalizan el alquiler de vientres, y pienso, ese tipo de movidas estatales, ¿cómo se les hacen frente?, yo no me imagino ese poder decayendo en poco tiempo ni cerca, tampoco me lo imagino con las lógicas desde el otro lado, que es el lado no subvencionado, no mantenido, que no las tiene para ganar, entonces no lo veo con mucha esperanza, a menos de que sea un cambio muy profundo, y a conciencia, que no esté en la cuestión neoliberal para entenderse a la mujer que se construyó a sí misma para luego alcanzar un lugar de poder, que eso también es una cuestión que pasa mucho, no hablo de ganar lugares en el poder sino de llegar a las mujeres, que las mujeres por fin podamos tener algo donde podamos aceptar las diferencias, y para nosotras, es lo ideal, no me lo imagino.

Actualmente me siento en riesgo, sí, siempre, cuando ellos quieran, la diferencia entre una mujer herida o no, son los deseos de ellos, yo creo que si uno de ellos quiere, lo hace, lo que los limita no sé qué es, sus ganas, se dicen: «¿Tengo ganas de golpear una mujer hoy día?, sí o no», pero en realidad llegar a nosotras es bastante fácil, así que sí, nadie nos va a defender, en ese sentido yo soy muy dura, realista, porque lo veo diariamente en la calle, a veces, un par de veces nos hemos sentado con amigas y los hombres vienen a molestarnos.

Y si los hombres pueden, trans, travestis, cuirs, también pueden, lo único que faltan son ganas, a veces le digo a mi novia cuando estamos en alguna calle o están pasando los autos y le tiro broma: «Solo hace falta un valiente para atropellarnos, solo hace falta un valiente para que nos haga esto, porque puede». Y seguro van a salir ilesos y se van a inventar cosas que hicimos nosotras, siento que podrían dar vuelta a la situación súper fácil, yo me los imagino, viene un tipo, me golpea, y después dicen que en realidad yo era «el agresor», la gente se lo va a creer, y si no se lo va a creer, va a fingir que sí, para hacerlo sentir mejor y entender su realidad de «disfórico con una infancia difícil y una madre controladora», algo se van a encontrar. Ay, «es que la madre controladora, la madre fálica», Argentina además es la cuna latinoamericana del psiconanálisis, tienen ese diálogo muy metido.

—¿Qué podrías decirle a las mujeres que están pasando por lo mismo?

Qué se yo, es que no puedo sonar positiva, lo que yo pienso es que al final siempre estuvimos nosotras, yo suelo pensarlo como “estamos solas” , pero somos un montón y entre nosotras podemos fácilmente decir somos muchísimas, pero hacen falta las ganas de estar con la otra, de empatizar, porque al final todas sabemos cuál es el enemigo en común, quién nos está haciendo esto, a quién le tenemos miedo, con quién tenemos que tener cuidado para hablar incluso, con quién debemos estar revisándonos constantemente para no ofenderlos y no somos otras mujeres, un poco como «abrir los ojos», no sé si sean las palabras, sincerarnos entre nosotras mismas, comenzar a buscarnos entre nosotras mismas porque si no lo hacemos nosotras, no lo hará nadie, buscarnos entre nosotras, cobijarnos entre nosotras, aprender a escucharnos, hablarnos, dialogar nuestras diferencias para llegar a algo mejor, porque sinceramente ellos tienen todas las de ganar.

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La Crítica