Arte

Qué belleza que guarda la voz en sus entrañas

Ilustración de Elisamaría

Por Karen Daniela Pacheco García

 

Siempre me ha intrigado el poder de la voz, durante casi toda nuestra vida como mujeres se nos ha convencido que nuestra voz no tiene poder, que no resuena en ningún espacio, qué sólo es molesta, que harta y desespera pero no transforma. Si fuera así, ¿por qué tiemblan cuando hablamos? ¿Por qué nos quieren calladas? ¿Por qué les amenaza sabernos fuertes y sonoras? Porque nuestra voz es fuerza, es colapso del orden que es el viento, el aire. Aire que se irrumpe con palabras que son revolución y no se calma. Y los otros, aunque traten de silenciarnos, nuestras voces son raíces, tierra, agua y no para. Durante mucho tiempo arrebatada y utilizada para odiarnos entre nosotras, pero es la resistencia de conocer nuestras historias y de sabernos sobrevivientes.

Encontrar mi voz y hacer uso de ella para sostener y crear lo que soy y siento ha dolido muchísimo, pero también he encontrado las fuerzas para decir NO y para decir SÍ a lo que en verdad me hace florecer, a lo que le quiero dedicar tiempo, muchas veces cuestionada, pero voz mía. La búsqueda de mi voz me ha llevado a reconocer la voz de mis ancestras, sobre todo de mi madre, voz fuerte que no permitió el abuso de cualquier hombre, de voces susurradas compartiendo saberes, para que sólo los escuchara su hija, el contundente ‘’No permitas que te hagan esto’’ o ‘’No necesitas de nadie para ser feliz’’, palabras sanadoras, abrazadoras.

Y después de un camino lleno de descubrimiento me digo: qué belleza que guarda la voz en sus entrañas, en sus sonidos y sus movimientos. Hay voces que me levantan, que encienden carnavales de memorias y bailes del alma, algunas que son rítmicas para andar, para explorar caminos y dejarse guiar por el brusco oleaje de nuestras visiones. Hay otras voces que me calman, que me adormecen, que relajan mi cuerpa, voces que me hunden en el ritmo de lo nombrable, voces que crean espacios, que resisten. Voces que con las que el movimiento tiene diferentes dimensiones y nuestros diferentes ritmos se sincronizan. Imagino que cuando una habla, vamos dejando nuestra historia entre el viento y esta, viaja.

Con nuestra voz tejemos, nos reconocemos y nos cuestionamos, ‘’cantar juntas es subversivo para este sistema patriarcal’’ me voy repitiendo en el pesero de regreso después de otra maravillosa clase de voz cantora con Rosalba, y me quedo así, tarareando, en momentos cantando ya en el metro, y siento miradas…miradas desconcertadas, otras extrañadas de romper silencio, algunas otras sonrientes, pero siempre miradas entre nosotras. Qué maravilla voltearnos a ver cuando escuchamos ser sonora a la otra, como si algo nos atrajera, como si todo nos uniera. Compañeras, nos quiero escuchar siempre nuestras, nunca más de otros, hablando, aportando, construyendo, platicando, de manera que estas raíces no mueran, sino crezcan.

 

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La Crítica