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[Opinión] Valeria Cruz Medel y la revictimización de los medios

Imagen tomada de Siete24

Por La Crítica

 

Valeria Cruz Medel tenía 22 años, era estudiante de Medicina en la Universidad Veracruzana y se encontraba haciendo ejercicio cuando fue asesinada. La noticia no fue eso,  el feminicidio, sino que su madre es Carmen Medel, diputada de Morena, y que se enteró de la muerte de su hija en el recinto legislativo. Celulares y cámaras la apuntaron y subieron las imágenes de su inmenso dolor para repetirlas sin parar en redes sociales, portales informativos, canales de televisión…

Se tornó en un espectáculo del dolor, en todas partes se puede encontrar el video de Carmen Medel llorando y gritando y después una fotografía del cuerpo sin vida de Valeria. Se fetichiza el dolor, se cosifica a las mujeres y, ¿para qué? Sí, el feminicidio de Valeria debe denunciarse y el caso toca fibras muy sensibles al tratarse de la hija de una diputada, pero se olvida, de nuevo, que no se trata de mostrar a las víctimas de la violencia misógina desde la lente del amarillismo, como cualquier nota roja en esos diarios que viven de la carnicería, porque eso sólo abona a la cultura de la violencia, a esta pornografía del dolor que no debería normalizarse.

Cuando se asesina a una mujer, ya pasa por un proceso en el que el agresor no la ve como una persona, sino como una cosa que se puede desechar. Nosotras somos vistas como «algo» de lo que se puede disponer sin que haya grandes consecuencias, al contrario, usualmente se encuentran atenuantes para que los feminicidas salgan libres o se reduzcan sus sentencias. El mensaje es que nuestras vidas no importan. Solamente se vuelven relevantes cuando dan algún tipo de valor o reditúan a alguien, en este caso a las empresas noticiosas, que por supuesto que lucran con la muerte de las mujeres. Va más allá de mostrar los hechos, narrarlos y denunciarlos, se torna en un producto, en algo que se puede viralizar: Mira, aquí está una mujer en el peor momento de su vida, desgarrada, gritando, te la enseño al cansancio y además te muestro el cuerpo de su hija, compártelo, míralo.

También resulta rentable a nivel de imagen para todos esos legisladores que exigieron inmediatamente justicia y usaron sus plataformas para mostrar su indignación. ¿Por qué no lo hacen diariamente, cuando matan a 7 mujeres, muchas pertenecientes a sus distritos? ¿Desde cuándo les interesa el tema de género a los legisladores proxenetas y puteros? No es por simpatía o empatía con su compañera diputada, no realmente.

¿Dónde están las preguntas más profundas? ¿Dónde queda la investigación? ¿De verdad, como medios, vamos a tragarnos la versión oficial de que a Valeria la «confundieron» y por eso la mataron? ¿Vamos a creer que su asesino ya está muerto? Porque no bien pasaron unas horas, cuando el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes dio una conferencia de prensa en la que dijo eso, que fue confundida con alguien  que estaba relacionada con el crimen organizado.

Además, señaló, el supuesto responsable material del asesinato de Valeria, identificado como «El Richy» aparecía muerto en el automóvil en el que se dice que se le vio subir después de terminar con la vida de la estudiante. Incluso mostró el gobernador una imagen del presunto asesino cubierto de sangre.

Son contados los casos en los que la justicia mexicana trabaja de manera expedita y confiable. Sin embargo, puede ser que por el perfil del crimen hayan decidido moverse, de nuevo, por cuestiones de imagen y no de verdaderas ganas de atrapar feminicidas, pero, por experiencias del pasado, sabemos que debemos guardar cierto recelo cuando se resuelvan tan rápidamente los crímenes. Las mujeres veracruzanas (y mexicanas en general) viven una oleada de violencia extrema, únicamente de enero a agosto el Observatorio contra la Violencia contabilizó 117 feminicidios en ese estado.

Es necesario cuestionar las prácticas periodísticas que revictimizan y cosifican a las mujeres. Es necesario ir más allá de la inmediatez y la nota que se vuelve trofeo. Informar no significa olvidar la dignidad humana, no significa volver una situación estructural y compleja (como son los asesinatos de mujeres) en un espectáculo telenovelesco y explotador de un dolor inimaginable. No somos cosas, no somos sucesos. Merecemos que las historias de nuestra vida y nuestra muerte sean contadas con respeto y con profesionalismo.

Valeria, no nos olvidamos de ti, del presente y el futuro que se te arrancaron y tampoco olvidamos a tu madre, Carmen, que no está sola.

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