Feminismo

[Opinión] ¡No me toques!

Montserrat

Hace ya unas semanas me atacó un tipo. No logró lo que quería, por fortuna o, más bien, porque no me dejé. Sin embargo, fue uno de los peores momentos de mi vida. Me tenía sometida y sujetada, se me restregaba y me tocaba. Cuando le dije que por favor me soltara, que no quería lo que estaba haciendo me decía, agarrándome con más fuerza: “Que me digas que no sólo me excita más”. No había gente alrededor, aunque estábamos en un espacio público del Centro. Durante el ataque sólo pensaba en que no podía ser posible y, también, me repetía en la cabeza: “Ya valiste”.

Logré zafarme, en realidad no sé cómo, y le grité: “¡Te estoy diciendo que no!, ¿qué parte de no no entiendes?”. Sí, quise dialogar con el hombre que me acababa de atacar. Me dijo que él pensaba que porque un mes atrás habíamos tenido algo, pues tenía algún derecho sobre mí o mi cuerpo. Le dije que quería irme, todavía caminó a mi lado unos minutos. No se disculpó, alzó los hombros y ya.

Cuando llegué a mi casa no dije nada. Comencé a contarle a personas de mi familia y amistades. Sin embargo, no me acerqué a las autoridades, a pesar que conozco perfectamente la Ley de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y tendría todo a mi favor. Pero no lo hice. Leo y vuelvo leo el caso de Yakiri Rubí Rubio Aupart, a quien sí violaron, a quien sí torturaron, quien luchó por su vida y se salvó de ser parte del conteo de feminicidios en el Distrito Federal que crece y crece.

Ahora Yaki está en la cárcel por defenderse y yo pienso en qué hubiera pasado de ir a las autoridades por mi caso. Estoy segura que me hubieran dicho que fue mi culpa, en primer lugar, por acceder a verlo, por salir y caminar con él, ¿o no a María Luz Salcedo “Lucero” la juzgaron por subirse al mismo coche que su agresor en Guanajuato? ¿Qué no fue ella a quien criminalizaron por defenderse y denunciar? Claro, el caso de Lucero todavía está fresco, ella tampoco se dejó, aunque casi la matan a golpes.

Estoy completamente segura que de ir a las autoridades me habrían preguntado sobre mi relación con él y me habrían cuestionado por qué lo estaba acusando, es más, puedo escuchar perfectamente las preguntas y las frases: “Pero si ni le pasó nada, yo creo que no le hizo nada, pobre, ¿por eso quiere que lo manden a la cárcel?”. Sé que lo habrían dejado libre. Lo sé porque eso es lo que está pasando en esta Ciudad. Lo veo en el caso de Yakiri…

Ojalá hubiese sido más como ella y menos como yo. Ojalá hubiese tenido el valor de gritar, de correr, de ir a la policía y decirles que ese hombre en el que confié algún momento me agredió, que por su comportamiento no sentía culpa y que me daba miedo volvérmelo a encontrar. Pero da igual si se conoce a o no a la persona, como Yaki que no tenía anda que ver con sus atancantes. Igual te pueden inventar algo en el juzgado para justificar la agresión (que es injustificable en cualquier grado). Ojalá el sistema de justicia no criminalizara a las víctimas.

Este caso es terriblemente emblemático del tipo de justicia al que podemos acceder las mujeres realmente. Yaki tiene todo el derecho de estar en la calle, de recibir tratamiento psicológico, de estar con su familia y no sentirse culpable porque lo que hizo no fue sino en defensa propia. ¿Será que quienes están en los juzgados nunca han sido víctimas de la violencia machista? ¿Será que más bien son reproductores de un sistema patriarcal violento que permite la violación y obvia sus reglas porque quien murió, en esta ocasión, no fue una mujer?

¿Y si Yakiri hubiese sido asesinada? ¿Hubieran buscado a sus agresores? La respuesta es no. Y sé que es no porque no les importa hacer justicia. Por eso hay quienes, como yo, no decimos nada y solapamos la violencia del sistema por no pasar por un proceso terrible y criminalizante.

La cosa es que aquí está en juego demasiado. Yaki debe salir de la cárcel. Yaki debe recibir justicia real. Y quienes nos callamos antes no nos vamos a callar más. Porque ya fue suficiente, porque odio el hecho de que mi agresor esté libre y camine sin miedo, mientras yo no quiero que la gente me toque. No estamos pidiendo justicia para Yakiri, la estamos exigiendo, la exigimos por todas quienes nunca tuvieron ni tendrán esa oportunidad. Por esas familias que nunca van a ver más a sus hijas, por todas nosotras que vamos a gritar y a desgañitarnos hasta que Yaki esté libre.

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