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[Opinión] Los intentos de acabar con el movimiento en Río de Janeiro

Por Leticia Alves Maione

Militante del Colectivo Feminista Luiza Mahin, de Rio de Janeiro.

Mientras la atención internacional dio por concluido el mundial en Brasil, el legado del mundial sigue afectando de manera deshumana la vida del pueblo brasileño. El empobrecimiento, la precarización de la vida, el genocidio negro, el control militar y la sumisión política y administrativa de los territorios, la negación de los derechos, son consecuencias del manejo del Estado junto a las grandes empresas nacionales e internacionales que buscan sacar el lucro más grande que consigan al vender nuestras ciudades, tierras y recursos naturales: nuestra cultura.

Quieren reunir todo eses elementos y venderlos sobre la imagen de nación próspera, que para su gente, Brasil nunca fue, aunque históricamente se ha empeñado en difundir internacionalmente esta imagen construida.

Desde que llegué a México, tengo cada vez más consciencia sobre ese punto. Veo como fue una de las grandes marcas del gobierno de Lula (Partido de los Trabajadores – PT) difundir por América Latina que en Brasil hay una supuesta prosperidad económica que alcanza a todas,os y que tal hecho lleva a la justicia social.

Frente al despojo de todo que es nuestro por derecho, el pueblo brasileño ha contestado de manera resistente, por medio de manifestaciones en las favelas, en el centro de las pequeñas y grandes ciudades y desde el campo, en la construcción de asambleas locales y ocupaciones de las casas legislativas del país y con la articulación de grandes categorías de trabajadoras y trabajadores. Lo que viene ocurriendo en Brasil se trata de un (o varios) movimiento (s) de construcción histórica por parte de la sociedad para avanzar en términos de derechos (esos que nunca tuvimos o que nos están siendo quitados) y del sistema político.

Por lo anterior, creo que importantes procesos subjetivos también se están dando colectivamente y es ahí que habita, en mi opinión, la construcción de la resistencia de muchos sectores sociales, de las y los jóvenes, del pueblo de periferia y favelado, entre otros. Estas colectividades decidieron (y están decidiendo a cada acción de protesta, en las cuales sus vidas corren riesgo) que no van a desistir de la movilización y organización sociopolítica por nuestras demandas.

Pasado el mundial, que es sólo uno de los grandes proyectos basados en la idea de desarrollo y saqueo en Brasil, el plan del Estado por parte de las fuerzas del gobierno y de las grandes empresas es el aumento de la represión para exterminar las construcciones de los movimientos, sobre todo de los esfuerzos más autónomos. En este sentido, el foco del exterminio se vuelve hacia las fuerzas que están peleando todos los días en sus comunidades en contra del desalojo y de la demolición de sus casas, de la matanza de las personas pobres por la policía o por la falta de servicios públicos básicos a la vida. Son estas fuerzas, que no comparte la moral burguesa, y crean sus formas de manifestar y organizarse.

En Brasil, la persecución llega a las y los manifestantes de manera diferente dependiendo de la clase, género, color de piel/razializacion, de la orientación sexual, de la edad. Las opiniones se dividen entre las y los que dicen que hay un regreso a la dictadura y las y los que dicen que nunca hubo democracia en un país donde siempre hubo muertes diarias, criminalización e injerencia en el espacio y en las actividades de las comunidades negras y pobres (de los ‘cortiços’ a las favelas) por el Estado y por los narcotraficantes. Sin embargo, cuando la represión llega a la clase media, entonces, la alarma suena.

Lo que quiero decir es que la alarma debe sonar cuando los derechos no son reconocidos a cualquier ser humana y humano. Como dice la compañera Jose, una de las miles de perseguidas políticas por el Estado en este momento: “Nadie se queda para atrás”. Estamos en medio de un larguísimo camino para la igualdad social en Brasil, para que se reconozca la violencia y el atentado a la vida de las personas negras y faveladas en igual proporción que a las personas brancas y de clase media.

El año pasado, fuertes denuncias de la sociedad civil promovidas especialmente por grupos del movimiento de juventudes, de favelas y negro del Estado de Rio, fueron creadas, principalmente, después de los asesinatos por parte de la policía de Amarildo de Souza, morador de la favela de la Rocinha y de Claudia Silva Ferreira, arrastrada después de muerta en el Morro da Congonha. Todavía, estos y miles de otros casos de muertes y desaparecimientos de moradoras y moradores de favelas, involucrados o no en los protestos, siguen sin justicia.

La justicia tampoco llega a Rafael Braga Vieira, morador de la calle que fue detenido en los alrededores de la manifestación de 20 de junio de 2013, en el centro de Rio de Janeiro, por cargar materiales de limpieza, que según la policía “serian altamente incendiarios”. En este momento, Rafael se encuentra preso y condenado a cinco años de prisión.

Sobre Joseane Freitas – Feminista y periodista, Jose es una de miles de manifestantes que se están organizando y movilizando a pesar de la represión física y psicológica que las diversas esferas articuladas del Estado están fuertemente empeñadas en realizar. Además de Jose, más 22 militantes están siendo falsamente acusadas y acusados de participar de acciones directas durante los protestos en Rio de Janeiro. Fueron detenidas y detenidos en el sábado (12), un día antes de la final de la Copa como una de las estrategias para amenazar y acabar con los protestos el domingo. Algunas de las personas ya habían sido libertadas con habeas corpus, cuando el Ministerio Publico resolvió rápidamente aceptar las denuncias, generando así el pedido de prisión preventiva a las y los protestantes.

Ciertamente tuve dificultad hasta para describir en este texto el por qué Jose y las otras 22 personas están siendo demandas por el Ministerio Publico ya que no se explican objetivamente sus crímenes por falta de evidencias y por un proceso totalmente viciado. Globo, una de las empresas de comunicación más grandes del país y la que más criminaliza a los movimientos sociales, resalta el carácter de guerrilla que apunta el informe de la policía sobre las acciones.

De esa manera, los medios cumplen la función de inflamar la opinión pública en contra de las y los manifestantes, ayudando a legitimarnos en cuanto criminosas y criminosos, mientras nos quitan nuestro derecho a la libre manifestación y organización. Entre las fuerzas que apuntamos como responsable del exterminio del movimiento en Rio de Janeiro están la intendencia de Eduardo Paes y el gobierno de Sergio Cabral/ Luiz Fernando Pezão, los tres del Partido del Movimiento Democrático Brasileño – PMDB; el gobierno federal de Dilma Roussef del Partido de los Trabajadores – PT; y los conglomerados financieroseconómicos, entre ellos las empresas Odebrecht S.A y el Grupo EBX.

¡NOSOTR@S, PARTE DE LA PROTESTA SOCIAL, EXIGIMOS LA JUSTICIA A TOD@S: A CLAUDIA SILVA FERREIRA, AMARILDO DE SOUZA, RAFAEL BRAGA VIEIRA, A TOD@S DESAPARECID@S Y ASESINAD@S POR LA POLICIA, A JOSEANE DE FREITAS Y L@S 22 MANIFESTANTES ACUSAD@S Y DETENID@S INJUSTAMENTE EN RIO DE JANEIRO!

¡PROTESTAR NO ES CRIMEN!

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