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[Opinión] Su «justicia» no es la nuestra

Imagen: Fotografía de Mara Fernanda Castilla Miranda, tomada de e-consulta Veracruz

Por Montserrat Pérez

“¿Dónde está Mara?”, preguntaba ayer al medio día, mientras compartía una nota sobre cómo sus pertenencias habían aparecido en Tlaxcala y temían que fuese víctima de trata. En ese momento aún pensaba que tal vez la encontrarían con vida, esperaba que la encontraran con vida, que regresara con su familia. Aún había esperanza. Pocas horas después se actualizó la noticia: también encontraron el cuerpo de Mara. Mara fue asesinada.

Mara Fernanda Castilla Miranda no sólo fue asesinada, fue abusada y secuestrada. Estaba en Cholula. Pidió un taxi de Cabify, una aplicación de transporte privado supuestamente “seguro”. Una de las pocas alternativas en un país en el que a veces elegir transportes y calles para caminar se siente como una ruleta rusa. El tipo, identificado como Ricardo Alexis “N” (claro, a él le protegen su identidad) la llevó a un motel en Puebla donde presumen que la asesinó el mismo día que desapareció: el 8 de septiembre. Posteriormente, se la llevó a Tlaxcala, donde la encontraron envuelta en una sábana del motel.

Clamamos justicia. Clamamos venganza. Pero desde anoche que no dejo de preguntarme cómo será esa justicia, cómo será esa venganza. ¿Qué es justicia para nosotras? ¿Existe la justicia para las mujeres en México? ¿Cómo confiar en un sistema cómplice, en un Estado feminicida? Sí, atraparon al asesino, pero, a diferencia de Mara, él tendrá una vida. Sí, estará tras las rejas, pero tendrá posibilidad de sonreír de nuevo, de disfrutar el abrazo de alguien, de sentir el sol en la cara. Y, mientras tanto, a nosotras nos van a seguir asesinando.

“Me mandas un mensaje cuando llegues”. Nosotras sabemos, nosotras nos cuidamos. No somos nosotras. Y, sin embargo, la responsabilidad de no morir cae sobre nuestros hombros. Cuando estaba en la universidad no entendía por qué mi madre se alteraba tanto cuando no llamaba o no llegaba a la hora que le decía. Con el tiempo, entendí. Siempre está la posibilidad de que no lleguemos. Y eso aterra, hiela la sangre.

Ayer también comparti, antes de saber lo de Mara, un texto que escribí hace dos años sobre las posibilidades de morir por ser mujer en este país. ¿Cuántas de nosotras nos hemos sentido vulnerables? ¿Cuántas hemos escapado a esa posibilidad? Estoy harta de tener miedo. Estoy harta de llorar los asesinatos de mujeres. Estoy harta de tener que andar con las llaves entre los dedos y la mandíbula apretada cuando salgo a la calle.

Tenemos derecho a vivir seguras. Y tenemos derecho a hacernos justicia. A repensar qué entendemos por justicia y cómo aplicarla. Lo que hay es insuficiente, no sólo es insuficiente, está hecho para que todo siga igual y eso es intolerable. Que nuestra rabia sirva como motor. No podemos esperar más.

 

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La Crítica