Tres historias de autodefensa

Angélica Soriano López

Si piensas que eres la única que se ha sentido como “loca” por haberle gritado a algún acosador en el transporte público, podrías estar equivocada. Te presentamos estas cotidianas y muy honestas historias con las que seguramente te vas a identificar.

Primero vamos a echarle un ojo a las cifras: de las 3.8 millones de mujeres de 15 años y más que habitamos en la Ciudad de México, 79.8% (o sea 3 mil millones) alguna vez en nuestra vida hemos vivido una forma de violencia. Pero el acoso sexual en espacios públicos en la CDMX ya es una epidemia; tan sólo de 2014 a 2017 las denuncias por esa violencia aumentaron más de 400%.

Pero independientemente de las estadísticas (a las que les creemos a medias) ¿te has preguntado cómo enfrentamos esto las mujeres?, ¿cómo reaccionamos?. Me puse a platicar con distintas mujeres al respecto. La experiencia fue catártica: 

Platiqué con Fanny, una odontóloga de 31 años, sobre los numerosos acosos sexuales que ha vivido; las dos coincidimos en que sería fabuloso que sólo nos tocara vivir en toda la vida uno como máximo, o ninguno, claro, pero no, para nada es así; el acoso es cosa de todos los días.

Fanny recordó cómo actuó cuando en el RTP que va rumbo al Reclusorio Norte un vato de unos 29 años, de apariencia “normal”, jeans, playera, mochila y bien aseado, se sacó el pene y se lo restregó en la pierna.

“Me di cuenta que yo también puedo ser agresiva, que me puedo defender y que no pasa nada, o sea, a veces te da miedo levantar la voz y que te pueda decir algo el acosador, pero en este caso ¿qué me iba poder hacer, darme de vergazos?”

Fanny, que se describe como una chica despistada, amante de sus audífonos y relajada, recuerda perfectamente cómo pasó todo ese día.

“No mames, qué te pasa pendejo, métetelo, ¿por qué haces eso?» -le dijo- Y ahí fue cuando toda la gente se dio cuenta, creo que le grité de más (…) el punto es que cuando pudo bajarse el wey, todo el RTP comenzó a gritarle de cosas y fue ahí entonces que también aproveché y descargué mi furia a gritos”.

Fanny está convencida de que al levantar la voz obtienes el poder sobre cualquier situación que te pase “tú tienes el poder de decir, ¡no quiero esto! y expresarlo, además después de que todo pasa también te sientes empoderada”.  

La CDMX es una de las 11 entidades del país que tiene tipificado el acoso sexual en el artículo 179 del Código Penal del Distrito Federal desde el 2009.

Pero los tipos de acosos son muchos. De esto me habló Shany, una chica de 31 años, que se la pasa todo el tiempo en el transporte público por su trabajo. Ella sabe bien cómo defenderse en esta gran Ciudad.

“Mi vida en el metro es correr, con las manos llenas siempre. En una ocasión, al entrar al vagón, un tipo que iba saliendo me agarró una bubi, entonces (…) le empecé a pegar con las cosas que traía en las manos, afortunadamente intervinieron las personas a mí alrededor”.

Esa tarde Shany no pudo quedarse a denunciar al cerdo, ya que tenía que ir con un cliente que era clave para ella, sin embargo, el levantar la voz hizo que las autoridades del metro se lo llevaran y que las personas que estaba en ese momento se dieran cuenta que la había agredido.

Shany es muy consciente de que todas reaccionamos de manera diferente ante estos actos por lo que a ella le ha funcionado vivir alerta, pero no en pánico y sobre todo hacerle frente siempre a estas situaciones.

“Si ya te está pasando defiéndete, siempre que grites y hagas un escándalo alguien va a voltear y ese tipo de personas siempre van a huir al ser expuestas porque lo que buscan es pasar desapercibidas” 

¿Pero por qué no denunciamos si existen leyes a las que podemos recurrir cuando somos víctimas de acoso sexual en cualquier espacio público? Shany no podía darse el lujo de perder todo el día en el Ministerio Público.

“Hace años me pasó algo similar en el metro: detuvieron al hombre y nos tuvieron todo el día en el Ministerio Público, a mí me trataron muy mal y nunca me dejaron levantar la denuncia, así que mejor le hablé a un amigo para que fuera por mí porque ya eran las 11 de la noche”.  

Existe una norma que estipula que el agresor puede recibir una pena de uno hasta tres años de prisión y el Código Penal Federal dice que el acusado será multado con 40 días de salario mínimo, es decir 3 mil 500 pesos, pero nosotras lo estamos haciendo a nuestra manera.

Las mujeres que tomamos el transporte público y que normalmente somos trabajadoras y estudiantes no podemos perder un día entero en el Ministerio Público para intentar levantar una denuncia que no tendrá ninguna consecuencia, porque las mismas autoridades nos cansan o amedrentan para no continuar con el proceso. 

Así que cada día somos más las mujeres que no nos callamos ante las violencias, sin importar la edad, condición social, estatus económico y aspecto físico que tengan nuestros agresores; ahora nosotras estamos dispuestas a romper la violencia con el sonido de nuestra voz. 

Y para muestra, una de las tantas experiencias de Victoria Violeta, cantante de 30 años de la CDMX. Entre risas y un delicioso “café habana”, ella me platicó que un día saliendo de su casa pasó frente a un camión y escuchó un “adiós mi amor”. Se sorprendió mucho, no porque fuera ofensiva la frase, sino porque era la voz de un niño.

Me regresé tantito para mirar dentro del camión y vi a un adulto y a dos niños, uno como de 10 años y el otro como de siete, así que les dije: ¿quién fue, quién me dijo eso? obvio ninguno se atrevió a decirme nada, sólo se quedaron viendo entre sí mientras que el adulto actuaba como si nada estuviera pasando.

Victoria estaba muy enojada así que continuó: creo que es importante que sepan desde niñitos que a las mujeres se les respeta, a mí no me gusta que me anden diciendo cosas en la calle así que de una vez aprendan a respetar a las mujeres porque un día una les va a dar un chingadazo y no les va a gustar.

Conozco poco a Victoria y creo que es una feminista de hueso violeta, de esas a las que ya no les da miedo hablar. Yo ya no me hago la que no escuchó, antes lo hacía, o sea era mi manera de sobrevivir, pero ahora ya no me hago la que no sucede, porque si sigo haciendo eso, va a seguir sucediendo hasta el infinito.

Cada una reaccionamos dependiendo nuestra historia de vida, el contexto en el que sucede el acoso, nuestro estado emocional y muchos factores más ¿pero cuál es la correcta?

Después de estas charlas creo que es la que te haga sentir segura, más fuerte y libre. Recuerda que estamos en todo nuestro derecho a rechazar miradas, palabras, tocamientos, insinuaciones y cualquier acto que nos haga sentir incómodas.

Pero por ninguna circunstancia hay que ponernos en riesgo, nuestra prioridad es nuestra seguridad, así que si por alguna situación no podemos o queremos hacerlo, ¡no te autoflageles, también se vale!

Por el momento, éstas son algunas de las tantas formas que hemos adoptado para exhibir a nuestros acosadores, hacer tantita justicia social, desahogarnos y compartir nuestras historias de poder para dejar de creer que estamos solas. 

*Reportaje realizado en el curso "Reporteras Feministas" de Ímpetu Centro de Estudios A. C. La autora buscó, a través de su estilo, subvertir la forma impersonal del lenguaje en el periodismo y respetar lo más posible el habla de sus entrevistadas.

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