María José Fiallega
 

No quiero sentir vergüenza de mi cuerpa, porque no encaja en los imperativos de belleza patriarcal-heterosexual-capitalista.

No quiero sentir culpa toda mi vida.

No quiero vivir con miedo a que me asesinen por el hecho de ser mujer.

No quiero callarme todas las cosas que me lastiman para evitarle la incomodidad a otr@s.

No quiero ser violentada por este sistema económico-político-cultural.

No quiero que los hombres me digan que exagero, que estoy loca, que soy feminazi.

No quiero que me violenten verbalmente con «piropos» en la calle.

No quiero que haya trata de mujeres en el mundo.

No quiero que abusen sexualmente de niñas y niños.

No quiero escuchar que las mujeres somos culpables de que nos maten, nos violen, nos insulten.

No quiero seguir perpetuando las violencias y la dominación.

No quiero tener relaciones sexuales por complacer a los hombres.

No quiero que los hombres sigan dominando a las mujeres, estoy tan harta.

No quiero que las mujeres se tengan que hacer abortos clandestinos.

No quiero que las canciones, las películas, las telenovelas, los programas, los periódicos sigan descalificando la digna lucha de las mujeres.

No quiero ser un instrumento de reproducción del sistema podrido.

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Prefiero saber que he sido dominada por el heteropatriarcado que no saberlo.

Prefiero apoyar a otras mujeres que rivalizar con ellas.

Prefiero romper el silencio.

Prefiero dejarme las canas con orgullo de mis años de experiencia.

Prefiero subir unos kilos, que restringirme de disfrutar la comida que me gusta.

Prefiero compartir mi tiempo con otras mujeres, en lugar de con hombres.

Prefiero vivir mi cuerpa sin culpa ni vergüenza.

Prefiero dejar de creer todas las mentiras que el patriarcado me ha dicho.

Prefiero dejar de seguir los mandatos del consumo, la moda y las apariencias.

Prefiero gastar mi dinero en terapia para sanarme que en un vestido y unos zapatos de tacón.

Prefiero reír que llorar.

Prefiero tener amigas que amigos.

Prefiero no tener religión, pero si espiritualidad.

Prefiero sanarme y sanar con otras otras.

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Soy yo, soy tu, soy nosotras, soy las que se fueron, soy las que están en camino.

Soy la rabia, la tormenta, la noche, la oscuridad.

Soy el día, la luz, la llama encendida.

Soy la que rompe el silencio, la que grita, la que te incomoda con la cruda verdad.

Soy la que llora, la que se encierra en si misma, la que se lame las heridas.

Soy la que habla, la que nombra, la que dice que le duele y que le enoja.

Soy la que sana su linaje, en mi terminan las historias de dolor de mis ancestras y comienzan nuevos caminos de  amor y alegría.

Soy la que ríe, la que canta, la que disfruta la comida, la que se ama, la que baila, la que tiene placer.

Soy la que dice no más violencia, no más despojo, no más sufrimiento en mi vida.

Soy la que ama a otras mujeres, la que crece con ellas, la que escucha y es escuchada.

¡Soy yo! ¡soy yo! ¡soy yo! ¡me pertenezco!

 

*Este texto fue realizado en el marco del curso «Sanar como proyecto feminista» de Ímpetu Centro de Estudios A.C. 

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