Feminismo

No necesitamos permiso para escribir nuestras opiniones 

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa

Un grupo de reporteras me platicó que los jefes del medio de comunicación en el que trabajan les piden que lean las editoriales (comentarios o análisis de una o varias noticias) que ellos escriben, pero no les dan oportunidad de elaborar a ellas sus propias reflexiones.

Otra compañera me contó que en su medio el jefe editorial prefiere publicar a articulistas hombres, incluso si hablarán sobre las mujeres, porque sus análisis “son más neutrales”; y a otra colega que consiguió una columna de opinión en un medio, le piden constantemente que coloque en ella un tema de agenda nacional como política o economía, pero que no involucre temas sobre mujeres “porque para eso ya escribe alguien más”.

¿Mujeres reproduciendo discursos y subjetividades de hombres? ¿Mujeres con propia capacidad de análisis reproduciendo el pensamiento de alguien más? ¿Mujeres con espacios limitados para hablar sobre nosotras, la mitad de la población?

Estos hechos evidencian una práctica de simulación en la prensa. Con ella se busca esconder que los espacios de opinión, análisis o reflexión en los medios siguen coptados por el pensamiento masculino, incluso si las que los firman o leen a cuadros son mujeres. 

Los espacios de opinión en los medios de comunicación, como las editoriales, las columnas, los análisis, los ensayos, y otros, son los lugares para las ideas. Ahí se permite el desarrollo de argumentos en defensa de una postura con respecto a un hecho de relevancia pública. Por eso es importante que en ellos también esté la visión de las mujeres, de las periodistas, de las trabajadoras y de las feministas. 

En el primer caso que les contaba, ¿por qué no leen sus textos los propios autores? ¿Por qué quieren hacer creer a las audiencias que están abriendo espacios a más mujeres cuando realmente no se les permiten la propagación de sus propias ideas? 

Y otra cosa, ¿la visión de un medio no es al final del día la mirada, el toque, el estilo, el enfoque, la visión que hizo la reportera al investigar y escribir sobre esa noticia? ¿La visión de un medio no es también, o al menos podría, una reflexión colectiva y profesional de quienes trabajan en él? 

La respuesta: la simulación. Durante una sesión de 2018 de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW, por sus siglas en inglés), expertas en comunicación y derechos de las mujeres llegaron a la conclusión de que los Estados y las empresas son quienes menos invierten recursos e investigación para contribuir a la igualdad de género desde los medios de comunicación, por lo que gran parte de los escasos avances ha corrido a cargo de las periodistas, las feministas y las investigadoras. 

Ahí también se dijo que los avances en los medios para erradicar la violencia contra las mujeres son lentos, y hubo un estancamiento desde 2010 para lograr transformar la representación estereotipada de las mujeres; también hubo un retroceso en el acceso de las mujeres a la tecnología; y un aumento de 202% de la violencia contra las periodistas en algunos países, como México.

No necesitamos permiso

Ante la insistencia, a las periodista del primer caso les pidieron esperar a que el jefe autorice que ellas escriban sus propios textos de opinión, ¿pero esperar a qué? 

Esto me recuerda que la primera vez (1916) que se habló en este país de reconocer la ciudadanía a las mujeres se les pidió esperar a que estuvieran más preparadas, más educadas, más formadas cívicamente. Mientras, los hombres, con educación formal o no, conciencia cívica o no, ya podían elegir a los gobernantes. Las mujeres tuvieron que esperar cuatro décadas más (y casi una decena de presidentes que ellas no eligieron) para ejercer el sufragio. 

¿En la prensa las mujeres deben esperar el permiso de los hombres para la propagación de sus propias ideas? Parece que sí, y que deben esperar a ser autorizadas por un hombre que les exige demostrar que son capaces, doblemente capaces en su condición de mujer. 

¿Capaces de qué? ¿De construir un argumento, un análisis o una reflexión en torno a un tema de interés público, de tener razón en su lógica de pensamiento, y de ser lo suficientemente persuasivas y convincentes con su mensaje?

Bueno, creo que la historia ha demostrado que las mujeres feministas somos capaces de hacer los textos más incendiarios y convocantes. Un ejemplo es Olympe de Gouges, que escribió en plena Revolución Francesa la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Con esta declaración dejó en claro dos cosas: 1) las mujeres somos humanas, ciudadanas de las naciones y protagonistas de la historia del mundo y sus revoluciones; y 2) los hombres no nos van a conceder nada a menos que les beneficie, ¡hagámoslo nosotras mismas!

Tal vez lo que realmente necesitan comprobar es que somos capaces de desarrollar un pensamiento similar al de ellos, que comulgue con los intereses económicos, políticos y sociales y que no amenace el sistema de valores en el que se paran desde su posición de jefes. Tal vez sólo así estén dispuestos a compartir la pluma.

Hágalo usted misma

Por eso, lo que realmente funciona a las mujeres es asumir que no necesitamos en realidad el permiso de nadie para escribir, mucho menos para la propagación de nuestras ideas individuales y colectivas. 

Ahí está el caso de la periodista anarquista Juana Belén que, al ser crítica con el pensamiento de los hermanos Flores Magón en la misma revista en la que colaboraba con ellos, fue expulsada y difamada en todos los espacios políticos. Y en esta anécdota Juana nos dio una lección: formó su propio medio llamado Vésper, en el que no sólo denunció públicamente a los Magón, sino que reivindicó la libertad de pensamiento de las mujeres. 

En el caso de las sufragistas mexicanas, aún sin que se les reconociera como votantes, varias de ellas ejercieron su ciudadanía de formas no convencionales, desobedientes y autogestivas: formaron ligas de mujeres para la exigencia de sus libertades políticas y otras hicieron cabildeo secreto por medio de cartas con figuras políticas; se manifestaron pacífica y no pacíficamente; e infundieron pensamientos políticos bajo seudónimos o nombres reales en la prensa nacional.  

Que quede claro: las mujeres no sólo tenemos derecho a ser informadas, sino a que no se obstaculice nuestro libre pensamiento y nuestra libertad de prensa.

No permitamos que el patriarcado use más nuestro nombre o nuestra imagen para difundir las ideas que a ellos les conviene. Es una estrategia con la que el patriarcado y el neoliberalismo se ha infiltrado en el pensamiento radical y transformador que propone el feminismo. 

Construyamos juntas (y démosle la máxima publicidad) todos los espacios de opinión que alcancemos para llenarlos de nuestras propias reflexiones y análisis. Esos son los rincones más vigilados por el patriarcado, que busca evitar a toda costa que resurjan a borbotones las regocijantes fuentes de nuestras ideas. 

Pero al final del día, con nuestros espacios, no necesitamos su permiso para escribir nuestras ideas… ni sus medios para hacerlo.

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