Análisis

¿No es raro que el mes de la menstruación sea mayo?

Mayo, menstruación y “día de las madres». Una crítica necesaria. 

Por ItzelTal y Lara La Risa

“Aquí descubrimos el principio cardinal sexista ontológico: la única mujer buena es una mujer muerta. Cuando ella es mala vive, o cuando vive es mala. (Y al estar viva)[1] ella tiene una función real, la maternidad.” (Andrea Dworkin, 1974, p. 20) 

“No sólo naturalizamos la historia, sino que también, en consecuencia, naturalizamos los fenómenos sociales que manifiestan nuestra opresión, haciendo imposible cualquier cambio. Por ejemplo, no se considera el embarazo como una producción forzada, sino como un proceso “natural”, “biológico”, olvidando que en nuestras sociedades la natalidad es planificada (demografía), olvidando que nosotras mismas somos programadas para producir niños, aunque es la única actividad social, “con la excepción de la guerra”, que implica tanto peligro de muerte.” (Monique Wittig, 1981, p. 33)

 

Aquellas de nosotras que no estamos volteadas (volcadas) para la maternidad y llevamos perspectivas críticas al respecto, contamos con muchos aspectos políticos que nutren nuestra percepción y certezas, cosa que nos vale el entendimiento y la defensa para hacer visibles nuestras posturas, dando así oportunidad a sentir nuestras existencias mayormente llenas de vida, libertad y posibilidad de encuentro y construcción de la alegría desde nosotras mismas. 

Quiero contarles algo. Una amiga que tiene una hija de 5 años, en la reciente fecha de mayo en que se celebra a las madres, ha empezado el día hablando en sus redes sociales de su relación con su hija. En el relato traía una parte de la plática suscitada entre ellas, donde le decía: “-Hija, hoy vamos hacer un video para desear feliz día de las madres para todas: las tías, las abuelas…” su hija la interrumpe diciendo: “-Y para mí también vamos a desear feliz día de las madres”. ¿Cómo? Si ella es una niña. Mi amiga sigue su historia contando de la emoción que habría sentido al escuchar esas palabras de su hija, que quisiera felicitarse a sí misma pues “también va ser madre un día”.

La niña, a tan corta edad ya ha sido intervenida por el contrato sexual, ya habla del día en que será madre. ¿Cuánto bastó en este mundo para que operara tan efectivamente la pedagogía de la opresión? ¿Por qué las niñas tendrían que estar pensando en la maternidad? ¿Es esto motivo de alegría y festejo? Piénsalo profundamente recordando a tus abuelas, madres, tías, hermanas, amigas, a ti misma.

Sabemos que como mujeres no somos las que organizan y definen la sociedad como la conocemos –ordenada, pensada, regida y legislada desde las reglas del sistema patriarcal, capitalista y heterosexual. Pero como mujeres se espera/exige de nosotras que fomentemos y hagamos la transmisión de todas las dimensiones de esa lengua y cultura que no son nuestras. Se espera/exige que sigamos como sirvientas de la heterosexualidad obligatoria, brindando nuestro cuidado, afecto, energía y toda nuestra vida a los hombres – como se nos enseña desde muy temprana edad, por ejemplo, con los cuentos de princesas, las canciones o las palabras que directamente escuchamos donde nos explican quiénes somos y para qué estamos aquí. La perversión se acentúa cuando se nos dice que para ser exitosas y sentirnos completas, no importa qué tanto hagamos en el transcurso de la vida, la validez y realización sólo llegarán a través de la completa aceptación y cumplimiento de ser madres. 

Pensaríamos que quizá el cumplimiento llega cuando has parido. Pero sabemos que no, la maternidad sigue a lo largo de la vida, después de parir la tarea de las mujeres es también formar -bajo coerción- a las que vienen para seguir dando sus cuerpas y vidas en esa estructura de bucle y repetición – lo que define también los “éxitos” de cumplir su función como mujer-madre enseñando a las otras que deben desearlo y hacerlo también. Y ni aún en ahí llega el supuesto éxito, realización o demás etcéteras, ¿verdad? Hablamos de la pedagogía de la opresión, donde las otras han sido tomadas como rehenes para enseñarnos a nosotras lo que es ser mujer-madre[2], todo a partir de la construcción estructural erigida por la clase de los hombres para seguir sosteniendo el sistema Patriarcal-Capitalista-Heterosexual.   

En los últimos años tengo la suerte de estar en espacios seguros exclusivos entre mujeres, donde hablamos de nuestras cuerpas y especialmente sobre menstruación; buscamos relacionar las implicaciones de acercarnos al feminismo en nuestras comprensiones y miradas hacia nuestro sistema útero-genital. Ahí hemos hablado repetidas veces de cómo la llegada de la menstruación tal vez ha sido uno de los momentos más marcados por la heterosexualización en/de nuestras vidas, una vez que es en la menarca que a la mayoría de nosotras se hace escuchar: “-Ya eres una mujer” seguido de “-Ya puedes ser mamá”, en tonos que varían entre tristeza, preocupación, enseñanza y en gran parte de las veces, felicidad. Una felicidad que muchas de nosotras -por cierto- no logramos comprender. Te hacen creer ahí, definitivamente, que llega el tiempo de cumplir tu función, que por fin se ha revelado aquello para lo que viniste al mundo. Sin advertirnos nunca de los riesgos de guerra (Dworkin, 1974) o los peligros mortales (Wittig, 1981) involucrados ahí.

Como nos dice Andrea Dworkin en sus escritos sobre los cuentos de hadas, somos enseñadas desde muy niñas que para ser buenas debemos estar muertas, o casi muertas (La bella durmiente, Blancanieves, etc.) – y de ahí también se nos van enseñando los silencios impuestos, las posturas que debemos tener como princesas enmudecidas en cuerpas adoctrinadas, que deberían, por lo demás, anhelar ser similares copias de muñecas. ¿Por qué insistirán tanto en vendernos/regalarnos muñecas? ¿Cómo moverse con un cuerpo plastificado, rígido, frío?  ¿Cómo hablar con la boca cosida, pegada o rota? 

Una vez que desde niñas también vamos generando sospechas, protestas y resistencias orientadas a negar la estructura patriarcal-capitalista-heterosexual, sobre todo desde la rebeldía originaria que pulsa en nuestra cuerpa en la lesbianidad ancestral que llevamos todas en nuestras úteras – fácilmente también somos enseñadas por medio de esos mismos cuentos que somos malas, que si estamos vivas, somos malas y eso nos impacta de forma tal que pensamos que no es legítimo estar vivas. Y andamos transitando los días con un sentimiento de culpa por…vivir. 

Así que la conclusión es que sólo se nos va a permitir permanecer con vida bajo la condición de servicio, aceptando la maternidad. Vivir al servicio de la reproducción material y simbólica de este sistema que, para empezar, no es nuestro y para seguir, lo padecemos porque se sostiene de nuestra explotación. 

Parte del intento de naturalización de la historia contada por ellos, es que nos quieren hacer creer en nuestra propia opresión, y no sólo creer, sino desear; se encarna en nosotras la marca impuesta por el opresor.

Con todo esto es que llegamos a algo no sólo que preocupa, sino que es alarmante, no por su novedad, sino más bien por la capacidad del sistema de reinventar las formas de cooptación, despolitización, explotación y borramiento simbólico de las niñas y mujeres. 

Si bien la menstruación es una experiencia ancestral entre mujeres y ha sido borrada de nosotras mediante el silencio, ocultamiento, satanización, patologización y despolitización, vemos cómo en este último tiempo se ha hecho más presente en diferentes espacios. Hay lugares profundamente politizados y conscientes, pero hay otros que están tomando protagonismo y se propagan rápidamente, desde posturas neoliberales y anti-mujeres[3]

Primero hay que considerar que el BM, el FMI y la ONU funcionan como organismos internacionales que financian y gestionan la realidad en cualquier nivel imaginable posible. 

Según las orientaciones de la ONU para “quebrar el tabú de la menstruación” se tiene que operar en tres rubros: 

  1. Disminución de impuestos a empresas fabricantes de productos menstruales industrializados
  2. Distribución de absorbentes para mujeres en Instituciones del Estado como la cárcel, hospitales de Salud Mental y Escuelas
  3. Educación sexual. 

Hasta hace poco sólo se habían aplicado, muy convenientemente para el capitalismo, las primeras dos, de las cuales podremos hablar en otros escritos. 

Ahora es importante ver cómo puede estarse aplicando el tercer rubro. 

Una parte es la creación de múltiples colectivos, grupos y ONGs que abordan los temas relacionados con la menstruación y otra parte es los eventos que se van generando para promover los propios temas. 

Un ejemplo es el llamado “Mes de la visibilidad menstrual” que ha sido promovido por las colectivas, grupos y ONGs y financiado directamente por empresas productoras de absorbentes químicos. ¿Pueden ver la contradicción? 

Bien, las empresas que históricamente han contaminado nuestras cuerpas y la tierra, esas mismas a las que se les reduce impuestos y se les permite dar libre y mundialmente a niñas y mujeres su dotación mensual de químicos cancerígenos, ahora son las que determinan las agendas de “educación sexual”, ¿cómo lo hacen? Cooptando mujeres para hacer precisamente el trabajo de reproducción del sistema patriarcal-capitalista-heterosexual que ya se mencionó líneas atrás. Todo al puro estilo del neoliberalismo. ¿Verdad que nada nuevo bajo el sol? 

Para ir cerrando, cabe preguntarse entonces, ¿por qué es mayo el mes de la visibilidad menstrual? Y la respuesta llega pronto, no hay casualidad en la opresión: la menstruación es explicada por el opresor llanamente como “el movimiento cíclico que permite la maternidad”. Mayo es el mes en que se celebra el día de las madres. Mayo es el mes de la visibilidad menstrual. Mayo es el mes en que se siguen regodeando de nuestra opresión corporal, despolitizando nuestra menstruación y haciéndonos creer que podemos celebrar la opresión.

¿No es atroz la relación? ¿No es triste ver cómo hay mujeres cooptadas en estos movimientos y que están reproduciendo los intereses neoliberales de los mismos organismos internacionales que nos someten y enferman? ¿No resulta perverso seguir vinculando la menstruación a la maternidad sin considerar nuestras cuerpas, nuestra ciclicidad histórica y ancestral y nuestra capacidad de sanar? ¿Cómo es posible celebrar la opresión? ¿Cómo no mirar con un dejo de sospecha y dolor a esa niña pequeña que ya habla de festejarse a sí misma porque un día será madre?

Estamos ante repetidos y reinventados episodios de violencias, imposiciones, formaciones y creencias que van intentando seguir imponiendo sus lógicas desde la heterosexualidad obligatoria y del capitalismo heteropatriarcal en las vidas y las cuerpas de las mujeres. Todo financiado por el opresor, reproducido por las mujeres. 

 

Lecturas referenciadas:

  • DWORKIN, Andrea. Woman Hating. 1974.
  • RICH, Adrienne. Nacemos de mujer. La maternidad como experiencia y como Institución. 1976
  • WITTIG, Monique. No se nace mujer. 1981.

Notas:

[1]Paréntesis de las autoras

[2] Véase Nacemos de mujer, la maternidad como experiencia y como Institución, de Adrienne Rich

[3] Aquí en Abya Yala, por cierto, esto ha venido con mucha fuerza desde Europa, bajo la lógica colonialista

 

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