Feminismo

Mujeres sororarias- Laura Escobar-Colmenares

Mujeres sororarias: La necesidad de establecer otras relaciones entre nosotras

Por Laura Escobar-Colmenares

Desde hace algunos años, cuando empecé de manera más consciente y crítica a mirar e intentar desentrañar el sistema patriarcal que me ha minimizado y negado, me di cuenta del daño que nos ha hecho a nosotras los mandatos del patriarcado, el cual nos va dictando lo que debemos ser y hacer si somos hombres o mujeres.

Este patriarcado nos ha dicho que sólo podemos amar a una mujer de manera incondicional, siendo ésta nuestra madre, sin importar si realmente hay nexos de amor madre e hija, es un mandato y, por tanto, hay que obedecerlo. Cualquier amor a otra mujer no es posible, es casi prohibido, pues entre mujeres es imposible estar juntas, lo refuerzan frases machistas y dichos populares sinfín: “Mujeres juntas ni difuntas”, “el peor enemigo de una mujer es otra mujer”. Así, nos han enseñado a odiarnos, a rivalizar, a enemistarnos, a insultarnos, a discriminarnos. Impensable amar a otra mujer desde nuestro erotismo o deseo, en pleno siglo XXI, es una aberración para nuestra sociedad tradicionalista-conservadora-doblemoralista.

Me acuerdo de las ocasiones en las que he criticado a la vecina, a la compañera, a la mujer que cruzaba la calle… por su forma de vestir, por la forma de su cuerpo, por la música que oye, por el color de su piel, por su estatura, por los zapatos que usa, por cualquier bagatela… ¿A cuantas mujeres critiqué y discriminé? ¿Cuántas veces veía en otra mujer a una rival? ¿A cuantas mujeres odié antes por cualquier motivo, ya sea porque eran la novia de alguien, porque era la que se había quedado con un puesto que era para mí, por considerarla más bonita, más delgada, más grandilocuente, más exitosa? Desafortunadamente, muchas, muchas veces.

Hoy miro a la distancia esas acciones y me duelen. No me culpo, en ese momento tenía la incapacidad de mirarme y darme cuenta que estaba reproduciendo eso que el patriarcado me impuso. Ahora, tengo la posibilidad de reconocer en otras mujeres a aliadas, amigas, hermanas, compañeras de vida. Esto se lo debo a las mujeres, a sus luchas, a sus voces, a las explicaciones que me han dado y que he buscado.

Así, conocí primero la perspectiva de Género, luego me fui acercando a la literatura creada por mujeres y después me encontré con el Feminismo, siempre guiada o acompañada por otras mujeres. Estos hallazgos tan importantes en mi vida me han ayudado a hacerme preguntas, a cuestionar el estatus quo, a encontrarme conmigo misma, a procurar acciones de autocuidado, a querer a las mujeres, empezando por mí.

Dentro del Feminismo, una pista que me parece importante es lo dicho por Marcela Lagarde (quien lo ha recuperado de geografías diferentes). Ella habla de sororidad, que significa “la amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear, convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario. La sororidad es en esencia trastrocadora: implica la amistad entre quienes han sido creadas por el mundo patriarcal como enemiga” .

De manera urgente, en este mundo patriarcal, capitalista, hetenormativo, necesitamos relaciones sororarias entre nosotras, para hacer-nos mujeres libres, autónomas, antipatriarcales, amorosas; reconociéndonos diversas, diferentes, pero, al mismo tiempo, hermanadas, en complicidad primigenia y desde ahí, desde esa transgresión, construir mundos diferentes.

Miro a mi madre y me veo en ella, miro a mi sobrina y me veo en ella, veo a mi amigas y me veo en ellas, veo a mi alrededor y estoy entre muchas mujeres, madres, amigas, hermanas, maestras, brujas, locas, irreverentes, emparejadas, enamoradas, solas, viajeras. De cada una aprendo, cada una va siendo parte de mí. Estoy dispuesta a relacionarme de manera diferente con las mujeres, a despatriarcalizar mis afectos, a conocer y valorar mi linaje femenino. Quiero cultivar relaciones amorosas con las mujeres, estar dispuesta a amarlas por lo que son y juntas deconstruir muchos de los preceptos elaborados desde el deber ser, desde los roles de género preestablecidos. Es indispensable ya no vernos como enemigas, lo podemos lograr cuando miremos que no es natural odiarnos, que alguien dijo que así tenía ser, pero más que nunca tenemos que desobedecer. Es necesaria la creación de comunidades sororales para poder disfrutar de una vida plena, con libertad, sin prejuicios, diversa; una vida llena de colores y de mujeres libres.

Comments

comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!