Feminismo

[Letras Púrpura] Mujeres indígenas. Despojo de territorio-cuerpo.

Imagen: NoticiasSer.PE

Por María Luisa Camargo

Las violencias históricas y opresivas existen tanto para mi primer territorio cuerpo, como también para mi territorio histórico, la tierra. En ese sentido todas las formas de violencia contra las mujeres, atentan contra esa existencia que debería ser plena. Lorena Cabnal1

Para abordar el tema del despojo en los pueblos indígenas y cómo es que las mujeres están habitando dicho contexto, es necesario entender que al tratarse de pueblos comparten historias de racismo, subalternización, constantemente se niega la escucha de la palabra propia, incluso la academia les ha tratado como objetos y no como sujetos, se ha negado la subjetividad y por tanto, la capacidad de acción. Sí, es ésta la historia hegemónica respecto a los pueblos, sin embargo existen otras historias, las historias que son habitadas, construidas por las personas de los mismos pueblos, historias de lucha, de resistencia, de fiesta, de comunidad.

Para Lorena Cabnal, hermana maya-xinka feminista comunitaria, las sociedades originarias de Abya Yala se fundan en raíces milenarias “basadas en sus propias filosofías y paradigmas cosmogónicos ancestrales”2. Parto de ésta afirmación, ya que el conocimiento de Lorena es situado, al habitar un territorio estado nación como el guatemalteco sabe que el despojo es una constante, ya que ella lo ha vivido en cuerpo propio. La cosmogonía cuerpo-territorio tiene, entre otras intenciones, recuperar aquel espacio primigenio, el cuerpo individual con intenciones políticas emancipatorias, ya que éste ha sido espacio de disputa del patriarcado. Hacer recuperación de él llevará a la recuperación colectiva del territorio tierra, forma parte de saberes ancestrales, que están contenidos en cuerpos individuales, con identidades diversas, humanas. Saber que el poder hegemónico conoce y, por tanto, cuando se tienen proyectos de desarrollo capitalista, está implícito el despojo, pero no se trata sólo del despojo territorial, se comienza con el despojo de saberes, de cosmogonías y para ello tienen a la mano una herramienta que está bien cimentada y aceptada socialmente: el racismo.

Frantz Fanon y Silvia Federicci coinciden en que en ocupaciones con intenciones de despojo, colonialistas, las mujeres tenemos un papel relevante. Fanon nos dice “si deseamos atacar a la sociedad argelina en su contexto más profundo, en su capacidad de resistencia, debemos en primer término conquistar a las mujeres; es preciso que vayamos a buscar detrás del velo en que se esconden, en las casas donde las oculta el hombre”3. El racismo así fue una de las herramientas para poder dominar a las mujeres musulmanas, a la población en general. En cuanto a Federicci, la caza de brujas en la Edad Media primero en Europa y posteriormente puesta en práctica en América tuvo como objetivo dominar finalmente a la gente campesina, que durante siglos había permanecido libre, en sus campos, trabajando la tierra. Las mujeres tenían mucho contacto con las plantas, con las formas en que la naturaleza se reproduce, el ejercicio de su sexualidad era libre, el contacto las llevó a tener conocimientos amplios de su funcionamiento y así podían evitar un embarazo, alguna enfermedad. Para dominar se comenzó con el cerco, llevando al desplazamiento a poblaciones completas. Nos dice Federicci que hubo resistencia, sin embargo, finalmente se logró la dominación cuando se atacó el núcleo vital de la sociedad: a las mujeres. En su investigación, cree conveniente demostrar que “la persecución de las brujas (al igual que la trata de esclavos y los cercamientos) constituyó un aspecto central de la acumulación y la formación del proletariado moderno”4.

En la guerra que Felipe Calderón ex presidente de México declaró el 11 de diciembre de 2006 han muerto miles de personas. Las mujeres somos quienes lo hemos resentido mucho más. Rita Laura Segato nos dice que las guerras que vivimos actualmente son distintas a las que se vivieron durante el siglo XX, ya que la violencia hacia las mujeres dejó de ser un daño colateral y pasó a ser un objetivo estratégico5. Así, cuando se violenta a una mujer indígena que hace parte de una colectividad como lo son los pueblos, se está atentando en contra de la misma colectividad, se le está despojando de ese cúmulo de sabiduría que el cuerpo-territorio de la mujer posee. Se confabula, entonces, un epistemicidio. Desgraciadamente hay muchos ejemplos que dar en cuanto a despojo. Pueblos wayúu, yukpa, bari que habitan la Sierra de Perijá están haciendo resistencia en contra de mega proyectos, concretamente las mujeres wayúu se han organizado para hacer resistencia contra El Cerrejón, una de las minas a cielo abierto más grandes de América Latina.

En Guatemala, la misma Lorena Cabnal hace parte de una organización de mujeres sanadoras, que han resentido la guerra. Gladys Tzul es una pensadora que nos comparte lo que la comunalidad nos da en contextos de conflicto. En México, las mujeres están en procesos organizativos, buscando formas de generar diálogos. Son subjetividades colectivas que encarnan algunos movimientos políticos, debido a que tejen realidades otras y que han resistido la intención totalizante y hegemónica de igualar el pensamiento y la imagen, a través del control del cuerpo. Han considerado necesario resguardar sabidurías propias, hacer de los espacios de opresión, espacios de resistencia.

Tomaré dos ejemplos. Mujeres wayúu de la Guajira colombiana y mujeres de la montaña de Guerrero en México, mujeres ñuu savi. En contextos de conflicto social, de guerra, es la violencia sexual la que más se reproduce. Para Ochy Curiel, no es lo mismo la violencia sexual ejercida por un actor estatal o avalado por el estado, que aquella que es ejercida por actores armados no estatales, ya que los primeros tienen estructuras consolidadas, toman el cuerpo de las mujeres como botín de guerra, ejercen la tortura sexual con la finalidad de controlar y desplazar territorios. Sus objetivos llegan a ser genocidas y ahora lo vemos, epistemicidas.

En el caso de las mujeres ñuu savi en México su proceso está en ciernes, debido al conflicto que aqueja en la actualidad a la CRAC-PC, que se encuentra dividida, y no por ello deja de tener bases comunitarias sólidas, a las que se está haciendo un llamado para reestructurarse.6 Las wayúu tienen una fuerte pertenencia a sus clanes. Y más a su pueblo, a su nación; afirma María Cristina Figueroa, del clan Epinayu “somos una sola nación, tanto las que vivimos en Venezuela como las que estamos en Colombia. Pertenecemos a la gran nación wayúu. Ellos nos dividieron, con la raya; nosotras con la organización nos unimos.”7 La subjetividad de las mujeres wayúu está marcada por la colectividad, que se reforzó durante el periodo más álgido del conflicto armado en el departamento de La Guajira. La violencia general que afectó a varios de sus familiares hombres, la violencia sexual de la que fueron víctimas varias de ellas, las llevó a buscar la organización. Al reunirse, se autoafirmaron como portadoras de palabra, por lo tanto, de diálogo. Así, comenzaron a buscar la paz, no cediendo, sino exigiendo ser escuchadas, respetadas, encabezando acciones que las pusieron de nuevo en riesgo, pero estos riesgos se minimizaron al ser todas, al ser un colectivo; ellas las que participan en la Fuerza de Mujeres Wayúu, las que son visibles, y por lo tanto, de manera conjunta, comunitaria, enfrentan los riesgos. Las reuniones les ayudan, porque son espacios en los que comparten dolores, sufrimientos, alegrías, bromas, retos, anhelos.8

Las mujeres somos parte fundamental de todo proceso de resistencia, resignificación y defensa del territorio y de la vida. Ejemplo de ello es el movimiento encabezado por la Fuerza de Mujeres Wayúu. Juntas están transformando un tiempo de resistencia en un proceso de emancipación, que ha incidido en la región wayúu, en las distintas rancherías y en los distintos resguardos. La referencia al trabajo que han emprendido contra la política extractivista de El Cerrejón, impacta a nivel local en el municipio de Riohacha y, a nivel nacional, en el despertar de una conciencia colectiva que exige limitar las concesiones estatales.

Ambos pueblos, tanto el wayúu como el ñuu savi, habitan espacios de exclusión social, pero de sumo interés al extractivismo. El hecho que en las rancherías cercanas a El Cerrejón se tengan que caminar largos trechos para encontrar un “jagüey”9 y así proveerse de agua y dentro de El Cerrejón se tenga toda la infraestructura: internet, teléfono, luz eléctrica, agua, es expresión del racismo y clasismo que se vive en la región, además de colonialismo. Rosa Elvira Ipuana me compartió su pensar sobre la hermana pequeña “ella quería estudiar, pero cuando se dio cuenta que trabajaría en El Cerrejón como ingeniera, decidió abandonar la escuela”.10 La educación occidental en el territorio wayúu está destinada a formar profesionales cuyo futuro laboral se torna técnico, ya que su formación se vincula con las actividades económicas emanadas de la gran actividad que es la extracción de carbón.

Mercantilización del cuerpo de las mujeres, a través del despojo del territorio-cuerpo-tierra. En el actual sistema capitalista patriarcal, se han fetichizado las relaciones humanas, de ser humanos se ha pasado a ser mercancías. Esto ha impactado de manera violenta en las mujeres: se toma el cuerpo como estrategia de acumulación, existen vínculos entre la intención de apropiación del cuerpo de las mujeres y el poder hegemónico capitalista y patriarcal, que se concreta en la forma de un Estado, que hace uso de la fuerza por medio de la militarización y paramilitarización en regiones de conflicto social. El extractivismo como forma de acumulación capitalista ha recurrido a distintos medios para lograr convertir en objetos a las personas, arrebatándoles en la mayor parte de los casos, la capacidad de ser sujetos, el llamado neoliberalismo como destrucción creativa (Harvey, 2008).

1 Cabnal, Loena. Acercamiento a la construcción de la propuesta de pensamiento epistémico de las mujeres feministas comunitarias de Abya Yala. ACSUR, 2010.

2 Cabnal, Lorena, ob .cit. pág. 10

3 Fanon, Frantz. Argelia. Los occidentales ante el velo.

4 Federicci, Silvia. Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Tinta Limón, Argentina, 2013. pag.31.

5 Segato, Rita Laura La nueva forma de la guerra y el cuerpo de las mujeres. Brasil, agosto 2014.

6 De acuerdo a Lilián González, la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria (CRAC-PC) en 2011 y 2012 en la lucha contra los megaproyectos mineros fue una fuerza generadora de cohesión y trabajo compartido formando un frente con claro liderazgo de la CRAC a nivel regional, en 2013 los dispositivos de poder del Estado han infiltrado y erosionado la autonomía de la CRAC-PC, generando división y desencuentros entre las sedes –casas de justicia-,ruptura del diálogo entre las autoridades comunitarias y las bases y desarticulación del territorio comunitario. En tanto, los gobiernos federal y estatal, utilizan esta situación para reprimir a la CRAC y militarizar la zona. González Chávez, Lilián, “La policía comunitaria en Guerrero. Luchas decoloniales. Nuevos desafíos para la CRAC-Policía Comunitaria de Guerrero”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 20, julio-septiembre, 2014. Dossier 12: Presente y futuro de las guardias comunitarias en América Latina. ISSN: 2007-2309

7 Entrevista realizada en la Universidad de Quindío, septiembre 2013.

8 Durante una sesión de la escuela de formación para lideresas, en Puerto Caracol, se proyectó la película La fuente de las sirenas, que habla sobre la resistencia de las mujeres frente a la opresión masculina. En ella, se hace referencia en tono de broma, al carácter de las mujeres mexicanas. Esto, fue motivo de bromas, de preguntas, de curiosidad hacia México.

9 Lugar en el que el pueblo wayúu se provee de agua, ya sea en forma de pozo o de presa.

10 Plática sostenida con Rosa Elvira, en la ranchería ubicada en Km 4, cerca del cruce conocido como Cuatro Vías.

*Las opiniones expresadas en columnas y artículos no necesariamente representan las opiniones de La Crítica y son responsabilidad de sus autoras.

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