[Entrevista] Marisol Torres: Psicóloga lesbiana feminista

 

Por Menstruadora

 

Estamos sentadas a la mesa, una frente a otra, ella usa lentes y me gusta su suéter abrigador, es joven de 27 años, tiene el cabello cortísimo, una mirada tranquila y a todas luces es lesbiana. Nos encontramos en Las Juanas, un restaurante y espacio cultural en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, administrado por mujeres lesbianas. En este momento es tarde y el frío de enero comienza a aparecer suavemente, la música del lugar nos acompaña y nos envuelve en una burbuja. Me gusta estar con ella en una burbuja.

 

Su nombre es Marisol Torres y es de Chile, vino a México apenas hace algunos meses y me aclara que no viene de Santiago, sino de Chillán. Se hizo feminista a los 18 o 19 años cuando conoció a Soledad Martínez, su maestra en la universidad, que le daba clases de  filosofía y epistemología en la carrera en Psicología. Ya mismo comienza a hablar.

 

Nunca antes había escuchado el término feminista y  a mí por supuesto que me deslumbró que una mujer hablara de los espacios de mujeres y de lo que significa ser mujer porque de alguna manera le vino a poner nombre a muchas inquietudes que tenía desde pequeña o al menos desde que tomé conciencia de lo que significa ser mujer en esta cultura, como a los 11 o 12 años, que ya me interesaba en la política.

 

Yo al principio conocí el feminismo más cuir, más académico, que me sirvió bastante para ahora criticarlo porque lo conozco, lo leí, sé que no sirve de nada en la práctica para las mujeres.

 

Salí de Psicología desilusionada porque venía con mucho cuestionamiento existencial, sentía que esto que había estudiado no le servía ni a mí ni a nadie, entonces no salí muy contenta, a pesar de que la tesis que hice me encantó, hice una tesis sobre agenciamiento de género de mujeres religiosas católicas, trabajé con monjas, por mi lesbianismo temprano desde la infancia, porque veía que las opciones para mujeres eran bien delimitadas y asociadas a la heterosexualidad, aunque yo en ese momento no me consideraba lesbiana, pero decía yo no me imagino casada, no me imagino con hijos, ¿cuál es la opción que me queda? ser monja.

 

No fui monja, entré a la universidad, y dije todavía tengo curiosidad por el mundo de estas mujeres que no siguen lo establecido y me imaginaba que muchas eran lesbianas por lo mismo, que se habían metido a ese espacio por escapar de este destino de la heterosexualidad, aprendí de su mundo y de por qué toman ese camino.

 

Después estuve viviendo en una isla en el sur de Chile, regresé, luego conocí el lesbofeminismo, conocí a Margarita Pisano y ahí me cambió la vida, se me abrieron otros ojos que tenía cerrados, se abrieron otras posibilidades. Ahí me empecé a llamar lesbofeminista, me empecé a denominar a mí misma lesbiana en todos los espacios porque antes me llamaba “pansexual” por esta asociación más cuir y más académica con la que conocí el feminismo, a pesar de que no tuve nada con un hombre, ahí me atreví de alguna manera a llamarme como lo que soy y que siempre lo fui, creo que lo elegí, pero al menos creo que siempre fui una niña lesbiana, en mi forma, mi carácter, la formación también que tuve de mi mamá, fui una niña lesbiana claramente.

 

He ido profundizando en el lesbofeminismo, en un principio más desde lo racional porque yo soy de las que lee todo primero y después me atrevo a nombrarlo, me siento con la propiedad de decirlo cuando lo estudio, eso es una característica mía, que soy estudiosa, muy lectora, leo todo lo que se me atraviesa en el camino. Sin embargo, también por un tema de autoconocimiento y de que ya que el cuerpo no te da, porque la existencia no es solo racional, y a propósito con el encuentro con compañeras lesbofeministas de una comunidad lesbofeminista (Shakti en Concepción), me empecé a dar cuenta que no era suficiente leer, que tenía que tener otro tipo de cuestionamientos, de mirarme hacia adentro, de sanarme, porque estaba muy dañada y no me había dado cuenta.

 

Era muy femenina y no me había dado cuenta, a pesar de que la feminidad está más asociada a la heterosexualidad o a las mujeres heterosexuales, creo que yo era muy femenina o lo sigo haciendo de alguna manera, es un constante proceso de irse revisando.

 

No es que conozcas el lesbofeminismo radical y de aquí no hay vuelta atrás, sino que vivimos en una cultura que nos incita constantemente a cumplir las mismas prácticas y creo que nadie está exenta de eso, ni siquiera yo o alguna lesbofeminista radical o alguien que ostente ese título.

 

Reproducía por ejemplo quedarme callada en los grupos, no decir lo que pensaba, no decir lo que sentía, sobre todo eso, no decir lo que sentía. Yo siempre he sido una mujer gorda desde chica y eso al menos eso me hizo poner mucho énfasis en lo intelectual, como bueno, no voy a ser atractiva por mi parte física pero voy a ser atractiva por mi cabeza, por lo que sé, y siempre trataba de validarme a través de lo intelectual, entonces limitaba mi pregunta, ¿cómo estás Marisol hoy en día? a lo mejor no quieres ver hoy en día a nadie y está bien, eso pasa, en el hecho de querer caer bien, de quedar bien, eso es parte de la feminidad.

 

Detrás de Marisol la pared está llena de imágenes en stencil de feministas, ahí está Audre Lorde, Adrianne Rich, Margarita Pisano, Kate Millet, Gloria Anzaldúa y Sheyla Jeffreys, entre otras, en nuestra mesa hay un pequeño florero a un lado, y entre nosotras nada, nuestras manos, la mesa, nuestros gestos y la seguridad de que hemos leído a esas autoras porque aunque recién nos hemos conocido hoy, ya sabemos eso de ambas.  Hace unas horas la conocí cuando la escuché criticar los procesos meramente racionales que tenemos las feministas y es ahora cuando le voy a preguntar cuál es su propuesta para ir cambiando esto.

 

Yo creo que es un camino en construcción, un camino que aún no está limitado, pero siento que hay propuestas, conozco a compañeras en Chile, que son lesbofeministas y que apuestan por un camino de la sanación entre mujeres, de crear espacios separatistas, de que no sea todo pensar, ni sea todo leer, ni sea todo teoría, cuando hay cosas que nos faltan, por ejemplo decirnos que nos queremos mucho, falta revisar nuestra propia historia, mirar a esa niña que tenemos interior, de acariciarla, o de decir, oye, sí me equivoqué en tal cosa, o sí viví tal situación, no desde la victimización sino desde hacerme cargo de mi historia, de los errores que cometieron muchas veces nuestras madres, por ejemplo, que son nuestro principal referente primario que tenemos de una mujer, o tenemos muy buenas referencias o tenemos muy malas referencias, porque además tiende a ser la relación con una mujer donde generalmente sufrimos la primera traición, de que es tu madre la primera que te dice, oye, sabes qué, no te ves bien con esa ropa, o esfuérzate para que te vaya bien en tal ramo porque para eso eres buena y no para esto, cuando tú tienes otras intenciones. Mirar a esa niña, reconocer también a esa mujer, a esa madre, reconocerla como una mujer que también comete errores, reconciliarte, reencontrarte con eso, reencontrarte con esa historia que la vas a llevar siempre, al menos en esta vida.

 

Y  la otra propuesta que se relaciona mucho con eso, es que yo actualmente estoy trabajando en un proyecto de psicoterapia feminista, ha sido una insolencia mía, tomar todas las herramientas que me entregaron en la universidad, tomar todo lo que yo he aprendido en el feminismo, tomar las conversaciones a diario con mis compañeras y poder transformar el espacio de atención psicológica en un espacio político, donde se pueden generar transformaciones, donde tú tienes la posibilidad de mirarte con otra mujer, de espejearte con otra  y de poder generar una transformación. Donde claro, voy a revisar esa historia y voy a mirar a esa niña interior, pero también la voy a amamachar, le voy a decir, sabes qué, me equivoqué, o se equivocaron conmigo, o tuve tal historia, pero donde también voy a iniciar un proceso de transformación,  no desde la victimización sino desde la rebeldía, digo, tengo esto, tengo estos recursos y a partir de tener estos recursos, de tener esta historia, voy a crear algo distinto en mi vida y en la vida de las otras.

 

Los resultados hasta ahora han resultado positivos, las mujeres están muy comprometidas con quienes estoy trabajando su proceso y ha sido súper bonito, a mí me encanta mi trabajo, siento que estoy enamorada de mi trabajo, me encanta lo que hago. Pero sí creo que es importante tener una red de otras psicoterapeutas feministas, para crear teoría en conjunto, para que otras chicas que están dedicadas a la sanación puedan tomar este material y utilizarlo para trabajar con mujeres.

 

Yo creo que la diferencia principal de la psicoterapia feminista y la tradicional, es que como psicoterapeuta feminista, al menos yo, considero que mi trabajo es político y tiene la propuesta de crear una nueva ética en conjunto, o sea que yo no soy la experta en tu vida sino que tú eres la experta en tu vida, tener claro ese saber, de que yo puedo trabajar contigo, acompañar tu proceso, pero tú al final eres la que sabe de tu vida, que las mujeres tengan claro que son sabias, que van a tomar decisiones y que todas las decisiones que toman van a generar consecuencias de todo tipo.

 

Otra diferencia es que es una relación horizontal, es una relación donde tú vas revisando en paralelo, tu historia personal y también la historia de todas las mujeres, porque somos una clase, tenemos experiencias similares, algunas más difíciles que otras, pero tenemos de alguna manera la misma experiencia. Creo que eso no pasa en la psicoterapia tradicional donde la relación por lo general es más vertical, donde yo experta te vengo a decir lo qué estás haciendo bien y haciendo mal, cuando finalmente la propia mujer la que va descubriendo su historia y su propia vida, ahí está la sabiduría, no está en mí, está en la otra, yo solo voy facilitando el camino para que ella pueda encontrar esas respuestas.

 

Igual pienso que la psicoterapia…es importante y defiendo absolutamente mi trabajo, pero a veces basta con tener una relación profunda y honesta con otra mujer, ojalá en algún momento no sea necesaria la psicoterapia, pero bueno, ahora lo es y lo es desde el feminismo, es importante que las psicoterapeutas salgan del clóset del feminismo, que digan mi trabajo es personal, político y social con otras mujeres, es un cambio cultural el que hacemos, no es “clínico” ni esos términos que se usan en la psicología.

 

Últimamente, le digo a Marisol, he visto que hay una un boom de psicólogas que se dicen feministas, incluso he visto que se anuncian en Facebook como “psicólogxs feministxs”, pero aclaran que trabajan con la perspectiva de género ¿qué diferencias encuentras entre ser feminista y ser generista desde la psicología?

 

Yo como psicóloga feminista no trabajo con hombres y por el hecho de que soy feminista y separatista no me interesa tener ningún vínculo con hombres, a pesar de que creo que también están muy dañados.

 

Y sí hay una diferencia entre ser psicóloga feminista y ser psicóloga de género. El género es una categoría analítica, ser feminista es ser activista, es una categoría política. El género es analítico, te puede servir para hacer una diferencia entre hombres y mujeres; pero el feminismo es político, te habla de las mujeres, de la historia de las mujeres, y de cómo podemos generar un cambio a partir de nuestra existencia.

 

Yo trabajo con muchas teóricas de la diferencia sexual, a mí no me sirve que en el espacio terapéutico nos estemos comparando constantemente con los hombres, yo creo que tenemos el suficiente bagaje y reservorio genealógico para hacer referencia a nosotras mismas, a nuestra historia y nuestras ancestras, como para estarnos comparando continuamente con la vida de los hombres. Y el género hace eso, siempre están comparando la vida de las mujeres con la de los hombres, cuando a mí no me interesa que una mujer tenga la vida de un hombre, no creo que esa sea la salida, creo que tenemos que crear nuestras propias salidas al sistema.

 

¿Y cómo podemos empezar a mirar adentro? Sé que depende de muchas cosas, de la historia como nos decías, pero a grandes rasgos, ¿qué recomendarías a las mujeres que nos están leyendo?

 

Principalmente que se hagan lesbianas.

 

Yo trabajo con mujeres heterosexuales y lesbianas, pero la mayoría de las consultas es sobre desamor, principalmente con hombres, también con mujeres, entonces yo creo que es importante empezar a mirar las relaciones, es como lo que planteaba al principio, qué tan femeninas somos, porque al final la feminidad es una trampa, la feminidad es que te estén asfixiando todos los días y que te acostumbres.

 

Ver cuándo me estoy callando, con quiénes me estoy callando, por qué me estoy callando, por qué no estoy diciendo esta cosa con esta persona que supuestamente es una persona con la que tengo que tener una relación confianza, que es mi pareja, con la cual vivo. Por qué no me siento satisfecha, por qué no me siento feliz, hacerte preguntas existenciales.

 

Empezar a leer mujeres es importante, leer su experiencia, empezar a leer a la Adrianne Rich, a la Margarita Pisano, a Audre Lorde, leer a las mujeres que nos han precedido, sobretodo a las radicales porque hablan de su experiencia y cuando una las mira y las lee y las reflexiona, nos facilita que nos empecemos a identificar con ellas, cuando te identificas con eso, siento que una empieza su búsqueda y ojalá que te encuentres con una psicoterapeuta feminista que te pueda ir afianzando en ese camino.

 

También darte cuenta por qué estás mintiendo, cuándo mientes, por qué mientes, hay un texto que siempre dejo que se llama Las mujeres y el honor, notas sobre el mentir, de Adrianne Rich, que me parece precioso, súper potente, que te destroza porque te das cuenta que estás atascada de mentiras y creo que ahí se abre una propuesta, la lectura de las otras es súper importante.

 

Creo que ser lesbiana no es garantía de nada, pero creo que ser lesbiana feminista es la cumbia, como decimos en Chile, te abre más posibilidades, no sigues las pautas que te ofrece la heterosexualidad, porque claro la heterosexualidad no es solamente el encuentro entre hombre y mujer, sino que es un sistema que nos toca a nosotras y que tenemos constantemente estarlo pateando y creando algo distinto, pero nadie te enseña la creatividad tampoco, la educación formal es súper horrible, muchas veces aprendes con la violencia, siento que mientras no exista la creatividad va a ser muy difícil cambiar la reproducción de la heterosexualidad en las lesbianas.

 

Ser lesbiana es una rebeldía, pero puedes ser lesbiana estar repitiendo las mismas pautas que te enseñaron en la heterosexualidad, por eso creo que el feminismo te entrega muchas herramientas para cambiar el destino de la violencia, de la heterosexualidad.

 

¿Algo que quieras decir a modo de mensaje final?

 

Atrévanse a abandonar la misoginia, atrévanse a hacer amistades políticas con las mujeres, atrévanse a confiar en las otras, sean racionales pero no tanto, se los dice alguien que le cuesta igual, eso, que se atrevan a confiar en las mujeres, es fundamental, es el trasfondo del feminismo, creo que eso ya dará pie a buscar ayuda. Si escuchan de feminismo radical, vayan. Pidan ayuda si la necesitan.

 

Exprésense.

 

Vivan.

 

Salgan del silencio.

 

*El correo de Marisol es marisoltorres90@gmail.com y también ha acompañado procesos de mujeres a distancia, por lo que pueden escribirle.

Comments

comments