Lesbofeminismo

La historia de nuestros úteros

 

 

Por Luisa Velázquez Herrera «Menstruadora»

Sé que lo he estado escribiendo mucho últimamente y que soy repetitiva, pero cada vez me convenzo más de que la historia de las mujeres, su sabiduría y sus resistencias, están narradas en nuestro útero, en nuestros senos, en nuestro clítoris, en nuestros ovarios, en la vagina, en la vulva, en nuestros labios, por eso han intentado tanto que nos odiemos a nosotras mismas, que aborrezcamos nuestro cuerpo, para evitar la conexión que nos heredaron las que lucharon antes de que naciéramos.

Ayer pasé largo rato con la amora, la propuesta fue permanecer platicando mientras nuestros clítoris se mantenían como imanes y hoy siento que volví a nacer. Sé que la carga es amorosa, pero también siento que la contención corporal que nos podemos dar entre mujeres y que nos han negado a desarrollar por la heterosexualidad obligatoria, nos está enfermando no conocerla.

De pronto pensé que si nos compartiéramos más la cuerpa entre nosotras, quizá muchas cosas que hoy nos afligen no estarían. O quizá sí, ya ven que nuestro cuerpo fue enfermado por las enfermedades de los hombres y ahora tenemos que evitar tocarnos entre nosotras, pero debe haber manera de hacerlo, de mientras pienso que abrazarnos y besarnos los cachetes es un gran camino.

Claro, yo voy de a poco, cuando he estado en grupos de mucha compartición corporal, me cohíbo y me siento invadida, cada vez menos, eso que ni qué, pero tampoco me es fácil, voy dando pisadas en falso en lo que logro hacerlo, pero el camino ha sido muy muy amoroso y lleno de descubrimientos. Por ejemplo, el típico círculo de masajes que cada vez se hace más largo al término de los talleres.

Desafortunadamente en otros espacios, muchas confundieron esta intuición de permanecer entre nosotras, de contenernos corporalmente entre nosotras, con consumirnos entre nosotras, por eso triunfó tanto el poliamor en años pasados en los círculos lésbicos. En palabras de Audre Lorde, lo erótico que es político y espiritual, se confundió el sexo de uso, ella lo llama pornografía, yo le digo sexo de uso entre nosotras, sexo superficial, de consumo, de pasada, de evasión, con relaciones entre nosotras del mismo tipo, cuya caducidad es: me divierto contigo o no, porque ya me aburriste o ya te saqué todo lo que pude y mejor te desecho, o cuya caducidad es: me convienes o no, por eso fingiré ser otra para que sigas conmigo porque me conviene usarte. Cuando a mi parecer, el compartirnos no puede tener otro camino que el de sanarnos.

Por fortuna y para mi alegría, en el lugar que yo habito, veo que muchas vamos de salida del cuirismo que nos atacó en años pasados, por mucho que se quiso disfrazar de propuesta lesbofeminista.

No puedo ser más afortunada.

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La Crítica