Cuento

[Historias de mujeres y temblores] «Diles que tu ombligo está aquí»: cuentos desde Juchitán

Imagen: María Ramirez,. Cortesía de la autora.

Por Yadira López V

«Dedicado a mi tía María Ramirez, y que con toda su sabiduría me ha curado el miedo que dejó el xuu»

 

1.

La tía María dice que hay que regresar con urgencia nuestra alma al cuerpo, nos hemos llevado, en estos pocos días, tantos sustos que ante tal cosa el alma se siente insegura y tiende a escapar, me recomienda que para dejar esta tembladera que no ha cesado desde la mañana al escuchar la alerta sísmica, me beba un tecito de hojas abedul, ya que este tiene la capacidad de echar fuera al miedo y calmar el corazón, dice, también, que ofrendemos algo a la tierra:


-Y tú mi niña, qu
e tienes conexión con el mar, sabe que algo esta por cambiar, no, no te espantes, no necesariamente sucederá algo malo, pero ha estado inquieto, y las tortugas están desovando, un nuevo nacimiento, bueno, eso dicen los antiguos habitantes de esta tierra, los ikoojts-


La tía María se despide, y me dice, no olvides beberte el té, que entre los dos temblores y lo de tu papá tu alma debe andar ya bien lejos, urge que la devuelvas que la vas a necesitar en estos días tan extraños…

2.

Todos los paisajes cambiaron, en todas partes hay andamios, en todas partes hay escombros, mi geografía, nuestra geografía, también cambió… 


El corazón también tiene grietas, se duele, réplica la incertidumbre, los recuerdos se acumulan, las lágrimas atraviesan el rostro cual ríos escapando de su cauce, la tía María, me llama de nuevo, me pregunta si ya pude tomarme el té que me ha recomendado:


-Estas inquieta ¿verdad? Hace rato fui al mar, tenía harta espuma, ya sabes lo q
ue dicen los antiguos habitantes de acá, sé mi niña que ha sido un año re malo para ti, entre la ausencia de Mario, las ruinas de tu infancia en Juchitán, ahora con tu padre, ese roble medio doblado, si, doblado, mas no roto, sé que miras ahora todo con otros ojos, con otro mirar con otro sentir, pero así toca, no por nada tu tonal es el armadillo, cuida bien tu armadura, xhunca, que habrá todavía mucho por construir y reconstruir…

3.

Tía María me enseñó a poner correctamente los hilos en el telar, a hacer buenos totopos y no tenerle miedo a los vientos fuertes que azotaban su choza en otoño, me enseñó a mirar más allá de la presa, y con ello me motivaba a salir de mi tierra a perseguir los sueños:


-No tengas miedo, a dónde quiera que vayas tu raíz irá contigo, y tu ombligo te hará regresar una y otra vez, te vas, pero te quedas-


Tía María me enseñó a usar las plantitas pa curar el mal de ojo, el espanto, l
a perrilla, me dijo que mis manos tendrían que servir más que pa sólo escribir, y me llevó de su mano a aprender con la matrona del pueblo. La tía María esta nerviosa, me dijo que me soño atrapada en la laguna, y para ella el agua, en ese sueño, sólo significan todas las lágrimas que estoy derramando:


-Xhunca, ponte muy lista, porque si no te me vas a tiriciar, y ahorita pos tu ma te necesita de pie, yo sé que sientes una racha de viento bien fuerte en el pecho que te impide respirar, después mija, vendrán las nubes negras que se posan sobre tu corazón y luego vas a llover, y lloverá muy cabrón, la vida ha cambiado, y a veces toca crecer de golpe, y buscar en la raíz la sanación y la fuerza, encomiéndate al mar, sólo él, como hilo luminoso podrá guiarte, toma mucho tecito de manzanilla ponle miel pa endulzar estos días tan cabrones, y agarra fuerza de esa que te sale del vientre que tu andar agarró otro rumbo, y hazme caso coloca muchas flores en tu cuarto, antes de que tu lluvia se vuelva temporal y sobretodo aférrate a vivir que eso es lo que a mí me ha mantenido en pie-


La tía no se equivoca: estoy lloviendo..

4.

Tía María vuelve a llamar, me cuenta de su día en general, de lo que hizo de comer, del cielo, de sus animales, y al notar mi ausencia sólo atina a decir: 


-¿Te he contado alguna vez, esa historia que relatan los mareños de acá, sobre la mujer que les dio la vida? No, ¿verdad? Pos ya que estás toda callada, escúchame: Mijmeor, es que se llama, la sirena que vivía en la roca, la protectora del pueblo Ikoojts, la dadora de vida, ella, un día les habló a los mareños sobre la nece
sidad que tenía de irse a vivir al otro lado del mar, les pidió que no la olvidarán porque un día regresaría, y tantos y tantos problemas que está pasando todo el Istmo, que yo creo que prontito la vamos a ver aparecerse por entre las olas, aunque la mera verdad, xhunca, es que yo tengo otra teoría, con el respeto que se merecen los ancestros de estás tierras, en las que yo nomás estoy de invitada. Yo pienso, mija, que ella se escondió en cada una de nosotras, que aquí esta dormidita esperando ser despertada, y con eso de que tanto y tanto se mueve la tierra que segurita estoy de ya ella se está moviendo también dentro de todas nosotras, y eso ha hecho que todas estemos participando de levantar la ruinas que dejo el temblor, yo voy a Juchitán y veo a todas las tecas, fuertes, seguras de seguir adelante, valientes, vendiendo totopo, queso, pescado, a mis compañeras de San Mateo del Mar, resistiendo el olvido, levantando las chozas, llorando sus muertos, porque sí, mija, llorar también es de valientes, y te escucho a ti hablar de esas chiquillas que andan levantando escombro para que las trabajadoras no sean olvidadas, y veo a tus hermanas y a tu mamá ser bien pinches fuertes, apoyándose con lo de tu papá que no me cabe duda, mijita, que va a resurgir esa mujer fuerte, poderosa, dadora, sanadora, ya te veo a ti, que has resistido la muerte, la enfermedad, la duda, la tristeza, la rabia, el dolor, que no me queda más que decir que Mijmeor somos nosotras, que ella esta regresando en nuestra poderosa palabra, en nuestra fuerte entraña, en nuestra capacidad de sanarnos, ella nos ha animado a despertar… 


La tía, me dice, bueno ya mucha platicadera por hoy, no te olvides de tomarte el té… Sin saberlo, como siempre, me salva la vida con su sabiduría 

5.

Llegué por la mañana, al clarear del día a la casa de tía María, ella ya me esperaba con un atole, pan recién hecho, totopo y pescado seco, desayunamos en silencio y de pronto se levantó y fue a tomar de una mesita la libreta en la que siempre esta escribiendo, dice ella que todo lo que por las noche sueña, yo sé que ahí también están escritas sus memorias, sus recetas, su vida y su andar, se sienta de nuevo frente a mi, le da sorbitos lentos al atole:


-¿Alguna vez te has sen
tido así? 
-¿Cómo, tía? 
-Así… me muestra una hoja en blanco, se vuelve a levantar y enciende un cigarro
-Sí, pues, así mero me siento, tía, en blanco, sin saber qué hacer, para dónde ir, pienso que todo esto es un sueño, que cuando despierte nada habrá pasado, que podré volver a ver mi casa en Juchitán, el mercado, a las tecas, que la CDMX estará siempre con su caos, pero en pie, que nadie perdió nada, ni a ningún ser querido, pero sobre todo busco despertar pa ver a mi papá de pie, sembrando, o caminando por el monte… 
-Sí, yo te entiendo, pero, sabes, mijita, estar en blanco, ver todo caído, sentir que te estás secando, sentir el corazón apachurrarse, también es una oportunidad, pero aquí nomás hay de dos: te aferras a ese «sueño» que tú solita te estás inventando pa no afrontar que el camino cambió de rumbo, o te vuelves viento, y empiezas de cero, yo y todas las nuestras hemos elegido renacer una y otra vez, cada vez que nos han dado por muertas, por perdidas, por ignoradas, ¿te imaginas si las ancestras se hubieran quedado en ese sueño inmóvil? Hay dolor, sí, pesar, sí también, mucha confusión, sí, xhunca, pero somos un ciclo, todas y todos y está bien morir de vez en cuando para renacer con más fuerza, bueno si eso es lo que tú decides, no está mal ser una hoja en blanco pa poder escribir nuevos andares, y ya apúrate porque vamos pal mar, vieras que chulo se vio anoche…


Y salió la tía María rumbo al patio. De nuevo me salva la vida.

6.

Me senté junto con tía María a la orilla de la playa, vi con tanta tristeza como el agua de la laguna se ha ido recorriendo poco a poco:


-Mira nomás cómo le hemos pagado a la tierrita que nos lo ha dado tanto y de todo, las tortugas se han estado saliendo porque esta re caliente el agua, dicen que desde la noche del Xuu (temblor en zapoteco) ellas ya lo presentían, se empezaron a salir, no se mijita, a mí se me tiembla el ombligo de ver Juchitán caído, de pensar que tus hijos y los hijos de tus h
ijos ya no conocerán la tierrita linda, que nomás la imaginaran por lo que tus palabras les cuenten, así que no lo olvides, que en tu memoria siga fresco el Juchitán protector, diles que tu ombligo está aquí, cómo nos cambió la vida desde el sismo, yo mija te juro que a veces siento que la tierra muge, que está sacando la energía, puro susto es lo que tengo yo, y tú, ¿qué? Ya te curaste el espanto, no, ¿verdad?, se nota, andas toda entelerida…


Y sin decir nada más bebió agua y escupió mi rostro, sentí que me faltaba el aire, luego ella rió:


-Jajaja, tranquila, xhunca, es no más pa que tu xquenda (alma) vaya despertando, ya párate y vamos a comer.

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