Feminismo

¿Hacia dónde va Brasil? Lo que distintas voces feministas nos cuentan

Angélica Jocelyn Soto Espinosa

Ciudad de México, 21 ene 19.- Luego de años de dictadura militar y de gobiernos de derecha, en 2011 un amplio movimiento de mujeres brasileñas festejaba el triunfo de Dilma Rouseff, la primera mujer presidenta en su país (la cuarta en América Latina), y -con su reelección en 2014- la protagonista del tercer mandato consecutivo de la izquierda en Brasil.

Hoy sabemos que Rouseff -quien fuera torturada  en los años 70 por oponerse a la dictadura militar- también se convirtió en la primera mandataria enjuiciada políticamente por los grupos políticos contrarios y obligada a dejar el cargo en medio de una campaña plegada de descalificativos misóginos. Y el año pasado, en marzo de 2018, la Consejala Marielle Franco, abiertamente lesbiana, negra y feminista, fue ejecutada a balazos luego de expresar su oposición a la reciente militarización de su país.

Con un vuelco total, hoy el gobierno federal de Brasil está encabezado por un presidente varón, ex militar, y que se identifica con la ultraderecha, Jair Bolsorano. Un hombre y un gabinete que han declarado públicamente estar en contra del pensamiento feminista que llaman la “ideología de género” y de los pueblos originarios, a quienes -advirtieron- despojaroán de su tierra ancestral para entregarla a grupos de empresarios.

¿Qué pasó socio-políticamente en Brasil durante los recientes 4 años?, ¿Cómo retornó así la derecha al poder?, ¿ello cómo va a cambiar la condición social de las mujeres? y ¿cuál es el papel de las mujeres organizadas frente a este contexto?. En entrevista, algunas activistas feministas y lesbianas de Brasil reflexionan desde diferentes enfoques feministas sobre estas y otras cuestiones, y nos dan algunas pistas de hacia dónde camina la resistencia feminista en el país sudamericano.

Fuente: La Sexta TV (2018)

FRENTE A LA LESBOFOBIA ESTATAL, FEMINISMO RADICAL Y CLANDESTINO

Para Larissa Silva, activista lesbiana, feminista y artista visual, lo que vive hoy Brasil es “un pesado conservadurismo evangélico violento que avanza más rápido de lo que logramos acompañar”. A este conservadurismo se le suman fuertes ideas de militarización y de exterminio de todas las personas identificadas como diferentes de acuerdo con la mentalidad cristiana más reaccionaria.

“Sólo la familia heterosexual blanca es considerada ‘ciudadana’, (…), mientras las mujeres no constamos como seres plenamente incluidas o participantes de ella”, observó Larissa.

¿Cómo llegó el gobierno de Brasil a ello? Según la activista, su país se caracteriza históricamente por una democracia “sensiblemente frágil” que hasta finales de la década de los 80 vivió un intento de “lenta apertura y salida” de los gobiernos militares “liberales y entreguistas” que siempre estuvieron en el poder del Estado brasileño. Y fue hasta la historia reciente que el llamado Partido de los Trabajadores (PT), fundado en 1980, llegó a la presidencia con el apoyo y trabajo directo de los movimientos sociales y de las comunidades eclesiales de base (CEB’s).

Sin embargo, desde agosto de 2016 Brasil pasa por un proceso golpista para reorganizar la extrema derecha en el poder. Como parte de este proceso, en 2016 se llevó a cabo un “ilegítimo proceso de alejamiento de la presidenta Dilma” (el juicio político) durante el cual no hubo ninguna acusación ni motivos de condenas específicos en su contra.

Lo que sí hubo -explicó la artista- fueron audios que revelaron los acuerdos entre senadores y empresarios para «estancar» todo y llevar a cabo un «gran acuerdo nacional» que pasara la banda presidencial al expresidente Michel Temer.

También hubo una gran misoginia y lesbofobia contra la figura de una mujer democráticamente elegida como presidenta. “Las descalificaciones a su trabajo pasaban necesariamente por agresiones a su figura de mujer y de mujer ‘poco feminizada’, incluso después de que ella experimentara intensos ordenamientos de su imagen para añadir joyas, maquillajes y peinados.

No faltó propaganda extremadamente violenta que comenzó a circular en los tanques de gasolina de los autos en la que se usó la imagen de Dilma en una ofensiva sexista y se incitaba a la violencia sexual. Hubo insinuaciones sobre la vida privada y amorosa de la presidenta, a quien se le llamó «lesbiana» en un intento de desmoralizarla.

“Dilma nunca habló sobre su sexualidad, ni nunca fue pauta importante saber si es o no lesbiana, pero lo que sabemos de hecho es que ella fue la primera en asumir el Estado sin un hombre al lado, llevando a su hija en el cargo. Sabemos también que Dilma modificó sensiblemente la apariencia del Estado brasileño en sus estructuras de poder, teniendo muchas mujeres en cargos y actividades importantes. Si vemos las fotos de aquel período percibimos que con Dilma había muchas más mujeres evidentemente más comprometidas y calificadas”, observó Larissa.  

Para la activista, desde 2016 las brasileñas viven las sanciones gradual y consecutivamente del golpe de la ultraderecha y sus derechos se están retirando rápidamente. Esta semana, por ejemplo, se informó que ya no constan más obligatoriedades en los materiales didácticos para educar sobre el tema de la violencia contra las mujeres, y la mayoría, si no todos los ministerios que tenían en centralidad la defensa de las mujeres y grupos oprimidos están exterminados.

Fuente: Reuters (2018)

“Para hablar en términos palpables de lo que se apunta por venir, las nuevas figuras de mujeres que aparecen ligadas a ese gobierno (funcionarias) defienden que las mujeres violadas no deben abortar, sino recibir una cantidad del Estado para seguir con los frutos de esa violencia (…) La primera dama ha sido acusada, antes incluso del cargo, de involucrarse con esquemas corruptos y enriquecimiento ilícito, y es presentada como la figura que muestra ‘lo que una mujer creyente debe ser’”, criticó Larissa.

Así, -declaró la activista- la condición de las mujeres brasileñas, especialmente las más empobrecidas, las racializadas, las más pigmentadas y vulnerables, es seria y de extremo riesgo. En Río de Janeiro, por ejemplo, con la intervención militar en las calles y favelas, varias mujeres han sido sistemáticamente violadas y sometidas por las fuerzas estatales en sus comunidades.

Frente a este contexto, las alternativas y resistencias de las mujeres señalan la importancia de organizarse. “Es unánime pero, claro, en ese camino siguen habiendo cooptaciones, reajustes y posturas que poco impulsan la fuerza entre nosotras para seguir. Además, Brasil, como un país de gran apuesta neoliberal y que en mucho parece querer ser el primero en copiar al estadounidense, sigue reprimiendo las resistencias entre mujeres”.

“Así, el feminismo radical sigue tristemente relegado a existir en los subterráneos. Sin embargo, se mantiene fuerte y clandestino. A pesar de nuestras pérdidas, de las desesperaciones que tenemos y de las hermanas que acabamos perdiendo, seguimos y no daremos ningún paso atrás (…) No lamentamos informar la buena noticia: no lo lograrán, (…) ‘no vamos a callar, ni desaparecer’”, advirtió la activista.

BRASIL ES EL HIJO QUE RECHAZÓ A SU MADRE INDÍGENA

Por su parte, Aline Rochedo, historiadora y realizadora de la revista Pachamama Editora (de investigaciones académicas sobre Educación. Cultura, Historia y Derechos Humanos), expresó en una carta cómo le afecta personalmente la situación política de Brasil en su condición de mujer indígena. Reproducimos unos fragmentos:

“El momento de mi país me causa tristeza. Necesito mantener el equilibrio entre mi ancestralidad y el posicionamiento político. Generar la esperanza en tiempos tan adversos es un desafío necesario. En mi óptica, como Mujer de origen indígena, la situación actual de mi país se centra en una sola cuestión: la pertenencia a esta tierra. Reforma Agraria, Educación, Afecto y relación con la vida que se desdobla en miles de animales y plantas, es prioridad de quien está enraizada y se siente parte.

“Para que me comprendan, -dice Rochedo- volvamos a un punto crucial: La Tierra madre y los Pueblos Originarios. La Mujer Indígena generó al pueblo que insiste en olvidar su origen. Trató de modelar su cuerpo; en su vientre, cantó cantigas de sus antepasados, en idiomas indígenas, y dijo cuánto pueden ser felices y prósperos, en esta tierra de tantas riquezas. Pero algunos, después de nacer, la rechazaron. Brasil es el hijo que rechazó a su madre Indígena y, por eso, todavía estamos lejos de muchas prácticas sociales colectivas y democráticas.

“El hombre colonizador, misógino y patriarcal del siglo XVI es el mismo del siglo XXI. Los actos de violencia, en los días actuales, a los pueblos originarios, afro, comunidades tradicionales, mujeres y niños, grupos LGBTS, entre otros, son el resultado de un proceso colonizador ininterrumpido. Tales actos ocurren ahora, mientras usted me lee: invasión y apropiación de territorio que no ha cesado a lo largo de estos 518 años; apropiación del conocimiento cultural; la no aceptación del indígena como ciudadano; el preconcepto y la violencia a los afro-brasileños, la desvalorización de nuestra sabiduría; la imposición de religiones en relación a nuestra cultura, que no contemplan nuestras creencias, cosmología y ritos; la exigencia de un perfil de «indio», que traduce una imagen cristalizada en el siglo XVI; los medios, que distorsionan valores y la lucha de nuestro pueblo; las ofensas dichas; el acoso; el preconcepto y las formas peyorativas; la violencia y la misoginia contra las mujeres.

Aline Rochedo

“Un país que no puede valorar y honrar al Pueblo Originario, los grupos ligados a la tierra y las mujeres, ¿cómo será sensible a las cuestiones sociales urgentes de nuestro tiempo y nuestra gente?

“Estamos todos amenazados. Las mujeres mucho más. ¿Cómo alguien que cita a Ustra, (uno de los más crueles torturadores, principalmente en relación a las mujeres) podría estar en el cargo de jefe de Estado? Es aterrador y al mismo tiempo evidencia nuestra quiebra como sociedad, nuestra inmadurez como articuladores sociales y políticos, las fallas y falta de unidad de la izquierda, la educación fragmentada.

Aunque no haya sido la mayoría a optar por este retroceso, el hecho es que ahora todos estamos en la misma situación. Un gobierno que elimina y reduce los derechos sociales básicos, los derechos de los trabajadores, que estimulan la violencia, la barbarie y debilita la posibilidad de articulación social es débil. Un gobierno que prometió soluciones simplistas para problemas que ocurren desde hace siglos en Brasil como el tema de la violencia, de la desigualdad social, de la seguridad pública, es mediocre. Estos problemas requieren un proceso para ser sanados. Desafortunadamente muchos creyeron en este «inmediatez». Y esa negligencia con el voto puso nuestra vida y la biodiversidad en riesgo.

“Nosotras las mujeres, estamos reaccionando dentro de nuestros territorios de lucha. No somos apáticas. Tampoco omisas. Pero despiertas, sabemos que no será fácil ese proceso. Creemos en la fuerza de la colectividad, de aquellos que están en la misma dirección.

“En un país donde el invasor destruyó y destruyó recursos naturales y su gente, somos muy insistentes y fuertes en continuar. Estamos firmes en nuestras tradiciones y ancestralidad, dondequiera que estemos. Sea cual sea la lucha, en ella habrá esperanza. ¡Vamos a permanecer unidas! Nosotras y las Hermanas de Abya Yala. Xuteh Poteh! Buena Luz.”, cerró la carta.

DEMOCRACIA EN CIERNES

Por su parte, Joyce Delfim, historiadora del arte y lesbiana, pone en duda el modelo democrático actual. Advierte que el actual presidente electo es una amenaza para gran parte de la población, ya que -conforme lo que ha declarado- gobernará sólo para una pequeña élite económica. Ello -observó- hace que el futuro de Brasil sea hasta ahora incierto, lo que ha traído a su país una discusión sobre los diferentes modelos democráticos y sobre la existencia de una democracia autoritaria, como en Turquía y Filipinas. “¿Brasil está entrando a un modelo de gobierno de esos países?”, se pregunta.

De acuerdo con la historiadora, también hay incertidumbre sobre si la izquierda logrará organizar el descontento de la población que, desde su punto de vista, surgirá por las medidas antipopulares de Bolsorano. La duda existe porque, desde su punto de vista, los gobiernos de izquierda en Brasil se muestran como tal en cuestiones económicas pero son muy conservadores en cuanto los derechos de las mujeres y las lesbianas

Delfim coincide en que en Brasil ha habido un crecimiento de los grupos conservadores en los años recientes, probablemente relacionado con el surgimiento de iglesias Pentecostales. Esto fue clave para que Bolsonaro ganara. “Con el crecimiento del movimiento feminista y el LGBT en Brasil, hubo una respuesta conservadora y la izquierda no supo trabajar bien con ella”, observó.

Fuente: TN.com (2018)

Frente a este contexto, además de la amplia dificultad que será para el movimiento feminista tener leyes a favor de las mujeres, existe el temor de que se pierdan conquistas históricas, por ejemplo, el aborto. En Brasil la interrupción del embarazo no es legal pero tampoco es criminalizada cuando la vida de la mujer está en riesgo, cuando la gestación resulta de una violación sexual, o si el feto resulta con alguna malformación; sin embargo, -advirtió la historiadora- hay proyectos de leyes para prohibir el aborto en cualquier circunstancia que podrían ser aprobados durante esta gestión.

Para la historiadora, las mujeres que participan hoy en el gobierno de Bolsorano son una representación vacía y liberal de la población femenina. Por ejemplo, la primera dama ofreció un discurso en lengua de señas pero una de las primeras medidas de Bolsonaro fue acabar precisamente con la secretaría que cuida de la educación de las personas sordas. “Es sólo una fachada para que el gobierno parezca inclusivo y se diga que Bolsonaro no es machista”, criticó Delfim.

Desde su punto de vista, no existe un movimiento feminista radical en Brasil, por lo que le gustaría que las mujeres estuvieran más organizadas para reflexionar y analizar el contexto actual brasileño, además de construir esas posibilidades y alternativas de vida libre con otras mujeres.

“Por ahora lo máximo que podemos hacer entre mujeres feministas radicales es fortalecernos en pequeños grupos y tener una esperanza militante de que vamos a resistir y luchar juntas”, expresó.

LAS MUJERES SIEMPRE FUIMOS RESISTENCIA

Desde otra perspectiva, Viviane Marques, editora de la revista Macabéa (especializada en las mujeres), expresó que, lo que hoy vive Brasil es un escenario de retrocesos alarmantes para la población femenina, negra, LGBTQ+, pobre, indígena. Es decir, los grupos periféricos son los más amenazados.

Desde su análisis, en realidad los gobiernos del Partido de los Trabajadores no eran de izquierda, sino de “centro”. Este partido llevó a cabo prácticas de conciliación que atraparon la disputa por la conciencia política de la población.

Sin embargo, -detalló- «un gobierno de extrema derecha cambia para peor la condición de las mujeres de manera general, principalmente porque Bolsonaro y su apoyantes basan sus discursos y actos en lógicas misóginas y su ascenso significa un retraso profundo en nuestras luchas y pone a las mujeres en un lugar cada vez más desplazado porque crea subjetividades y materialidades opuestas a nuestra idea de liberación».

En respuesta a este contexto -aseguró Viviane- la gente se organizó; sin embargo, lo hizo alrededor de los aparatos, los partidos de centro-izquierda y en manifestaciones callejeras (su mayoría de mujeres).

Fuente: El Confidencial (2018)

Con respecto al futuro, la editora piensa que una acción efectiva sería la organización política y la disputa de narrativa.

“Hay que hacer trabajo de base y alcanzar a las mujeres, procurando discutir las contradicciones y posibilidades. No sé si hay algo que se puede llamar ‘alternativas de vida libre’, lo que pasa es que las mujeres siempre fuimos resistencia, aún cuando no queremos este epíteto: estamos vivas en un mundo de hombres que nos quiere muertas. Tenemos un horizonte revolucionario y -más allá de los modelos políticos y las estructuras de gobiernos- sabemos que la libertad solo será posible con el desmontaje del sistema patriarcal”.

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