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Eulodia, las mujeres y el tianguis del trueque

¿Quiénes cuidan los bosques? Parte II

Angélica Jocelyn Soto Espinosa

Ciudad de México, 1 de abril 2019.- Eulodia intentó poner paz en pleno ataque contra ella y su nuera Griselda Zaragoza. “Mijo, no hagan eso”, le habría dicho la mujer de 54 años a su hostigador, quien ya había soltado balazos. Éste amenazó de muerte y se fue. Regresó más tarde, con una escopeta, a matarla.

En el Estado de México hay un tianguis milenario en el que decenas de mujeres indígenas náhuatl, otomíes y tlahuicas se forman para intercambiar leña por alimento.

Esta actividad -que aún se practica en algunos estados de México- es el sustento de cientos de familias y la base de la alimentación de la mayor parte de la población en el país; sin embargo, desde hace más de una década, quienes la practican son perseguidas y hostigadas.

Eulodia Lilia Díaz Ortíz -integrante del Consejo Indígena del Trueque- fue asesinada el pasado 25 de marzo en el patio de su casa, en el municipio de Santiago Tianguistenco, tras organizar y defender por más de una década su tradición y derecho indígena al trueque.

Quienes atestiguaron los hechos, señalaron que el agresor es un “protegido” del alcalde, Antonio Barrera, quien -según denunciaron desde años atrás pública y legalmente- impuso a representantes dentro del CIT para administrar y controlar esta tradición milenaria, lo que va en contra de la organización autónoma del pueblo.

Las mujeres y el trueque

Hace quince años, Rosa -otra defensora del trueque cuyo nombre real prefiere omitir por motivos de seguridad- conoció a Eulodia. Su hijo había sido encarcelado por cortar madera. Fue detenido tras un operativo de militares, policía federal, estatal y municipal.

Para entonces ya sólo 10 personas asistían al tianguis. Ellas se hicieron unidas porque ambas defendían lo que creían era su derecho: continuar con el intercambio de productos para el sustento de ellas y sus familias.

Fuente: Plumas Atómicas

El trueque es una tradición, y un modo de vida indígena, que han logrado mantener estos pueblos desde antes de la Conquista, explicó Rosa. El trueque es considerado incluso como patrimonio cultural.

Por medio de él, las familias indígenas de la región escapan al modelo económico capitalista y consiguen lo necesario para su sustento.

“El trueque es ir a cambiar leña muerta por alimentos de primera necesidad. El leño es aproximadamente de 50 centímetros, un palito, dos palitos equivalen a un peso y es con la que cambiamos fruta, carne, verdura. Se cambian algunas veces, no siempre, zapatos, ropa, animales; se cambian maíz, alimentos de la temporada se llega a cambiar mucho, y así es como sobreviven varias familias de los tlahuicas, los náhuatl, que vienen en camionetas de hasta tres familias porque están lejanos, están por Ocuilan. Ahí se ahorran el pasaje, se ahorran la carga de traer y aquí vienen a cambiar. El trueque es una práctica ancestral”, explicó Rosa.

De acuerdo con el informe ¿Quién nos alimentará?, la red de personas campesinas -que incluye a quienes participan en el intercambio de alimentos y protegen los bienes naturales- alimentan a 70% de la población mundial, en contraste con el 30% que obtiene su comida de lo que producen las empresas de la industria agrícola y ganadera.

Muchas personas -incluso dentro de las comunidades- piensan que el trueque es ilegal y lo hacen con miedo de ser encarceladas.

Esto es así porque las autoridades iniciaron una persecución contra las y los leñadores indígenas en lugar de encarcelar a quienes deforestan a gran escala: los talamontes organizados en grandes redes criminales que favorecen a distintas industrias, como documentamos en la primera entrega ¿quiénes cuidan los bosques?

A diferencia de los talamontes, las mujeres que participan en el trueque, junto a sus familias que consiguen la leña en pequeñas proporciones, siembran cada año al menos 170 mil árboles, además llevan a cabo distintas faenas para recuperar los bosques.

Rosa -que junto con Eulodia pertenecía a la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas- relató que luego de que los gobiernos persiguieran y criminalizara a los indígenas por esta actividad, ellas se organizaron para ir de pueblo en pueblo a hablar sobre sus derechos indígenas al trueque y la organización autónoma.

También hacían fiestas a la diosa Tonantzin, madre de la tierra; acompañaban a otras comunidades que están en defensa de sus bienes naturales; y reunían recursos para continuar con su labor.

Y es que -como explicó Rosa- la relación de las mujeres con el trueque es fundamental para la vida y la alimentación de las comunidades: mientras sus esposo e hijos recolectan la leña muerta, ellas son las que intercambian los productos.

Además, las mujeres se encargan de administrar y dar a sus familias y pueblos los alimentos que consiguen.

Luego de años de trabajo, el Consejo logró que después de 2006 los gobiernos de la entidad mexiquense reconocieran el derecho indígena al trueque. Durante un tiempo tuvieron estabilidad.

Sin embargo, las autoridades municipales (apoyadas por la Comisión de Asuntos Indígenas del congreso de su estado) vieron que su práctica funcionaba y buscaron una forma para controlar la actividad: enfrentaron a la población, e infiltraron y asignaron a representantes dentro del CIT, hecho que fue denunciado y rechazado por las integrantes originarias.

Las y los integrantes del Consejo enviaron cartas a las autoridades mexicanas en los tres niveles,  hicieron conferencias de prensa e informaron a representantes de las Naciones Unidas.

Por ello, los nuevos representantes -uno de ellos presunto asesino de Eulodia- comenzaron a hostigar a las defensoras, y a limitarles sus espacios en el tianguis para dárselos a vendedores de fayuca.

Una de las integrantes del Consejo decidió denunciar los hechos en 2017 ante la Comisión de Derechos Humanos de la entidad, quien no les creyó -dijo Rosa-, pero más tarde lograron que se le incluyera a todos el Consejo en el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras y Periodistas, aunque no se activó ninguna medida de seguridad sino hasta que asesinaron a Eulodia.

A casi una semana de los hechos, las autoridades notificaron a la comunidad que ya tienen la orden para buscar y aprehender al sospechoso, quien ya está prófugo.

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