Entrevista

[Entrevista] Ser lesbiana chicana

Por Janeth Pillado

La habitación es en buena medida el lugar más seguro para la confianza, en cuyo espacio hemos aprendido a habitar y compartir. Esta vez, nos suscita una charla corta pero profunda sobre aquello que es tema frecuente en la cotidianeidad entre ella y yo.

Da la impresión de que las paredes escuchan y el espejo enfrente de nosotras absorbe aquella historia de una lesbiana chicana, su vivencia en dos países distintos, el sentido de la no pertenencia, y su continuo ir y venir de sensaciones y pensamientos. El verde de las paredes parece brillar y el reflejo en el espejo se aclara como si reviviera cada objeto a su paso. Es el resultado de la palabra sostenida que hace al llamado de la lesbiandad, porque no es la esencia de una la que aparece cuando se cuenta una historia, sino la de todas las que le anteceden.

Ella es Ariana, lesbiana feminista nacida en California quien narra su experiencia como lesbiana, mujer chicana que se vino a vivir sola a México a los 18 años y actualmente vive en el municipio de Soledad de Graciano Sánchez, en el estado de San Luis Potosí.

—¿De qué te gustaría hablar en una entrevista? — improviso lo más espontánea que puedo, tratando de evitar ese congelamiento que la caracteriza cuando se pone nerviosa.

I don’t know de algo político, algo intenso — responde y luego lanza unas risas

—Puede ser, ¿qué es algo político?

—¿Todo… lo personal?— empiezan sus risas nerviosas, el dedo en sus labios como sobándolos y luego de un silencio me dice: No sé, ser chicana lesbiana en México.

Empezando por la visibilidad, es una razón like básica or lógica de hacernos visibles de que estamos aquí, decir que aquí estamos y existimos. Está difícil esa pregunta, creo que tengo que darle mucho pensamiento, como cuando estaba en clases y me preguntaban cosas y yo me quedaba como de whaaaaaat. Y neta, hasta que llegaba a la casa y pasaban unas cinco horas después, ya me quedaba de «ah ya entendí».

—No importa, puedes decir lo primero que se te venga a la mente — sé, por experiencia, que su nervio es porque no le gusta hablar más de tantos minutos, ese mismo miedo de no dominar un idioma.

—Ay, es que no sé, yo le pienso mucho, de que a lo mejor no la tengo muy formulada entonces como que I don’t know, no sé cómo explicarla tampoco, o sea, lo de politizar y ser chicana, lo primero que se me viene a la mente con eso es, no sé qué palabra usar, de que pues aparte de ser mujer soy una mujer de color, como se dice allá ¿no?, chicana, y eso tenerlo siempre en cuenta en mis experiencias, las diferencia de aquí y allá, aquí en México cómo me tratan y allá en Estados Unidos cómo me tratan.

—Cuéntame más de eso, ¿cómo te trataban allá?

—Esto lo hemos hablado un chingo tú y yo, un chingo, un chingo. Cuando vivía allá, obviamente vivía un chingo de racismo y I don’t know, allá te hacen sentir como chiquita y siento que esa sensación aumentó un chingo cuando me vine acá, de que me vine acá y regreso allá, de que no sé si es la mejor manera de decirlo así, sentirme chiquita, pero I don’t know, me sentía rara con la gente blanca, ya no me siento cómoda allá, en esos espacios, cuando veo a gente blanca siento que me están viendo todo el tiempo, siento que ya no quiero, que ya no encajo, me siento incómoda con la gente blanca, ni cuando vivía allá sentía eso, y obviamente allá pase muchas experiencias de racismo en las escuelas, pero nunca me sentí tan así hasta ahora que estoy aquí y regreso allá.

—Supongo que había estrategias que echabas a andar para hacer frente al racismo cuando estabas allá.

—Ah pues mi pinche personalidad era de reírme y ya, porque el racismo que viví yo era un racismo súper sutil, ¿sabes? Nunca fue acá, o sea, sí hubo veces en que me llegaron a gritar frijolera y acá, pero esa vez que pasó fueron unos pendejos en una camioneta, nos gritaron a mí y a otro vato que también era latino, creo que era mexicano, ni sé, so… fue bien rápido el asunto y yo no reaccioné, solo fue los dos de que wtf y ya. Lo más constante era el racismo sutil que vivía en la escuela, y con amigas, mi estrategia era reírme, no tomarlo en cuenta, dejarlo pasar, ¿qué pena, verdad?, pero siento que hubo muchas cosas que yo antes no identificaba como racismo, las veces que me acuerdo fue como un racismo sutil que si bien no me dijeron frijolera, hicieron un chiste, y obviamente el chiste súper ofensivo, y a lo mejor más cosas pero que ya no me acuerdo cómo fueron.

—En buena medida una estrategia para la supervivencia era la negación de ese racismo

—Aja sí, porque eran mis compas o sus familias

—¿Sientes que serian las mismas estrategias si regresas a vivir allá?

Fuck no!, obviamente ya los mandaría a chingar a sus padres, aparte, ya no me pondría en esa situación porque ya no tengo compas blancas, así de simple, ya no me junto con gente blanca. Lo que tú hiciste con los vatos —dice entre risas — es lo que siempre te he dicho, que lo de género a mi me atravesó hasta que llegué aquí a México; y lo de racismo, desde que nací, casi, toda mi vida allá es algo que siempre ha estado. Y pues, algo que es como un proceso que he llevado, y además, de que siempre me he juntado con morras, high school por ejemplo y así, siempre fueron morras allá.

—Y una vez teniendo conciencia de las violencias contra las mujeres aquí en México ¿no viste en retrospectiva si había algo de eso allá?

—No sé, es que yo allá estaba muy protegida, ¿sabes?, no es como si yo allá alguna vez anduve en transporte publico o cosas así, o que algo me pasara a mí, más bien, en la high school fue cuando me empecé a dar cuenta de eso, aunque ahora que lo pienso no fue como que lo politizara, lo que le paso a Shely o a Ivette, eso lo supe yo hasta ese momento, pero yo no conectaba nada con los hombres. A Shely la violaron de niña y cuando ella me platicó eso lo primero que pensé fue ¡qué mal, pobre de ella!, le di contención, le dije que estaba ahí para ella, que cuando ella quisiera platicar ahí estaba, porque ella se cortaba sus piernas, entonces como que si estaba muy mal, siempre le dije que contaba conmigo, pero pues estaba en la high school, estaba más mequilla, siento que ahorita podría decirle algo más bonito y más acá, pero sí le dije que ahí estaba.

Lo de Ivette no me acuerdo cuándo me dijo o cómo me di cuenta, o si fue cuando ya estaba aquí, ni me acuerdo qué le dije, eso me dio mucho coraje porque fue alguien de la familia, estaba muy sorprendida, muy sorprendida, decía ¡pinche vato! y también con Shelly, el que violó a Shely se mató cuando se dieron cuenta.

—¿Nadie hablaba o se sabía de casos de violación?

—No, por eso lo de Shely fue súper impactante, dije ¡wtf!, porque yo no, nunca nadie le había pasado algo así, a Mariela también le pasó, pero ella nos contó ya mucho después también, un vato la violó, pero yo creo yo ya estaba acá, ella no nos contaba esas cosas, y pues yo no sabía de eso ni nada, mi mamá nunca nos habló de eso, y te digo, estábamos bien protegidas.

—¿Y cuál es tu interpretación de esos silencios, de que no supieras al respecto o no se hablara del tema y de ningún caso?

—Creo que el racismo en ese entonces es mas fácil, aunque es algo difícil, sí, pero es más fácil que hablar de una violación or una… ¿cómo se dice cuando te tocan, pero no te violan?

—Abuso

—Aja, de un abuso, pues sí, de esas cosas que no se hablan, yo creo por eso mi mamá nos protegió mucho. De ella también abusaron e intentó cuidarnos, nos protegió pero nunca nos dijo que eso podía pasar, nunca nos dejaba quedar en casas, solo en la de Mariela porque ahí no había hombres.

—Antes era un tema intocable, todavía lo sigue siendo en muchos contextos

—Sí, pero siento que mi mamá lo hizo porque se reprimió lo que pasó, no lo había hablado con nadie y ni lo recordaba hasta que fue a terapia

—¿Y hablaban de otros temas fuertes como el racismo?

—No, yo nunca le dije a mi mamá nada porque como eran mis amigas, no quería que pensara mal de ellas, además, yo no sabía por qué estaba mal o por qué me incomodaron tanto los comentarios de ellas, creo que sí le conté cuando me gritaron frijolera, y me dijo: ¡Pinche gente loca!, pero no fue algo a profundidad, ni con mi papá. Mi mamá no convivía con la gente, solo compraba cosas en tiendas donde tenía más amigas, era cuando vivíamos en La Puente porque ahí toda la gente era latina, mi papá es el que ha convivido más con gente blanca, pero nunca ha dicho nada, nada mas dice de que «güero mamon» o así, como que se platican entre ellos pero a nosotras nunca nos decían nada. Más bien, Ivette y yo éramos las que platicábamos en la high school, tampoco hablábamos tan acá, yo no le decía qué me decían mis compas y ni ella a mí, mas bien, a veces de que la gente blanca hacía cosas raras e Ivette y yo de que pinche gente blanca mamona.

—Observadoras de las barbaridades de gente blanca

—Sí — me dice entre risas — cuando estábamos en primero y vimos que había morras con tacones y cómo hablaban y así, de que era la prepa e iban vestidos muy acá, nos sacaba de onda. No sé, cuando llegue me sentí incómoda, no me gustaba que hubiera tanta gente blanca. Extrañaba la anterior casa porque ahí había mucho latino y asiático, mi mamá dice que sentía muy a gusto con los chinitos, y pues sí, es eso, que no estábamos acostumbrados a tanta gente blanca, y de repente, pura gente blanca, y sí, bien pesadita.

—¿Y cómo te tratan aquí?

—Bien volteados, bien volteado el asunto porque luego luego escuchan mi acento o les digo que soy de allá, y en corto de que ¡ah, que chido! Allá bien discriminadores y aquí bien chidos, pero hasta que lo saben y me hablan, porque a veces ni me hablan y por mi apariencia de tatuajes, aunque tú me digas que me veo muy fresa, a veces sí se me quedan viendo bien feo, pero se dan cuenta que soy de allá y todo chido.

—¿Y esa situación cómo te hace sentir?

—Pues me incomoda, de un principio me hacia sentir cómoda porque me sentía incómoda aquí en un país que no conocía, y sentía bonito que la gente fuera amable, porque se hace amable la banda cuando saben que eres de allá, pero ahorita, que ya llevo seis años aquí, y que me tratan mejor cuando saben que soy de allá obviamente me hace sentir bien incomoda.

—¿Y por qué ahora te hace sentir incomoda?

—Porque sé porqué lo hacen, porque piensan que Estados Unidos es lo chido y soy de allá.

— Representas el ideal de vida estadounidense al que muchos aspiran

—Ajá, y ahora soy cortante, cuando pueda, porque a veces no se puede, como cuando vino Ximena y nos quedamos solas hablando, nada más lo que es, y pues sí, ser cortante de que soy de allá y ya no dar detalles, y cambio el tema.

—¿Y la lesbiandad cómo se atraviesa con todo eso? ¿Cambia su amabilidad cuando se enteran que eres lesbiana?, porque una cosa es ser una morra chicana y otra ser una morra chicana lesbiana.

—Allá no sé, mi lesbiandad la estoy viviendo desde que vine a México, y toda la banda de allá like cercanos, todo bien chido porque son de mi edad, y aceptan , y luego aparte pinche banda mamona de que ya sabían, dicen, entonces como de que bien equis, y aquí, yo siento que es diferente, lo veo con tu familia que es gente que no conozco y que saben que soy de allá y que saben que soy lesbiana chicana, siento que como que ser chicana es un plus y les amortigua mi lesbiandad ¿sabes?

Lo que decimos de que a lo mejor no estuvo fácil aceptarlo, pero yo siento que facilitó mucho que soy de allá, y que, pues mi familia somos de varo y estamos muy bien económicamente, y siento que, si fuera lo contrario, fuera muy distinto.

Aquí en México con mis primos no cambió algo, a los que les hablo que son Jesús, Roberto y La Polla, que sean mamones es otro pedo ¿verdad?, creo que la que sí cambio es Liz, aunque a veces trata de hacer como que no. Julieta no, mis tíos no, bueno sí, la Yolanda, desde que soy más visible y vivimos enfrente de ellos yo siento que sí cambió la relación con ella, de que pues está súper en su cara la lesbiandad, siento que no estoy explicándome chido, pero de que ahorita, te digo, que ya está más en su cara nuestra lesbiandad, ya hubo pedos y ya pusimos mas bien distancia, por nuestro cuidado. Porque al principio todo chido, de que ellos sabían qué pedo, pero no decían nada, pero chido de que se llevaban chido contigo. Y ahora que lo pienso, iba a pasar de que hicieran comentarios súper lesbofóbicos y acá para ¿descreditar? ¿sí se dice así? Bueno, desde ahí fue poner distancia, y también con ella, porque era con quien convivía, entonces, obviamente ahorita que soy lencha más acá en sus caras, ya no me siento cómoda de ir a eventos familiares o ir contigo, por lo que pasó, no me siento cómoda, como la última vez con lo de Halloween que tuve que ir porque me lo pidió mi Chinita.

—Algo más que quieras agregar

—De que, pues soy lencha chicana, una chicana lencha, pero pues vivo en México, entonces pues aunque sí sé que, ¿cómo lo digo?, aunque soy una lencha, y una de color,  pero viviendo aquí en México se me hace más…no fácil, pero no tan difícil or peligroso como otras lenchas aquí en México. No sé cómo decirlo, Jan, pero eso. Y que no quiero regresar nunca allá.

 

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La Crítica