Por Cinthia Bautista Bautista

El miedo a conocerme, a expresarme, a mirar hacia mi interior, a escucharme y entenderme, ha sido un largo camino en el que, por cierto, continuo explorando. Siempre había querido indagar esta parte de la poesía y siempre había tenido miedo de intentarlo, me he dado cuenta que el escribir es una herramienta muy poderosa de la cual recientemente he vencido el miedo a hacerlo.

Quiero escribir sobre mi última relación sexo afectiva, ya que el cuestionarme el amor romántico en estos momentos me ha hecho enfrentarme a mí misma, a entender por qué cargo con la heterosexualidad obligatoria y a cuestionarme por qué me da tanto miedo desligarme de ella, aun no tengo las respuestas claras, pero sí les puedo compartir que he estado reflexionando mucho y ahora entiendo que durante toda mi vida he sido “domesticada” en el amor romántico (heterosexualidad obligatoria), idealizando, deseando todo aquello que me han dicho que necesito para ser feliz: un hombre, un anillo, una boda.

Me da pena confesar que lo deseaba tanto que no importaba que mi relación simplemente ya no daba más de sí, ya había exprimido todo de ella; había dejado de gozar mi relación, mi tiempo, mi espacio, de él, de lo que hacíamos, de lo que vivíamos: dejé de gozar la vida con él. Y aun así me decía que quería consumar mi heterosexualidad obligatoria con él, a pesar de saber que me vendería a mí misma por un anillo de oro, o que dejaría mi libertad, al ser la mujer “de alguien”, aunque yo sabía lo que implicaba y en mi interior sentía miedo, angustia, ansiedad, enojo, ira que después mi cuerpo manifestaba de forma física, no me quise escuchar y me ignoré.

Como siempre la universa, las diosas y mis ancestras que me cuidan y llegó un momento en el que se rompió el lazo, así nada más. Fue doloroso y muy muy triste, aunque a comparación de otras relaciones que he tenido, esta vez no fue devastador.

Si escribo esto es como parte de reconocerme lo que viví, que estuve ahí y que deseaba una vida de heterosexualidad obligatoria, aun sabiendo el costo que esto tendría. Y que a pesar de todo, mi mami, mi hermana, mis amigas y mi familia están conmigo y me respaldan.

En este camino decidí hacer una parada y voltear a mis lados y hacia atrás, y me vi rodeada por ella, por todas ellas, acompañándome, levantándome, caminando conmigo, sonriendo, mirándome, escuchándome. Ellas me dan todo lo que yo quería tener y que me habían dicho que el amor romántico me daría.

He reconocido que mi mami me enseñó a gozar de la vida, mi hermana todos los días me recuerda cómo hacerlo porque a veces se me olvida, hoy me siento bien, ahora reconozco una frase que me han dicho en todas las relaciones sexo afectivas que he tenido, “siempre quieres más, nunca es suficiente para ti” así como la canción de Natalia Lafourcade.

Mucho tiempo pensé que era mi culpa, que los hartara y exprimiera, y que ellos llegarán su límite de dar, sentir, querer, amar. Ahora lo miro diferente, ahora entiendo que era mi poder erótico (que mi mami y mi hermana me ayudaron a desarrollar) el que estaba sintiendo y que sabía que podía alcanzar algo muy gozoso porque lo había sentido. Porque como dice Audre Lorde “la satisfacción es posible” y en palabras de Celia Cruz “hay que gozar que la vida es un carnaval y las penas se van cantando”.

Cuando gozo, cuando me satisfacen las cosas que hago, que vivo, que siento, soy honesta conmigo misma, me escucho y me apapacho. Puedo vislumbrar qué me hace sentir mejor, qué me hace bien. Hoy decido vivir en un continuo lésbico, en donde no necesito renunciar a mí para ser feliz, en donde puedo ser yo y estar tranquila, en donde puedo experimentar toda la gama de emociones incluso con dolor, ansiedad y tristeza sin que ellas me derrumben, me lastimen o me dañen.

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