Cultura

Desfase de contenido en La Camarista

Por Jocelyn Pérez
Imagen tomada de Revista Empire

Mucho se escribe sobre la película La Camarista, ópera prima de Lila Avilés que ha sido multipremiada. ¿La dirección? Técnicamente bien. ¿La actuación? Técnicamente bien. ¿La fotografía? Técnicamente bien. Y si es tan buena, ¿por qué estoy tan decepcionada?

Mientras que las películas de hollywood muestran personajes burgueses quedándose en hoteles lujosos que siempre están impecables, La Camarista nos muestra ese mundo de las mujeres que limpian esos hoteles. La película se centra en Evelia, una madre soltera que se la pasa todo el día trabajando en un hotel para mantener a su hijo de cuatro años, a la par de su trabajo comienza a tomar un curso para presentar el examen de CENEVAL.

La película se centra en las ausencias y lo invisible. De la ausencia de su hijo y demás familia, hasta la ausencia de amigas en el trabajo. Evelia conoce a los huéspedes a partir de lo que dejan en las habitaciones, pero también se encariña con quienes solo están de paso y dejan su ausencia. Y, en general, Eve solo existe mientras alguna de sus compañeras la necesite.

Respecto a lo invisible, el servicio es invisible. No está permitido que las trabajadoras estén en ciertos espacios, tienen su propio elevador para no molestar a los huéspedes. Y también en los hombres blancos que hacen como que el servicio no existe y ni siquiera les dirigen palabras largas.

Imagen tomada de Chilango

Por un lado, se presenta una secuencia de Evelia pidiendo un vestido rojo que alguien dejó olvidado, lo consigue porque es la primera en la lista y por su insistencia. Por otro lado, hay un ascenso que cree que va a conseguir, pero se lo dan a una de sus compañeras que le había pedido que limpiara habitaciones y entonces se dan a conocer las verdaderas intenciones detrás de su “buena onda”.

Cuando salí de ver La Camarista solo tenía una pregunta: ¿la directora es blanca? Y para mi (no) sorpresa: LO ES. No es suficiente ver mujeres morenas precarizadas en la pantalla, se tienen que escuchar desde la dirección, ¡DESDE EL GUIÓN! No es suficiente contar una historia sobre camaristas, hay que hacerles justicia, y no me refiero al habla cotidiana que sí está incluida, sino a llenar de dignidad a estas mujeres. Si esto no se ve, como sucede en La Camarista, el contenido se desfasa y vemos a unas trabajadoras vistas por una mujer blanca que no conoce el día a día de estas mujeres. 

Al principio de la película Evelia se la pasa comportándose como hombre, es decir, aislándose de las demás mujeres que le ofrecen ayuda e ignorando a un hombre que se muestra interesado en ella, esto segundo lo entiendo porque es un macho como cualquier otro que en cuanto obtiene lo que quiere, se va con su siguiente víctima. Después cambia y aunque comienza a pedir y hacer favores a sus compañeras, sigue aislada a la hora de la comida y durante las clases a las que asiste.

Imagen tomada de El País

La construcción de los personajes de las mujeres es misógino. En el primer ejemplo, una de sus compañeras está constantemente pidiéndole favores, pero no lo hace de forma inocente sino porque necesita limpiar un gran número de habitaciones para obtener un ascenso, como si no pudiera haber una verdadera amistad entre estas mujeres trabajadoras porque obvio el peor enemigo de una mujer es otra mujer. El segundo ejemplo es una mujer que vende túpers, pero es evidente una manipulación psicológica que usa en sus palabras: “Vendo trastes para ayudarme”. Porque obvio estas mujeres venden túpers para acumular capital y no porque el sueldo que ganan no les alcanza y necesita otra fuente de ingresos. El tercer ejemplo es que Evelia se embaraza al tener relaciones una vez con el hombre que la estuvo persiguiendo durante tanto tiempo. Porque obvio Evelia es tonta y no sabe cuidarse, a pesar de que ya tiene un hijo y puede dimensionar las consecuencias de sus acciones.

Al final de cuentas, lo último que le interesó a la directora es contar la historia de una mujer precarizada. A decir por las entrevistas, la prioridad fue el voyerismo y demás técnicas cinematográficas, que estuvieron bien logrados, pero no les hace justicia a las mujeres y entonces, hubiera sido mejor una historia sobre hombres. Esto nos deja con una pregunta: ¿qué debe ser más importante: o la ejecución cinematográfica?

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