Lectoras que escriben

¿De quién aprendí a ser independiente?

María del Rosario Soria García

Gocé de una infancia normal, es decir bajo el sistema patriarcal, a pesar de ser una familia con una mayoría de mujeres, los roles siempre han estado establecidos y sin cambio. Aprendí que las mujeres guardan la “compostura” delante de los hombres, que saludas a pesar de sentir que esa persona no tiene las mejores intenciones, que sirves y cuidas del hogar, aprendí que la responsabilidad y crianza es de la mujer, si los hijos e hijas son delincuentes, mentirosos, viciosos etcétera es “culpa” de la madre que los sobreprotegió o los abandonó.

Provengo de una familia donde las mujeres han sido proveedoras y responsables del hogar; mi madre, fue criticada y juzgada por habernos dejado al cuidado de la abuela y emigrar a los Estados Unidos para poder brindar una seguridad económica, si esto lo hubiera hecho un varón, hubiera sido digno de elogio, sin embargo, escuché a mi familia decir aseveraciones como: “es lo peor que puede hacer”, “su hijas van a salir embarazadas o se irán con el primero que encuentran”, “no van a terminar de estudiar”, “son niñas que necesitan una familia y yo intenté dárselas”, etcétera, creencias que marcaron radicalmente mi historia porque no decidí someterme a ellas.

Al momento en el que mi madre emigra, sentí que era mi responsabilidad llegar a ser independiente y lograr terminar mis estudios, porque de otra forma se cumplirían todas esas creencias a mi alrededor sobre la debilidad de las mujeres, la fragilidad que se otorga cuando no hay un hombre responsable, o como lo dice Kate Millet (1970), propietario de la familia.

En muchas ocasiones llegué a pensar que sí es verdad, el hombre otorga seguridad y respeto a la familia, sobre todo a las mujeres, porque nos hicieron saber que todo por lo que estábamos pasando iba a terminar mal. Culpé a mi madre por muchas de las situaciones que vivía, en lugar de reflexionar lo que estaba pasando, o tal vez lo intenté pero mis ideas estaban erróneas.

Es verdad que la sociedad influye en la forma de tratar a las mujeres que se hacen responsables de la familia, somos las “pobrecitas”, las “valientes”, “fuertes” y nos dotan de una serie de cualidades hasta cierto punto extranormal o angelical, algo similar a las etiquetas puestas en las personas con discapacidad.

Mi familia es un sistema patriarcal ya que las mujeres que se casan con los varones tienen responsabilidades de empleo, pero también la responsabilidad de educar a sus hijos, son las encargadas del hogar, son quienes viven el día a día, esperando a que sus maridos lleguen a casa. Ese es el ejemplo de familia del cual yo he sido parte, parece que en pleno siglo XXI, las mujeres no somos mujeres sino estamos acompañadas de hombres.

El tema de la autoridad patriarcal, como se menciona en Política Sexual de Millet (1970), es también un factor importante en mi educación, a los hombres no se les contesta, se les mantiene contentos, se obedece sin preguntar, somos responsables de sus emociones; de hecho, cuando mi madre quería corregir algún comportamiento que se salía de las reglas, me decía: “si tu papá viviera, eso no le gustaría, se enojaría”.

Ese respeto, que a pesar de ya no estar físicamente, se reproduce, sucede con mis abuelos, son dignos de admiración y respeto a pesar de haber realizados actos de violencia y represión con las mujeres.

A pesar de ello, existieron ocasiones en las cuales, se nos dijo, que podíamos ser diferentes, que estudiáramos, (aunque elegimos carreras de las ciencias sociales; maestras y enfermeras), que podíamos disfrutar de una seguridad económica y emocional.

Recuerdo que en alguna ocasión escuche decir a mi madre y abuela: hijas, ustedes estudien y busquen su trabajo, para que ningún hombre las humille o las controle, que disfruten su dinero y su trabajo, no repitan lo mismo que nosotras”, palabras que en diversas ocasiones me hicieron seguir adelante a pesar de las adversidades.

Así, que si bien la familia es una institución que reproduce el sistema patriarcal, existe algo en las mujeres que nos llama al cambio, a insubordinarnos ante las tradiciones, un momento en el que si permanecemos atentas, nos damos cuenta que en cada mujer hay un deseo independiente de SER diferente y no seguir sometidas.

Es por eso que el día de hoy puedo discernir muchas de las situaciones que no deseo seguir reproduciendo, existen muchas creencias de pensamiento que aún debo dejar en el pasado, pero estoy en el camino de realizarlas.  El no dejar de cuestionarme y creer que la vida puede ser diferente, lo aprendí de las mujeres de mi familia, o de alguna mujer que ha sido ejemplo en mi vida.

Ilustración de Claudia Tremblay

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