Feminismo

[Cuento] La mancha roja

Por Sandra Contreras

Es miércoles por la mañana, me despierto cansada porque la noche anterior me desvelé haciendo esos ejercicios de matemáticas que parecían infinitos, muevo las cobijas, doy un fuerte respiro y me levanto, me miro al espejo, aparentemente estoy inflamada. Decido ir al baño y efectivamente “los días rojos” han llegado de nuevo. Regreso a mi habitación por unas toallas, vuelvo al baño y coloco una de ellas, guardo dos en la mochila, para después.

De nuevo en mi habitación, abro el cajón y tomo el uniforme de educación física, genial porque es más cómodo, mal porque debo hacer ejercicio mientras mi cuerpa expulsa sangre de entre mis piernas. Termino de vestirme y arreglarme el cabello, meto los últimos libros en la mochila, salgo del cuarto y mi papá me pregunta si estoy lista, «sí vámonos», le digo, él carga mi mochila. Mi madre, padre y yo salimos de casa para subirnos al coche, unos cuantos metros y me dejan frente a la escuela.

Muestro mi credencial como de costumbre y el prefecto me deja entrar, no sin antes detener a la chica que viene a mi lado por traer las uñas pintadas, como si fuera la gran cosa la mandan a dirección a despintarlas. Yo veo a mis amigas y me acerco a ellas para platicar sobre la tarea y los exámenes que se aproximan. De pronto dan las 7:30 am y abren la puerta para bajar a nuestros respectivos salones. Mientras bajamos descubro que hoy es un día de esos en los que tendré cólicos, tras un retortijón se me quitan las ganas de ser productiva.

Al ser el primer día de mi periodo, se supone que no debía ser tan abundante, así que decido esperar a ir al baño en el recreo, una clase después llega la hora de Educación Física y como de costumbre corremos, nos estiramos, jugamos, siento que la toalla se ha movido por el movimiento, pregunto al profesor si puedo ir al baño, no me deja, así que con un par de movimientos extraños y una caminata intento acomodarla lo mejor que puedo. Termina la clase y regresamos al salón, debo ir al baño, pero la maestra me pide que espere al pase de lista, me siento.

En aquel entonces solía sentarme junto al niño que me gustaba y yo lo disfrutaba aunque ni siquiera nos habláramos, la maestra me avisa que ya puedo ir al baño, así que con mucho cuidado saco la toalla de mi mochila y rápidamente la pongo en mi bolsillo, ¡qué pena que alguien más se de cuenta que estoy en mis días!, cruzo el salón y me dirijo al baño, entro y cambio con cuidado mi toalla, la cual se había enrollado después de tanto movimiento, verificó que todo esté bien, que no hayan manchas, termino y regreso a mi salón. ¿Recuerdan al chico del que les platiqué? Bueno, lo vi mientras caminaba a mi lugar, tenía una expresión extraña, sin embargo esperó hasta que llegara a mi lugar.

¡No te sientes, qué asco! expresa mientras gira su cabeza hacia mi silla, volteo también para ver qué pasa, hay una mancha roja en mi silla, me había equivocado, sí había una mancha en mi pants que no noté porque era negro y mientras estaba sentada se había marcado en mi silla. Me sentí tan avergonzada, quería desaparecer, pero no podía, tomé mi botella de agua y un pañuelo para limpiarlo, pero mientras lo hacía él comenzó a decirlo entre todos los compañeros, ellos se rieron y yo me sentí aún más avergonzada, pero también enojada. ¿Qué le costaba cerrar la boca? ¿Acaso no le enseñaron que es normal? Quise decirles algo, no pude, tampoco le volví a dirigir la palabra en todo lo que me quedó de tiempo en la secundaria.

Limpio y guardo el pañuelo en mi mochila, no quiero que la otra mitad del salón lo sepa también, pienso en que quizá si no nos hubieran acomodado por apellidos, estaría sentada cerca de mis amigas y ellas habrían sido mis cómplices como ya lo habíamos hecho cuando a otra le pasó, antes del cambio de lugares. Estaba molesta conmigo, con mi cuerpo por hacer lo que hace, por no haber ido antes al baño, con la maestra por no haberme dejado cuando se lo pregunté, con ellos por no poder cerrar la boca, con los supuestos doctores que vienen cada año a hablar sobre sexualidad ¿qué no hablan sobre menstruación con los hombres?

Ese día llegué a casa muy decepcionada, pero al menos ya estaba en la privacidad de mi casa y mi familia con quienes sabía que lo acontecido en la escuela no pasaría allí. Me tomó años después de eso aceptar que la menstruación es parte de mí y mi naturaleza como mujer, aceptar que va acompañarme por quizá casi la mitad de mi vida, me costó hacer las paces con ella y con los cambios que le provoca a mi cuerpo.

Aunque siendo sincera, sigo molesta con mis compañeros, por haberme hecho sentir tan avergonzada, cuando sólo era una mancha roja en la silla, por haberme hecho sentir sucia y mal por algo tan natural que hace mi cuerpo. A mi me costó entenderlo, amar la cuerpa y aceptar sus procesos, pero me gustaría que todas las demás hicieran las paces con la cuerpa y la menstruación, así que esta historia es para ti que la estás leyendo.

Te deseo mucho amor, ojalá comprendas que las manchas rojas son totalmente normales, las habrá muy probablemente en tu ropa interior, incluso en tus favoritos, tal vez en tus sábanas, en el colchón, en esos jeans que te quedan perfectos, quizá algún día hasta tu mano tenga una mancha roja por accidente, pero quiero decirte que no debes sentirte avergonzada por ello, tu sangre no es sucia y es un constante recordatorio de lo maravilloso que es tu cuerpo, aprende a conocerlo, cómo es, cómo se ve, cómo funciona. Pienso que uno de los pasos a dar para aprender a amarte a ti misma es conocer tu menstruación.

Mujer que lees esto, tu menstruación es un proceso natural y normal de tu cuerpa, quizá observes cambios en otras partes de tu cuerpa debido a ello, pero siguen siendo normales, acéptalos es parte del ciclo, no te sientas avergonzada. Profesora, los permisos al baño deben ser ilimitados y sin preguntas, no sabes cuando puede ser una emergencia. Doctora o enfermera, responde las dudas de todas cordialmente. Compañera sea cual sea la edad que tengas, acompaña a las demás si lo necesitan, lleva una toalla extra y compártela con la que le llegó la menstruación de sorpresa. Pero sobre todo apoyémonos entre nosotras ¿por qué sino, quién más puede entenderlo más que nosotras mismas?

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La Crítica