Cuento

[Cuento] Foto de pared

Por Verónica Márquez

 

-Escuchen, esta tarde vendrá el fotógrafo a tomarnos una foto de familia. Ya les había dicho, no me salgan con que no. Alístense, por favor, esta vez no se pueden negar.

Mamá siempre había querido que se hicieran una foto todas juntas. Lo pedía cada año como regalo de madres, o para su cumpleaños, o navidad. Blanca, la menor, siempre le decía que sí, pero cuando estaban juntas las seis hermanas, nunca lograba convencerlas a todas. 

-¡Ay, mi mamá y sus cursilerías! 

-¡No me arreglé para la foto!

-¡Otro día! Dile, Blanca. 

-¡Se nos va a enfriar la comida!

-¡Vamos a hacerlo de una vez por todas!

Blanca repasaba las fotos antiguas en la pared de su casa. Mamá las tenía organizadas en diferentes etapas de su vida. Las de la niñez con su madre, su abuela, las tías, las madrinas y otras señoras desconocidas para ella. Mamá le había dicho mil veces quiénes eran y le había contado la historia detrás de cada captura, el evento y la fecha. Pero no se atrevía a preguntarle otra vez porque sabía que al comenzar la frase con: “Esa foto la tomaron cuando…” necesitaba reservar tiempo para escuchar el acontecimiento completo y de todos modos volvería a olvidar a las extrañas de la foto. 

En otro grupo tenía las fotos familiares con 10 o más mujeres sentadas haciendo frente al bloque patriarcal. Casi siempre vestidas de negro y con gestos solemnes en su rostro. Esas las pasaba de largo y prefería ver las de la escuela. Mamá aparecía siempre bien peinadita con limón, como ella misma lo decía, con las trenzas bien puestas. Pero las que más le gustaban a Blanca eran donde Mamá estaba con sus amigas de la facultad. El pelo negro suelto, esponjado, raya en medio y a veces con colas lado a lado, a la altura de las orejas. El rostro de mamá ahí se veía más natural y de sonrisa sincera. Anhelaba haberla conocido entonces.

En otra parte de la pared estaban las fotos de sus 6 hijas. No se llevaban más de dos años de diferencia. Cada una con la pose de moda cuando nacieron. Mamá no hizo de menos a ninguna. Todas tuvieron su foto y atuendo de estreno. Luego, había fotos de todas conforme fueron creciendo. En unas llorando, en otras riendo, los bautizos y las comuniones, las quinceañeras. 

Quinceañeras sólo hubo cuatro. La primera con bomba y platillo, la segunda un poco más modesta, la tercera no quiso nada. A la cuarta se la hicieron las tías, mamá estaba enferma. La quinta prefirió ir a un concierto y Blanca se dio cuenta que sus tías y Mamá necesitaban la fiesta. Así que se dejó querer y se dejó vestir, peinar y maquillar, pero no quiso la danza ni la corte de princesa. Mamá y las tías comieron y bebieron sin medida y bailaron haciéndole rueda. Ésa, la de los XV de Blanca, era probablemente la foto más bella porque la tomaron cuando ya andaban deschongadas. Siempre que la mira, Blanca recuerda y vuelve a reírse porque ella y sus hermanas no paraban de hacer burla de los desfiguros señoriales de aquellas, pero los rostros en la foto, sin duda, tenían la huella del brillo de todas en los ojos. 

Luego seguían las fotos de las graduaciones de todas, porque ninguna se quedó sin la herencia del estudio, como decía Mamá. 

-Me lo he gastado todo en vida para mis hijas, nada de herencias materiales, que se eduquen y sean independientes, esa es mi única herencia. 

-¿Y si no quieren estudiar qué vas a hacer? Preguntaba la comadre. 

-Van a querer, decía Mamá con la mano en la cintura. 

Y sí quisieron. Ahí estaban las fotos de todas con Mamá en sus graduaciones.

Después de ésas, ya no había más. La parte de la pared que quedaba vacía se había reservado para la foto familiar que Mamá tenía 10 años pidiendo. 

Blanca rozaba la pared vacía con su mano y se preguntaba por qué aún no conseguían que estuviera esa foto. Quizá porque después de las formalidades obligatorias ya no había razón para fingir sonrisas. ¿En cuántas fotos realmente sonrieron? ¿En cuántas fotos no hubiera querido salir nunca? ¿Cuántos momentos realmente memorables se habían quedado sin foto? ¿Y las ancestras de las fotos? Ella y sus hermanas no tenían hijas. ¿Quién iba a heredar esas fotos? No iba a quedar nadie a quien narrarle las historias, la razón de las fotos. ¿Quién la vería en ellas y se preguntaría quién es esa señora?

-¡Blancaa! Ya llegó el fotógrafo.

Mamá bajó la escalera pavoneándose con su vestido nuevo para la foto. Detrás de ella venía la primera con sus remedos, saludando como reina de primavera. La segunda arreglándose el pelo rebelde tratando de destaparse los ojos. Las demás ya estaban abajo.

Se acomodaron en el jardín frente al arco frondoso de bugambilias. Mamá en medio y las hijas a sus costados. 

El fotógrafo listo con todos sus aditamentos.

-¿Listas?

-Espere- dijo Mamá, sacando de una caja siete tocados florales.

-¡Mamá!- gritaron todas en coro.- ¡No!  ¿Me la tengo que poner? 

-¡Flower power!- dijo mamá y desde luego se la puso en la cabeza. 

Sonaron las carcajadas de todas. 

Una sostuvo el tocado en la mano como ramo. Otra se la puso en el cuello. Una más en la frente, otra se la acomodó en una pierna, otra le quitó la diadema y se la enredó como serpiente en el brazo. Blanca la partió en dos y se adornó la orejas. Se voltearon todas a ver con dulces y silenciosos te quieros. 

-¿Listas? ¿Todas listas?

-Pajarita, pajarita…

Voltearon.

Sonrieron a la cámara por si acaso.

 

 

 

*Este texto se trabajó en el taller Círculo Feminista de Lectura y Creación Literaria impartido por Montserrat Pérez para Ímpetu Centro de Estudios A.C.

One thought on “[Cuento] Foto de pared

  1. Qué bello relato, Verónica. Atrapa y deja con ganas de saber más de la historia de Blanca y su familia. Te felicito.

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