¿Por qué India decidió prohibir el alquiler de vientres?

Fotografía: Mansi Thapliyal/Reuters vía The Guardian

Por Alejandra Bolívar

Por años, India representó un paraíso para las parejas occidentales en busca de tener hijas e hijos a través de la llamada “maternidad subrogada” que es, directamente, alquilar el vientre de una mujer para que ella pase todo el proceso de gestación y parto, y que en ocasiones dé uno de sus óvulos para que se fecunde y se le implante o que se le implante un óvulo fecundado ajeno. La pareja que alquila el vientre en teoría se compromete a pagar todos los gastos que implique el embarazo, a llevarse al o la bebé cuando nazca y pagarle por su tiempo y esfuerzo a la mujer… y a la compañía con la que contrata la subrogación.

Es, entonces, un modelo de negocio que en países “desarrollados” puede ser costosísimo (alrededor de los 150 a 240 mil dólares), pero que en India va de entre los 15 mil a los 30 mil dólares, una fracción del costo. De ese precio, las mujeres reciben una fracción mínima. El testimonio de una de las llamadas “gestantes” (con toda la deshumanización que implica el término) cuenta que recibió alrededor de 3500 dólares solamente. Las mujeres además tienen una serie de restricciones que supuestamente se aplican para asegurar su bienestar y el de el o la bebé. Julie Bindel visitó en 2016 una clínica en India para conocer las condiciones bajo las cuales se presentaba la subrogación.

Bindel narra cómo las clínicas tienen catálogos en los que las parejas pueden conocer a las mujeres o potenciales “gestantes”, quienes no reciben el dinero en un solo momento, sino que se les va dando poco a poco, como medida de control y para asegurarse que la mujer cumpla con todo lo que se le exige. Asimismo, se tienen condiciones estrictas sobre su alimentación, salud e incluso quiénes las “cuidan”.

En una de las clínicas aseguraron que era mejor que pasara el embarazo en casa, pues los maridos eran mejores “guardianes” para el cumplimiento de todas las exigencias que las casas u hogares comunes proporcionados por las clínicas. Incluso si había violencia doméstica, se le llegaba a dar protección a la mujer durante el embarazo y luego se le enviaba de nuevo a casa. Otras clínicas prefieren mantener a las mujeres cerca, para monitorearlas, en esas casas comunes. Además, tienen medidas para que las mujeres no generen vínculos con lxs bebés que van a parir, entre ellas, se les da medicamentos para que no lacten, que los óvulos implantados no sean los propios y no pueden ver a las o los bebés una vez que nacen.

En octubre de 2015 el gobierno de India decidió restringir el acceso a la maternidad subrogada, prohibiendo la versión comercial y volviéndola accesible únicamente a parejas nacionales con problemas de fertilidad y con la “ayuda” de una voluntaria, quien no recibe ningún pago y de preferencia debe formar parte de la vida de la pareja (una hermana, prima u otro miembro de la familia, aunque tampoco queda muy claro en la ley esta parte). En 2016 se estipularon las nuevas condiciones a través de la Ley para la (regulación) de la subrogación o The Surrogacy (Regulation) Bill.

Una de las imágenes que se usan para promover la subrogación, nótese cómo la mujer sólo se muestra como una silueta, sin rostro

La prohibición y limitación generaron polémica, incluso protestas por parte de las mujeres que se dedicaban a la subrogación, pero expuso algunos de los grandes problemas con esta industria: la explotación de los cuerpos de las mujeres, el abuso hacia las mujeres pobres que dependían del alquiler de vientres, el incumplimiento de los contratos, así como la propia estipulación de estos contratos y el poder de decisión de las mujeres en ellos.

En abril de 2016, Abby Rabinowitz de The Guardian entrevistó a algunas de las mujeres que fueron madres subrrogadas. Entre las cosas que encontró estaban, por ejemplo, el contacto limitado entre ellas y las parejas que contrataban el “servicio”, ambas partes sabían poco unas de las otras y además hablaban idiomas diferentes, por lo que el papel de la negociación quedaba completamente en manos de las agencias o clínicas. Al final, lo que recibían no era suficiente para todo el peligro físico al que se exponían con un embarazo. Sin embargo, se pintaba el proceso como “altruista” y de ayuda mutua. En realidad, es la misma historia de colonialismo enmascarado de caridad. Las parejas reciben un bebé y las mujeres dinero que “les cambia la vida”. Claro, si todo sale bien. Porque si existen complicaciones, las mujeres no reciben todo ese dinero, al contrario, se les somete a una serie de agresiones físicas y emocionales por las que se les compensa muy poco.

Uno de los argumentos de las agencias de subrogación para mantener el contacto limitado es que las “gestantes” pueden llegar a manipular emocionalmente a las parejas o extorsionarlas, por lo que India representaba una gran opción al mantener las relaciones lo más alejadas posible, al grado en que algunas mujeres sólo vieron una vez a las parejas para las cuales trabajaron. Actualmente, muchas de las mujeres buscan que se abran de nuevo las puertas para la subrogación comercial, pero ahora con ellas bajo el control de las transacciones, que sean visibles y puedan decidir. Los “clientes” dicen que no les gustaría un modelo así.

Quedan una serie de cuestionamientos como el hecho de que, al fin y al cabo, representa la explotación de los cuerpos de las mujeres, al grado de poner en riesgo su vida. También existen dudas sobre la versión “altruista” y sin paga. ¿Por qué, si es un trabajo que empodera y cambia para bien la vida de las mujeres, países como Suecia lo tienen prohibido (tanto por los problemas legales que supone ingresar a lxs bebés al país y porque no pueden garantizar una decisión libre de las mujeres)? ¿Por qué no hay o casi no existen mujeres de países ricos que se presten a la práctica como forma de vida? Más aún, si lo hacen, ¿son las mismas condiciones? No, las limitaciones e incluso las formas cambian diametralmente.

India no es el único país asiático que está regulando o prohibiendo directamente la práctica, también Tailandia, Camboya, Nepal, Vietnam y China, entre otros. Por eso, la industria ahora mira hacia países como Ucrania o México. En Ucrania se registran entre 2 mil y 2500 nacimientos por subrogación anualmente, de acuerdo con Madeline Roache, autora del reportaje “Las fábricas de bebés de Ucrania: el costo de la subrrogación”, publicado en Al Jazeera y que narra algunas experiencias en las que las mujeres denuncian malos tratos y el abuso por su situación económica:

“Todas estamos muy estresadas. La mayoría de las mujeres provienen de pequeñas villas y se encuentran en circunstancias desesperadas“, dice. “Nos pasamos la primera semana solamente acostadas y llorando. No podemos comer. Esta es una situación típica para las subrogantes”.

Al igual que en India, los pagos dependen de una serie de factores que en ocasiones escapan de las manos de las mujeres y los cuidados de la salud terminan una vez que se lleva a cabo el parto y se entrega a la criatura. Si hay un aborto espontáneo o una muerte inesperada del bebé, no se les paga, por ejemplo. Las agencias, por otro lado, escapan a una serie de responsabilidades a través de excusas  y obstáculos legales.

Fotografía de Madeline Roache/Al Jazeera vía Al Jazeera

En México existe un debate continuo sobre el tema. Tabasco y Sinaloa son dos de los estados que la permiten y actualmente se abre la oportunidad de legalizarlo de manera más amplia a través de propuestas como las de la futura secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero, como reportó Leonor Casas Ferrer en La Crítica:

“En el documento presentado por Sánchez Cordero se describe que desde hace cuatro décadas se encuentran disponibles técnicas de reproducción humana asistida tales como “el coito programado, la inducción de ovulación, la inseminación artificial, la fecundación in vitro, la transferencia de óvulos fecundados, la transferencia intratubárica de gametos u óvulos fecundados, la criopreservación de ovacitos y óvulos fecundados, y la maternidad subrogada, entre otros”.”

En un país en el que los derechos humanos de las mujeres son sistemáticamente violados y asesinan a 9 mujeres diariamente por violencia machista, abrir las puertas a una práctica como ésta representa un retroceso, más que un avance. ¿Cómo se garantiza el cuidado y respeto al cuerpo de las mujeres, así como que éstas decidirán libremente prestarse a alquilar su vientre? ¿Cómo se puede asegurar que quienes contraten el servicio se harán responsables no sólo del bienestar del o la bebé, sino también de las consecuencias físicas que tenga la mujer cuyo cuerpo se usó?

En Tabasco se presentó en 2017 el caso de una pareja homosexual que abandonó al bebé cuando se enteraron de que nació con problemas de salud, después regresaron y secuestraron al niño, aún cuando la madre ya lo había registrado como suyo. Algo similar sucedió en 2015 en Australia, cuando una pareja abandonó a uno de los gemelos que tuvieron a través de alquiler de vientre en Tailandia, cuando se enteraron que el niño tenía Sídrome de Down. A la niña, que nació sin complicaciones, sí se la llevaron. Entonces, no sólo hay una cosificación de los cuerpos de las mujeres, sino también de las niñas y los niños. Se eligen como si fueran fruta en un mercado, la que no está “bien”, simplemente se desecha.

La pareja australiana que abandonó al “bebé Gammy” porque nació con Síndrome de Down. (Foto: AP/CH4)

Uno de los argumentos es que las mujeres son libres de elegir sobre sus cuerpos y que si desean hacerlo y ganar dinero, pues que lo hagan. Claro, las mujeres son libres para mercantilizarse para el uso incubatorio o sexual (subrogación/prostitución), pero el aborto aún está penalizado en la mayoría de los estados de la república mexicana y, en ese caso, las mujeres ya no son tan libres de elegir, las que lo hacen terminan en la cárcel, muertas o se arriesgan a tener consecuencias graves de salud por la falta de servicios accesibles y dignos para la interrupción del embarazo.

Las mujeres mexicanas ahora se convierten en un botín para las empresas que ofrecen servicios de subrogación, quienes conocen y aprovechan las condiciones estructurales y las usan a su favor. Porque claro, es un negocio y eso no hay que olvidarlo. Eso del altruismo y el discurso social son meros espejismos que intentan justificar que se lucre con mujeres y bebés.

 

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