La búsqueda de María Dolores: El continuum de la violencia feminicida en Edomex

Imagen tomada de Fundación Karla de la Fuente

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa

Ciudad de México,  junio 2018.-

 

Marisol busca a su mamá María Dolores Rizo. Ella desapareció el 22 de diciembre de 2012 en el Estado de México. Los hechos están ligados a la violencia que vivía en su hogar y de la que intentó salvarse. Sin embargo, no hay certeza de dónde está ni de qué pasó, ya que hasta ahora las autoridades no han establecido una línea de investigación que les lleve a la justicia en este caso.

La historia completa la relatan Marisol Rizo, hija de María Dolores, y la investigadora Ita del Cielo en el fanzine “Como si me faltara una parte de mi cuerpo. La búsqueda de María Dolores Rizo”. Ésta es una “crónica a dos manos” cuyo propósito es dar a conocer el caso a través del testimonio de una de las víctimas de esta desaparición y, al mismo tiempo, sentar algunas claves desde la investigación que permitan entender los rasgos de la violencia feminicida en el Estado de México, la entidad que apuntala el número de feminicidio y desaparición de mujeres en todo el país.

Se trata de un diálogo donde el testimonio de Marisol –escrito con letra más grande y en primera persona- y el análisis de Ita del Cielo –en tercera persona- se hilvana entre párrafo y párrafo para relatar los hechos y al mismo tiempo ayudar a entender el contexto en el que sucedieron todas las violencias que anteceden y siguen a la desaparición de María.

“No es que no tuviéramos otra cosa que hacer. No es que quisiéramos seguir pegando afiches diariamente o pintando cruces rosas y clavarlas en el paisaje cotidiano cada fin de semana. La violencia por sí misma no nos trajo sonrisas, lo que nos trajo alegría y amistades fue la lucha que emprendimos a partir de esta amarga experiencia violenta”, dice el primer párrafo del texto.

Luego, las autoras relatan los hechos. María Dolores entonces tenía 46 años. Vivía con su esposo José y su hijo menor en una casa en obra negra en medio de una terracería con pocas casas vecinas. Dolores y José estaban en un proceso de separación por una serie de violencias de la que ella ya se estaba recuperando. Incluso dormían en cuartos separados y ella empezó a cambiar varias cosas de su vida. José se mostró molesto por el cambio. Dolores le contó a su hija que él la acosaba, la criticaba y la espiaba afuera de su trabajo.

Para llegar a su centro de trabajo en un comedor industrial de una fábrica de pinturas en Tepextan, -dice el texto- María tuvo que haber caminado por la terracería Textoco-Lechería, cruzar hacia la entrada de la población de Tequisquitlán y ahí tomar un transporte. Según declaró José, la mujer salió muy temprano de la casa para ir a trabajar y luego nunca volvió. Se dio parte a las autoridades, que siguen sin hallar línea de investigación, con el tiempo el padre se fue de la casa y abandonó al hijo menor con Marisol. Ya pasaron cinco años y cinco meses, pero cada día sigue siendo crucial porque hay evidencia que puede perderse y mucha otra que ya no se va a recuperar.

En entrevista, las dos autoras coincidieron en la necesidad de dar a conocer este caso por el estancamiento en el que desde 2012 –cuando ocurrió la desaparición- lo dejaron las autoridades. Sin embargo, dijeron, también nos da pistas para entender que la violencia feminicida es producto de un continuum de la violencia contra las mujeres que ocurre en esta entidad como producto de la precarización de la vida y el trabajo en las zonas conurbadas, el despojo del territorio, la estigmatización de las autoridades y de las empresas en contra de quienes tienen un familiar desaparecido, y la omisión y negligencia de la autoridad en los tres niveles de gobierno.

“Es necesario reflejar estos casos que no son individuales, sino que son experiencias que se están replicando en muchos territorios. Es necesario dialogar con otras personas que están en una circunstancia parecida y poder establecer, digamos, algunas claves de entendimiento, unas claves de lecturas de lo que está pasando sistemáticamente en algunos territorios”, explicó en entrevista Ita del Cielo, quien realizó la investigación en 2016.

“Yo iba a investigar casos de violencia feminicida pero con lo que me topé todo el tiempo fueron casos de desaparición, que está muy unida con la lucha contra el feminicidio. Se presentan rasgos muy similares en un contexto de violencia generalizada y de violencia contra las mujeres. Hay algunas compañeras, como Norma Andrade, que dicen que es el triángulo del feminicidio, la desaparición y la trata. Muchas veces se ven como delitos separados que no tienen nada que ver pero que definitivamente son parte de lo que llamamos algunas el continuum de la violencia”.

La violencia se replica en los hogares como en las instituciones donde se suponen que van a impartir justicia, el Ministerio Público hasta el juez, y en una serie de omisiones en la investigación de las que son responsables las autoridades por su indiferencia y por alimentar la impunidad. Además, cuando una compañera alza la voz desconfiando que quien perpetró la desaparición pudo ser alguien de la familia pone en crisis a la misma familia”, explicó la también autora de la investigación “Violencia feminicida y desaparición en cuerpos-territorios feminizados: familias que luchan por las ausentes en Ecatepec, Estado de México”.

Ita del Cielo observó que en la entidad mexiquense un aspecto central es que el gobierno de todos los niveles tiene estructuras de clientelismo históricas y muy ancladas. Ella explicó que, por ejemplo, la construcción de autopistas, del Mexibus, el boom de las inmobiliarias que se hizo en Ecatepec y el complejo llamado Plaza las Américas benefició a una élite empresarial que pertenecen al llamado grupo Atlacomulco a costa de la vida del resto de la población, quien se ve orillada a viajar por una sola ruta o adquirir créditos que después causan tensiones y estrés en el núcleo familiar.

“No puede ser que (a la par de los beneficios para la élite) hay lugares con calles sin iluminación y otras cosas que se pueden arreglar y no se hace. Hay un desprecio a la población muy brutal y en particular al cuerpo de las mujeres que se ve como algo desechable”.

Por ejemplo, dijo la investigadora, la construcción del Mexibus quitó rutas de traslado y provocó que las personas que necesitan desplazarte a las colonias de Ciudad Azteca tomen obligatoriamente ese transporte, pero la tarjeta para entrar sólo la venden martes y jueves de 5 a 7 de la tarde. “Esto es muy sintomático de cómo están funcionando las instituciones y la precarización de la vida que hay en el conurbado por los tiempos de desplazamiento, por el transporte, y otras condiciones de vida. Son prácticas de desprecio, olvido y utilización. Lo que estoy tratando de argumentar es pensar el feminicidio y la desesperación como parte de un despojo, y eso tiene que ver con quitarnos las ganas de una vida digna”.

Luego de la desaparición, Marisol fue rechazada laboralmente de Bodega Aurrerá por estar buscando a su mamá y su esposo fue orillado a renunciar de Liverpool. Lo que Ita del Cielo observó fue que, además del género, en la violencia feminicida está implicada una lógica del valor; es decir, algunas personas valen no por lo que son sino por el lugar que ocupan en las relaciones sociales. “Estas compañeras (que buscan a una persona desaparecida) que están en una situación de desgaste físico, económico y emocional, frente a la misma lógica capitalista se tienen que enfrentar como todas nosotras al trabajo asalariado”, explicó la investigadora.

Sin embargo, en su caso, hay un estigma que sale de las autoridades al culpabilizar a la víctima de la desaparición y poner en duda la calidad moral de las mujeres. Este gesto de descalificar también se replica en otros lugares como los espacios de trabajo donde, por ejemplo, las califican como problemáticas. “Lo que podría ser un tipo de apoyo, un espacio laboral que permita pedir permisos para faltar para ir a una audiencia, para ir a una búsqueda, no lo es. Al contrario, todo eso se empieza a restringir. Además, al haber una estigmatización bajo la idea de que dan una mala imagen se empiezan a cerrar puertas y se les pone una marca como de gente no deseable”, señaló.

Al respecto, Marisol Rizo declaró también en entrevista que lo que muestra esta publicación es precisamente la parte humana del problema. “La desaparición de mi madre ha conllevado muchas pérdidas más. Muchas personas que son ajenas a estas situaciones lo ven como un caso más, pero no solamente es la ausencia de la persona, hay muchas situaciones que se dan posterior a la desaparición.

“Las mujeres seguimos teniendo esa desventaja frente a los hombres. Los hombres siguen decidiendo por nosotras en muchos aspectos. Antes de la desaparición yo viví una situación de violencia de pareja, pero también las viví en otros espacios después. Antes yo era una persona que trabajaba para empresas, la situación en casa era estable, pero a raíz de esto perdí mi trabajo por los permisos y la salud empezó a empeorar y la empresa me dijo ‘sabes qué ya no podemos seguirte dando tanto permiso y lo más recomendable es que busques otras alternativas’. Y así fue, me enfrenté a eso, me enfrente a que perdiera nuevamente mi trabajo por no acceder a acostarme con alguien.

“Así opté a hacer algo por mi cuenta, recordé que con mi mamá cosíamos nuestras propias cortinas y empezó ahí la idea de coser cortinas y ponerlas a vender, y recuperé mi carrera de estilista, pero no ha fluido porque para impulsarla se necesita un capital que no tengo ahora por los gastos de la búsqueda. Son miles de personas que están buscando familiares y hay casos muy fuertes en los que a raíz de esa búsqueda han sido amenazados, intimidados y algunos han perdido la vida”, explicó Marisol que formó la Cooperativa Sol Cosiendo Esperanza.

Marisol pide que, además de los miles de casos que surgen cada día, las autoridades regresen a los casos viejos, que –de acuerdo a su experiencia,- las autoridades los ven “obsoletos, como documentos que no les sirven, que no pueden tirar pero tienen que seguir ahí, aunque no los revisen. Tienen que darles seguimiento a las carpetas porque es ilógico que en cinco años y cinco meses no se tenga una línea de investigación concreta, y no nada más es mi caso”, explicó.

En el caso de María Dolores, las autoridades no han realizado una investigación como tal porque ni siquiera han elaborado una línea para investigar. Lo que hicieron fue hacer diligencias en la casa, buscar rastros de sangre, preguntar a amigos y familiares si alguien sabe algo, pero nada más. Desde un inicio – dijo Marisol- no se hicieron las diligencias como corresponde a la ley, lo que es grave porque con el tiempo se va mermando o se va perdiendo evidencia, o hay evidencia que ya no sirve o que ya no puedes recuperar. “Ese es un monstruo al que te estás enfrentando por las autoridades omisas y negligentes. Ellos son responsables de que los casos se estén estancando”, declaró.

Hace dos meses un nuevo Ministerio Público tomó la carpeta de María Dolores para empezar como si estuvieran de cero. Para más información sobre este caso y la difusión del fanzine pueden escribir a itadelcielo@riseup.net.

Comments

comments