[Crónica] 10 de mayo: Día de las Madres que buscan a sus hijos e hijas desaparecidas

Imagen: Araceli García busca a su hijo desde hace 7 años en Nuevo León. Fotografía de Itzel Avendaño Arenas

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa

Ciudad de México, 10 de mayo 2018

 

Hoy, desde muy temprano, miles de mujeres mexicanas se prepararon para celebrar el Día de las Madres. Otras miles de mujeres, en este mismo país, también se alistaron –incluso desde días antes- pero para venir a la Ciudad de México a marchar, exigir la aparición con vida de sus hijas e hijos desaparecidos y, con ello, subvertir por completo el significado de esta efeméride.

“Para mí y todas las madres que están aquí no hay 10 de mayo. No quisiéramos que llegara ese día porque es un sentimiento muy feo. Tengo mi niña y mi hijo mayor, la gente me dice que tengo que seguir la vida por ellos, pero el corazón no entiende eso, entiende que alguien falta. Vengo por eso, para luchar por el que no está”, dice Blanca Cruz Nájera que desde marzo de 2016 busca a su hijo Alberto Pérez Cruz y a su amigo Luis Alberto Santiago, ambos desaparecidos por policías municipales en Papantla, Veracruz.

Fotografía de Greta Gómez Rico

En México, el Día de las Madres es un festejo que instauró José Vasconcelos y el dueño del periódico Excélsior en 1922 para hacer contrapeso a la demanda de las mujeres por mayor control de la natalidad y exacerbar un mandato de género: la maternidad. Sin embargo, desde hace más de 10 años esta fecha tiene otro sentido, y desde el 2012 el 10 de mayo es el día en el que miles de madres llegan a la capital del país para participar en la Marcha de la Dignidad que organizan 50 colectivos de familiares de personas desaparecidas.

Este 2018, el séptimo año de esta caminata, la marcha cerró con un grupo nutrido de mujeres que se pusieron de pie (con letreros y mantas al frente) sobre las escalinatas del Ángel de la Independencia. Una a una se pasó el micrófono para relatar a grito abierto el último día que supieron de sus familiares. Ni un titubeo para enunciar fechas, horas y nombres, pues en su búsqueda ese día es un camino al que vuelven siempre.

Fotografía de Greta Gómez Rico

“Tenemos que seguir, somos buscadoras ahora”, reflexionó Blanca al sentarse frente a su hija menor para tomar aire, un descanso antes de regresar en camión a Veracruz. Allá tendrá que continuar con la búsqueda –como lo hizo sola desde el primer día en comunidades, ranchos y playas- porque aunque ya hay policías detenidos, ninguno ha querido declarar dónde está “su muchacho”. Después de varios años, hay algunos logros: se unió a un colectivo para buscar con otras madres y juntas ya encontraron seis hijos, aunque ninguno sea el de ella.

Luego de la desaparición de su hijo, Blanca fue desplazada de donde vivía porque la amenazaron. Tuvo que vender la tienda de abarrotes de la que vivía su familia. Ahora paga renta y vende cobertores y cobijas para sostenerse. “Desde que él desapareció no tengo una noche ni un despertar tranquilo. Todos los días son de protesta pero éste en especial es para exigir. Ya tomó este sentido ahora de buscar a nuestros hijos, ya no de festejar”, precisó la ahora también activista.

Fotografía de Greta Gómez Rico

La marcha en la Ciudad de México estuvo llena de mujeres –muchas mayores de 50 años y madres solteras- que buscan a sus hijas e hijos, pero muy vacía de personas que las acompañaran. Había medios de comunicación, algunas organizaciones de la sociedad civil, y representantes de las Naciones Unidas, pero sobre todo había familiares buscando a un ser querido.

No llegó ninguna autoridad de la administración pública federal para responder al llamado que cada año hacen las madres, esta vez para que permitan la participación real y activa de las familias en las investigaciones; para que promulguen la Ley Federal de Declaración Especial de Ausencia para Personas Desaparecidas y se hagan búsquedas en vida; se reforme el artículo 102 constitucional para garantizar una Fiscalía Autónoma; y que se evalúe efectivamente al ejército y se impida la Ley de Seguridad Interior.

Fotografía de Greta Gómez Rico

Por el contrario, las y los candidatos a la presidencia de la República andaban en el otro Día de las Madres, el de los festejos, el del “viva las mamás”. El panista Ricardo Anaya, por ejemplo, celebró en un evento con mujeres militantes al sur de la ciudad. Ahí, sin pudor, reconoció todo el trabajo gratuito que hizo su madre por él, le mandó saludos, y habló sobre la importancia de la familia, pero ni una palabra para las mujeres que hoy pronunciaron el nombre del partido al que representa y que –de acuerdo con las familias- fue el iniciador de una “guerra” contra el pueblo.

Felipe Calderón, eres responsable de haber declarado una guerra contra la delincuencia organizada que en verdad se convirtió en una guerra contra el pueblo, nosotras decretamos esta sentencia histórica, carga en tu conciencia con nuestro dolor. Enrique Peña Nieto, eres responsable de no haber corregido el error de tu antecesor a sabiendas de que era un error costoso en sangre y sufrimiento. Te comportaste como un mentiroso frente a todas nosotras. Eres responsable político e históricamente de las cifras de horror que superan a las de tu antecesor. No creo que tendrás paz por ello, tendrás la marca eterna del escarnio. Nosotras ya aprendimos que debemos caminar juntas”, gritó una de las madres al llegar al Ángel.

Durante el mitin, esta mujer increpó que ahora ellas se convirtieron en abogadas, policías, rastreadoras, peritas forenses y hasta legisladoras con tal de encontrar a sus hijas e hijos. “¿Qué ha hecho el Estado por ellos?”, dijo la mujer, “Nada”, le respondieron todas. “Negarlos y decir que la desaparición es cosa de unos cuantos civiles que estaban involucrados con el crimen organizado, negar que esta tragedia es generalizada y en México desaparecen no sólo hombres, sino también mujeres y niños”, agregó.

En México hay cerca de 40 mil personas desaparecidas, según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, pero en realidad van más de 200 mil, reviraron hoy las familias de acuerdo a las cifras que recogen a diario los colectivos. La gran mayoría de las personas a quienes buscan hoy las mujeres que llegaron a esta marcha eran estudiantes, maestras o trabajadoras que salieron un día de sus casas y ya nunca volvieron.

Fotografía de Greta Gómez Rico

A propósito de esta realidad, Cristina Reyna Ventura relató cómo su hija Gabriela Martínez Reyna, comerciante, desapareció en la Ciudad de México en diciembre de 2010 luego de recibir una llamada. Para Cristina, el 10 de mayo también tiene otro sentido: es un día en que se encuentra con otras madres que buscan a sus hijas e hijos, y las abraza, se ofrecen un apoyo mutuo. Ya no hay forma de festejar, dice, “hay un vacío en la familia que a veces dan ganas de morirse”. A ella, además de la búsqueda le tocó la carga de cuidar a su nieto huérfano de 8 años.

También le tocó buscar a su hija en cada Servicio Médico Forense (Semefo), donde ha podido constatar que no hay computadoras, la base de datos “es una vergüenza”, los archivos son copias de copias. “Es una vergüenza que gasten tanto en campañas, se hinche los bolsillos, tengan casas y propiedades en todos lados, y las SEMEFOS no tengan ni equipo. Se necesitan más peritos e investigación de campo porque quienes han encontrado a los cuerpos son las mamás”, dijo.

En esto coincidió Irma Barrón Vásquez, mamá de Deysi Guadalupe Pineda Barrón. Su hija desapareció en junio de 2009 en Michoacán. Estudiaba para educadora. “Las autoridades nunca informan nada, siempre quieren que una les aporte todo. Yo investigo, preguntando y visitando lugares”.

Desde que ella se me perdió para mí no hay 10 de mayo. Tengo a mi madre, pero me tomo ese día para venir porque no es un festejo. Nosotros ya no podemos tener un festejo de 10 mayo cuando nos falta alguien. Cambia el núcleo familiar, ya no es la misma situación. Para mí se acabó la navidad, el festejo de año nuevo. Cuando empiezan los abrazos mejor me retiro porque a mí de qué me van felicitar”, observó Irma.

Fotografía de Greta Gómez Rico

No hay quien se libre de esta problemática, dicen las madres. Angélica Martínez, que busca a su hija Andrea Michel Barrida Martínez desaparecida en agosto de 2014 a una cuadra de llegar a su casa en Ecatepec, coincide con esto y asegura que la impunidad y la colusión de las autoridades con el crimen organizado son la condena que hará propagar este flagelo.

Aquí sabemos que es la delincuencia organizada porque se llevan a señoritas. Hay varias que se las llevan. Las autoridades no quieren reconocer que es trata, pero ya sabemos que es eso. El 10 de mayo ya no tiene ningún sentido, porque yo tengo otros hijos que quieren festejarme pero es muy triste. Estoy en el limbo sobre el paradero de mi hija, las autoridades me dicen que no hay nada. Tienen puras ficciones, y cada año hay que volver a empezar porque cambian de puesto”, dijo Angélica.

Algo en lo que coinciden la mayoría de las familias es que para ellas la justicia es igual a la verdad y a la aparición con vida de sus seres queridos. Quieren que las autoridades no les digan que están investigando, quieren que saber dónde está su familiar, por qué se lo llevaron y, principalmente, si está viva o vivo para ir a encontrarlos. “No queremos búsquedas, queremos hallazgos”, rectifican.

Muchas de estas mujeres han enfermado y envejecido durante las búsquedas, pero se fortalecen ante la posibilidad de ver a su ser querido con vida porque mientras no tengan un cuerpo en las manos habrá esperanza. “La justicia sería el día que encontremos a nuestros hijos y vivos porque así se los llevaron”, aseguró Leticia Hernández Urrutia, cuya hija (Guadalupe Ortega de 16 años) desapareció en Nezahualcóyotl desde 2010 y hasta ahora no sabe nada de ella.

Fotografía de Greta Gómez Rico

“Si ella apareciera ya seríamos muy felices todos, no nada más yo, todas las madres”, “nosotras buscamos la sonrisa, el amor, el abrazo y eso nada más se encuentra en vida. Yo soy de Jalisco y ahorita estoy caminando en la Ciudad de México con una lona, buscando a mi hija”, dijo la abuela y la madre de una adolescente que se llevó la policía en Jalisco.

Esta marcha tuvo ecos de protesta en Coahuila, Chihuahua, Veracruz, Sinaloa, Tamaulipas, Zacatecas, Querétaro, Monterrey, Sonora, Michoacán, de donde son originarias muchas de las madres que estuvieron en la capital y que después de la protesta regresaron a los autobuses que las trajeron para volver a sus estados porque –como una de ellas relató- “hoy caminamos sobre asfalto, pero mañana será sobre piedra y fosas. Un 10 de mayo es como cualquier otro día cuando tienes a un familiar desaparecido”.

Fotografía de Greta Gómez Rico

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