[Contar mi historia: El feminismo y Yo] La niña del pueblo Nolo-c

 

Ilustración: “Inmersa en la lectura… por el desierto” de Aleks Sennwald

Por Ana, 16 años, México

Hace una vez en un pequeño pueblo llamado Nolo-c vivía una familia que era muy querida por el pueblo. En la familia la esposa estaba embarazada, al ya estar días de parto la esposa tenía que ir al doctor, su esposo no la podía acompañar por su trabajo y no le quedó otra opción que llevar a su hija.

La  esposa se quedó en el hospital, al ver el doctor el problema que tenía la señora no le quedó de otra que detenerla, mientras ella pensaba con quién dejaría a su hija. Entonces le marcó a su hermana, al paso de unos minutos llegó la hermana y ya el doctor le dijo que iba muy mal la señora, por lo que se le podría complicar su parto. Unas horas después había nacido el bebé.

En unos días la esposa regresó a su casa. Sus hijos tenían que ayudarse en las labores del hogar, porque ella estaba en cama y el papá trabajando. Al paso de un tiempo el papá tomaba, se hizo una adicción, por cualquier motivo le pegaba a sus hijos, con o sin razón alguna, su familia al ver eso no pudo decir nada, por miedo o por reclamo, los hijos ya muy asustados, de tantos golpes no decían nada y casi no dialogaban con otras personas por temor. Los hijos se alejaron un tiempo de la sociedad.

Su abuelita al ver eso quiso poner un alto y habló con su hijo, quien decidió dejar de tomar. Prometió a sus hijos que iba a pedir apoyo. Sus hijos, al no ver ningún progreso se sentían culpables, ellos trataron de tapar ese problema con una sonrisa y con una alegría, pero sólo se ocultaba la tristeza de su interior; sin embargo un día ya no pudieron ocultarlo más por algunos moretones que llevaba la niña, al verlos sus compañeros y maestros notaron que ya le tenían mucho miedo a su papá… ella se planteaba ya en su mente quitarse la vida para así ya no sufrir más. Un día de tantos su papá decidió tomar un retiro, dejando sola a su mamá y sus hijos.

Un día como cualquiera la niña jugaba con sus compañeros, ese día a su compañero se le ocurrió jugar a tocarle la puerta al otro salón, la niña al ver lo divertido que era decidió ir a jugar sin pensar las consecuencias que podría tener, al realizar la broma la niña, su compañero decido decidió cerrar la puerta a su compañera, sin notar ninguno de los dos que tenía los dedos entre la puerta, el compañero al cerrar la puerta le machucó los dedos y ellos ya espantados no supieron que hacer: la niña lo único que pudo hacer fue llorar al pensar lo que sus papás le dirían si se llegaran a enterar de lo que había pasado. Entonces la maestra al ver lo que había pasado se llevó a la alumna al hospital, al regresar la maestra mandó llamar a los papás de los alumnos.

Al llegar las mamás de los niños habló con ellas sobre lo que había pasado, la maestra al terminar de hablar con ellas, se retiraron. Al llegar la hora de irse los alumnos, la niña salió muy preocupada pensando qué le diría su mamá, al llegar a casa su mamá la regañó y le dijo que mañana que regresara su papá le diría lo que había hecho. La niña asustada sólo pudo llorar; al día siguiente al ir a encontrar a su papá, su papá salió y lo primero que hizo fue pedirle perdón a sus hijos y su esposa.

Al ir de regreso a su casa la esposa le iba platicando a su esposo lo que había pasado, en ese momento el papá le habló a la niña y la niña fue. Al ir, su papá le pegó con una vara de palma aun con espinas, la hija gritaba y lloraba por el dolor. El papá al terminar de golpearla le dijo que ya se fuera con su abuelita; ahí le hicieron una pequeña comida al papá por su regreso, la niña llorando llegó, al verla así, su familia preguntó qué es lo que le había pasado y los papás no contestaron, diciéndole a la niña que ya se callara.

La niña creció y seguían con lo mismo sus papás. Ella ya tenía otras ideas, como quitarse la vida, irse de su casa o hasta matar a su familia. En una ocasión decidió cortarse las manos porque según solo así podría quitar su dolor. Sin embargo, las veces que lo hizo solo una vez el profesor le vio las manos marcadas, el profesor le preguntó por qué tenía esas marcas, no supo responderle y sólo pudo llorar.

El profesor le dijo que en él podía confiar para platicarle lo que estaban pasando. La niña se armó de valor y le dijo que ella lo hacía por los problemas que había en su casa, el profesor le dio un consejo y le dijo que ella tratara de dejar sus problemas a un lado olvidándose de ellos en el escuela, la niña respondió que cómo podía ser posible eso, si sus problemas le afectarían en cualquier momento.  El profesor le preguntó qué era lo que más le gustaba hacer, la niña le respondió y le dijo que escuchar música, estar sola y jugar, el profesor le dijo que con eso ella se podría distraer y olvidar de sus problemas, así que ella empezó con ese propósito e inicio bien.

Al paso de unas semanas, se descontroló de repente y se volvió a cortar, el único problema fue que ahora no fue en los brazos, sino en las piernas porque ella misma decía que si en los brazos se cortaba se volvería a ver, en las piernas no. Al paso del tiempo seguía con lo mismo, hasta que la última vez que se cortó fue en el escuela y al ver que no se le detenía la sangre no supo que hacer y lo único que pudo hacer fue hablarle a su amiga para que la ayudara, la ayudó y ya al paso de unos minutos se le detuvo el sangrado y su amiga se puso a platicar con ella y le dijo que ella hacía muy mal, que mejor buscara ayuda psicológica y ella le dijo que no, que porque ella no estaba loca.

Después de unas semanas surgió una tragedia con la familia de su mamá, uno de sus tíos había tratado de abusar de su sobrina, lo descubrieron las tías de la niña. Se quedaron sorprendidas, muy tristes y asustadas, porque nunca pensaron que podía pasar.  Sus tías demandaron al señor y mandaron hacer estudios a la niña, salieron negativos y al señor lo dejaron libre, la niña al enterarse de eso se puso a llorar y al recordar lo que había pasado cuando fue abusada sexualmente por su tío y primo. Sorprendida, lo único que pudo hacer fue llorar y gritar “por qué ella” y lloró hasta donde ya no pudo.

Salió de la secundaria e ingresó a un bachillerato. Pasaron unos días y seguía con sus problemas, ahora tomó un camino mucho más fácil: consumir drogas, alcohol y fumar, no lo hacía muy seguido, sino de vez en cuando.

En el bachillerato tenía más confianza con un profesor. Al ya estar muy mal, el profesor le preguntó qué es lo que tenía y ella solo lloró y dijo que nada. En el bachillerato se atrevió a sembrar marihuana sin saber nadie. Una vez se armó de valor y le dijo todos los problemas que había en  casa a su profesor, quien le dijo que podía acudir al DIF o tomar apoyo por un psicólogo. Ella preguntó por las consecuencias que tenía eso, el profesor le explicó y ella dijo que eso no podía ser posible porque ya no quería más problemas, el profesor le dijo que él le ayudaría, el profesor le dijo que lo primero era que le explicara por qué había sembrado marihuana, ella le explicó y el profesor le dijo que empezaría quitándola.

Ella decidió fumar aumentando a dos cigarros diarios y después a tres cigarros, hasta que llegó a fumar cinco cigarros diarios. Ella empezó a ver su problema y le habló al profesor y le explicó lo que estaba pasando. El profesor sorprendido le dijo que cómo podía ser posible eso y él le dijo que hablaría con ella al término de las clases.

Al llegar el término de las clases, el  profesor fue al salón de la niña y la niña estaba ahí. El profesor le dio dos medidas: una era ponerse un parche para dejar de fumar, pero dijo que si en caso de que lo vieran sus papás pensarían que es un parche anticonceptivo; otra opción era comiendo dulces cada que le dieran ansias. Empezó con eso y sí vio mejoría. Al paso de unos meses, las cosas ya se habían calmado, hasta que el papá tuvo problemas con sus hermanos y volvieron a empezar los problemas.

Sólo había para comer a veces, de tal forma que para cualquier trabajo académico que ella necesitara no había dinero para realizarlo e iría reprobando varias materias, por lo que buscó como realizar los trabajos para no reprobar y fue con su tía para que le pasara una aplicación para realizar sus trabajos y ella le dijo que sí, que la esperara mientras iba por su celular.

Cuando su papá iba entrando, le dijo que se fuera. La niña, enojada, le dijo que no y su papá, enojado también, le pegó. En ese momento iba bajando su tía y le dijo que por qué le pegaba y él no respondió. Su tía le pasó la aplicación, preguntó qué había pasado y la niña le contó: su tía le prometió que la apoyaría.

 

Soy la autora de este cuento en este cuento. Nos habla sobre muchas situaciones, con lo que los miembros de la sociedad nos debemos de dar cuenta que las mujeres no solo estamos a aquí para ser amas de casa, sino también para ser alguien en la vida y no quedarnos solo en casa, porque una mujer es más útil que un hombre y la sociedad tiene que darse cuenta que una mujer vale lo mismo que el hombre.

 

*Las opiniones expresadas en columnas y convocatorias son responsabilidad de las autoras y no necesariamente reflejan la postura de este medio.

 

 

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