Por Kein Kena

Pienso que es un gran peso reconocer la realidad. Nombrar el sistema patriarcal y vivir conscientes de ello es para valientes.

Siento que las mujeres siempre lo sabemos, pero estamos atrapadas en un nudo de pensamientos que no sabemos descifrar o por dónde comenzar, porque el sistema se encarga de que no encontremos esa claridad o a veces nuestra cuerpa, por sobrevivencia y porque no tiene aún las herramientas, prefiere ignorar.

Yo recuerdo que de niña sabía que había cosas que me hacían sentir bien y otras que me hacían sentir mal. Y aunque quizá no las pudiera nombrar, siempre las he podido sentir, siempre he sentido mi vida.

He estado ahí.

Sentir siempre fue mi mayor regalo, uno que mi madre hizo en su vientre para mí cuando me creó. Uno que se fue engrandeciendo con la vida de las otras que estaban cerca, recordándome y aprendiendo de ellas, que podía sentirlo todo, sentir mi voz… me refiero a la intuición.

Desde pequeña sentía molestias, notaba a mi cuerpa incómoda, triste, asustada, enojada, frustrada… resistí y luché cada segundo contra un sistema que quería convencerme que el dolor era parte de mí y fueron algunas veces en que casi me convencí que me merecía sentirme así, adolorida.

He sido cómplice de un sistema que me quiere mantener sufriendo, me he hecho sufrir porque creí que eso era lo correcto.

Pero he sentido que no lo merezco más: vivir entre la enfermedad o el dolor constante o las molestias que me impiden estar. Cuando supe esto, sentí un temor profundo de verme en el futuro decayendo, vulnerable, desgarrada por el sistema patriarcal. No quiero ser sufriendo.

Ahora sé con claridad que la muerte ya no me asusta, es un proceso que conforma un ciclo en mi cuerpa. He hecho las paces y con ello he entendido que lo me llenaba de terror en realidad era vivir más en el dolor y desde el mismo.

No quiero normalizar en mi cuerpa el descuido, la enfermedad y esos valores creados por los hombres y reafirmados por su sociedad en el odio y el horror.

Quiero retomar, recordar o empezar de nuevo con mi cuerpa, y sanar, sanar, sanar lo más que pueda y parar.  Solucionar la incomodidad, entenderme, escuchar, parar con la agonía y acompañar con consciencia las ganas de no poder más.

Yo quiero una vida donde el dolor sólo sea un síntoma para moverme y no un hogar.

Voy a ser una cuerpa que se sana así misma, porque sé ahora de lo que soy capaz. Voy a destruir cada célula en mi cuerpa que fue inventada para violentar, voy a abrazar fuerte mi pecho cuando sienta que se cae y a sostener fuerte mis piernas cuando sienta que se van a tambalear. Voy a observar mis fluidos, mis olores y mis sonidos que me hicieron avergonzar, voy a sentirme mucho y lo seguiré haciendo sin parar.

Voy a guiarme por mi sabia cuerpa, racional, y  situarme en este presente, aceptar y modificar

 

-Kein Kena, 9 Julio 2022.

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La Crítica