[Entrevista] Prostitución, una tortura irreparable: Alika Kinan, víctima de explotación sexual en Argentina

Imagen: Alika Kinan, fotografía tomada de Facebook con permiso de la entrevistada

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa

 

Una mujer en condición de prostitución está sometida a violaciones sistemáticas y tiene que activar todos los dispositivos psicológicos para sobrevivir. Es tan desgastante como ir quitándonos los órganos poco a poco. Es una condena de muerte. Una mujer que ha pasado muchos años en situación de prostitución no tiene reparación ninguna, no hay dinero que pague la tortura que viven..

Así lo explicó en entrevista Alika Kinan, sobreviviente de explotación sexual en Argentina que ganó en 2016 un juicio contra sus proxenetas al demostrar que fue víctima de trata de personas, y responsabilizó al propio Estado argentino de haber permitido este delito.

EL CORAZÓN DE LA TRATA DE PERSONAS ESTÁ EN LA PROSTITUCIÓN

Alika, que padeció 16 años la explotación sexual con fines comerciales en un burdel en Tierra de Fuego en Argentina, está en contra de reglamentar la prostitución y explica desde su propia vivencia por qué esta industria –aun cuando parece voluntaria- es clave para perpetuar el delito de trata de personas, y atenta de forma irreparable e irreversible contra la vida y la integridad de las mujeres.

Angélica Jocelyn Soto Espinosa (AS).- ¿Cuál es el vínculo entre la prostitución y la trata de personas?

Alika Kinan (AK).- “El discurso reglamentarista, que hoy está instalado completamente en el feminismo liberal y que se ha convertido en un movimiento, coloca la trata de personas y la prostitución en diferentes lugares, pero están relacionados porque la explotación sexual, que es uno de los principales fines de la trata de personas, ocurre mediante la prostitución que es donde se comercializan los cuerpos.

“Si desvinculamos los temas no podemos entender a profundidad la trata de personas con fines de explotación sexual comercial porque perdemos de vista dónde y cómo se genera la oferta de cuerpos, y por qué hay una demanda de los hombres sobre las mujeres y las niñas. El corazón de la trata está en la prostitución.”

AS.- ¿Cómo se genera esta oferta; es decir, cómo opera el sistema proxeneta para captar mujeres?

AK.- “Hace una década hablábamos de la trata de personas como el secuestro de una niña para prostituirla, pero la historia misma nos ha demostrado que existen otras formas de captación que hacen este delito más complejo, dos de ellas son el enamoramiento y la vulnerabilidad.

“La vulnerabilidad es una situación de desprotección o de indefensión que los proxenetas aprovechan para captar, convencer o enganchar a la persona. La vulnerabilidad puede ser económica, pero también hay una relacionada a la integridad sexual de las mujeres; es decir, cuando una mujer ha sufrido una violación, acoso o abuso en la infancia o adolescencia, se pierde como sujeta sexual, se desprende de su propio cuerpo que ha sido utilizado por otros, y eso también la hace vulnerable.”

AS.- Con este antecedente, ¿las mujeres en condición de prostitución pueden ejercer de manera efectiva sus voluntades y derechos?

AK.- “En la prostitución, las más oprimidas son las niñas y las mujeres, no importa su nivel socioeconómico o educativo. Tenemos que analizar que en este sistema, además del capitalismo, el patriarcado se ha encargado sistemáticamente de coaccionar todas nuestras acciones para convertirnos en dependientes.

“Una mujer que está en condición de explotación sexual no es dueña de su ser, de su placer, de su deseo. Nada de eso tenemos en situación de prostitución. No sólo somos pobres económicamente, somos unas desposeídas de nuestro cuerpo y no tenemos un lugar desde donde ejercer derechos.”

AS.- ¿Por qué, a pesar de esto, algunas mujeres en condición de prostitución defienden que es su elección?

AK.- “En los rescates, las fuerzas de seguridad esperan que las mujeres se lancen a sus brazos y les digan ‘soy víctima’. Para muchas es muy difícil que se reconozcan como tal porque la prostitución es tan desagradable, tan tortuosa, que prefieren creer que lo disfrutan.

“Creer que una está porque quiere o por amor a su proxeneta es una forma de sobrevivir, ya que sería devastador psicológicamente entender que no hay escapatoria. Y en realidad no la hay porque una vez que entran en el sistema prostituyente, la culpa y la estigmatización social las acorrala. Es fácil para el imaginario social decir que esa mujer está ahí porque quiere o porque le gusta, pero ellas no solamente sobreviven a quien paga por sexo, incluso afuera sobreviven a toda la sociedad que las estigmatiza.”

AS.- Según tu experiencia ¿la prostitución tiene elementos cercanos a la esclavitud?

AK.- “Toda la configuración que tiene la prostitución es una forma de esclavitud moderna, pero yo redoblo la apuesta y digo que es una forma de tortura. Es equiparable a la tortura que sufren los soldados en la guerra.

“Una mujer en condición de prostitución está sometida a violaciones sistemáticas y tiene que activar todos sus dispositivos psicológicos para sobrevivir. Es tan desgastante como ir quitándonos los órganos poco a poco. Es una condena de muerte. Una mujer que ha pasado muchos años en situación de prostitución no tiene reparación ninguna, no hay dinero que pague la tortura que viven.

“Esto es así porque un producto se puede vender una vez, pero a las mujeres las vendes infinidad de veces, y ninguna mujer explotada sexualmente se convierte en millonaria porque por más que te esfuerces dentro de la industria, el dinero que generas sirve nada más para cubrir los daños físicos que te causa la prostitución.

“En mi experiencia, al día siguiente de haber estado con varios hombres, el dinero que recibía (sólo me daban 30 o 40 por ciento de lo que generaba) era para comprar la pastilla del día después, comprar antisépticos para la vagina y medicamentos. No existe ningún tipo de enriquecimiento para la mujer que está en condición de prostitución, pero sí para quienes son dueños de los prostíbulos que se garantizan el 60 por ciento de la ganancia.

“A nosotras nos guardaban el dinero en cajas fuertes porque decían que no teníamos la capacidad de resguardarlo. Decían que todo lo que generábamos se iba al pago de vivienda, multas por llegar tarde, productos de higiene y alimentación, que supuestamente son gastos para mejorar nuestras condiciones. Si regulamos, no es para mejorar las condiciones de las mujeres es para reforzar la industria.”

AS.- ¿El reconocimiento de derechos laborales es la vía para evitar estas prácticas?

AK.- “Estos reclamos que vemos hoy se hicieron hace 100 años. La libreta sanitaria se instauró hace 100 años en México y Argentina, y no era para garantizar ningún tipo de derechos, sino para garantizar que las mujeres no enfermaran a los hombres. Yo misma, hace 10 años, estaba en una libreta sanitaria y en ningún momento se procuraba mi salud, era para desechar a las que estábamos enfermas.

“Entre más buscamos en nuestra propia historia nos damos cuenta que esto que reclaman a modo de derecho ya existió y fue lo que permitió que se consolidaran impunes las redes de trata con la participación del Estado.”

AS.- Aún con la garantía de derechos, ¿la prostitución es riesgosa para la vida y la integridad de las mujeres?

AK.– “En la prostitución no hay ninguna garantía de salir viva. A largo plazo hay un alto riesgo de terminar enferma de VIH/SIDA, o como drogadependiente con una condición absolutamente irreversible por las grandes ingestas de alcohol y consumo de estupefacciones. Es muy fácil dentro de esos mercados tan marginales acceder a drogas, que incluso son una herramienta necesaria para dejar de sentir dolor.

“A corto plazo, cuando entras a una habitación con un hombre desconocido lo que sabemos es que si no accedemos a todo lo que pide en esa habitación cerrada, con toda nuestra vulnerabilidad expuesta, podemos ser violadas o asesinadas. Esto incluso con derechos o garantías sanitarias.”

AS.- ¿Consideras que el discurso reglamentarista afecta al combate de la trata de personas que sí es reconocido como un delito?

AK.– “Afecta de manera muy nociva porque el discurso reglamentarista es el mismo del proxenetismo. Con este discurso estamos dando rienda libre a todos los proxenetas, dejamos de tener el poder de denunciar y los proxenetas se convierten en empresarios. A ellos les estamos garantizando impunidad, y en ninguna medida les estamos garantizando mejores condiciones de vida a las mujeres que están con situación de prostitución.

“La prostitución es un privilegio netamente machista que tienen los hombres de poseer y utilizar los cuerpos de las mujeres. Hay que preguntarnos quién se beneficia, quién genera su propia economía en función del cuerpo de las mujeres valiéndose de su vulnerabilidad. Sabemos que las redes de trata y el lobby proxeneta generan 40 mil millones de dólares anuales en el mundo. Es tanta su ganancia que las sanciones no les hacen nada”.

“Con este discurso, las mujeres más neoliberales tratan de eliminar como sujeto político del feminismo a la mujer. ¿Pero a quién quieren poner como sujeto? Todos los días batallamos desde el feminismo radical para que el feminismo siga siendo para y por las mujeres.”

AS.- ¿Cómo combatir la trata de personas desde la prostitución?

AK- “La trata de personas, que es un negocio tan millonario, resurge y adopta medidas camaleónicas para poder sobrevivir. El Estado puntualmente requiere a nivel global leyes antitrata y políticas estatales de reinserción social, económica y educativa para las mujeres y las niñas que dejan la prostitución. Hay que señalar a quienes pagan por sexo, sin prostitución, no hay trata. También se necesitan partidas presupuestarias generosas para la reinserción y la reparación, aunque en realidad a mí me robaron 16 años de mi vida que nadie me va a devolver”.

Luego de años de trabajo de recopilación de pruebas y reconstrucción de hechos, Alika no sólo logró la cárcel para tres tratantes, sino que consiguió un juicio histórico contra el municipio de Ushula y el Estado argentino para que –por primera vez- indemnizara a una víctima de trata de personas. Si bien sólo admitió pagar 780 mil pesos de reparación, esta sentencia –asegura Alika- es ahora un antecedente al que pueden recurrir otras mujeres en el mundo para llevar a juicio a su propio Estado por permitir la trata de personas a través de reglamentar la prostitución.

Comments

comments