[Opinión] Feminismo: mujeres “cis” y ¿privilegios?

Ilustración: S.Cifuentes

Por Namiliz Pelaez y S. Cifuentes

Cuando una entra en la lucha feminista, comienza a usar conceptos que terminan por ser familiares, es decir, una se apropia de esas categorías con la finalidad de nombrar, comprender y analizar las opresiones que vivimos. Esto pasa con muchos términos como patriarcado, heteropatriarcado, empoderamiento, deconstrucción… categorías que usamos y repetimos muchas veces sin conocer de dónde vienen y sin entender del todo sus implicaciones. Actualmente hay un concepto que cada vez toma más fuerza y que comúnmente se usa: mujeres cis. Incluso lemas como “support your sisters, not your cis-ters” se vuelven la nueva bandera feminista. Pero ¿qué es esto de “ser cis”?

El término cis-género o cisexual nace desde una perspectiva transexual/queer y occidental, para nombrar a las mujeres y hombres que, según esta corriente, su género corresponde a su sexo biológico, sí, el concepto se creó para definir a las personas que no son transexuales. Entonces, esta definición hace dos afirmaciones:

  • Que el género es una identidad y por lo tanto puede elegirse.

  • Que el sexo es biológico.

Sin embargo, es desde el feminismo que se ha cuestionado la premisa de que el sexo es biológico, ya que esto supondría que el sexo se presenta como algo fijo y esencial que determina el orden social en el que vivimos. Autoras como las materialistas francesas y algunas lesbofeministas en América Latina postulan que la división sexual hombre/mujer es la que crea el sexo mismo, es decir, el sexo es una construcción social. No obstante, esta clasificación, que, si bien es producto del orden social heteropatriarcal, tiene efectos reales en nuestra vida cotidiana.

El cuerpo ha encarnado históricamente la construcción de la diferencia sexual: si una nace con vulva, el adoctrinamiento que se le asigna(incluso antes de nacer) es distinto al de un bebé que nace con pene. Desde algo tan básico como elegir los colores de la ropa para cuando nazca el/la bebé: rosa para las que tienen vulva, azul para los que tienen pene. De esta manera, es importante resaltar que los cuerpos se sexuan obligatoriamente en el sistema heteropatriarcal, es decir, según los genitales se IMPONE un sexo y al mismo tiempo un género. Por esta razón desde el feminismo de la diferencia se habla de cuerpos sexuados, pues asumir que el sexo es biológico, como lo hace el concepto cis-género, es naturalizar la opresión de las mujeres, tal y como lo hacen otros discursos biologicistas como el que señala que la heterosexualidad es “lo correcto” debido a la capacidad reproductora de los cuerpos o el que sustenta que las mujeres tenemos instinto maternal por la posibilidad de parir. El sexo no es biológico, pero además este se impone de igual manera que el género, son conceptos indisolubles, son construcciones sociales y tienen efectos materiales.

De esta manera, el género y el sexo no son una simple puesta en escena, un performance, del cual una pueda desprenderse o apropiarse, pues son asignados y encarnados a través de la socialización del día a día y determinan la forma en cómo nos movemos en el mundo, en cómo nos apropiamos de los espacios, en cómo nos sentimos capaces o no de hacer algo. Por ejemplo, cuando una bebé con vulva crece, se le da su muñeca para que pueda jugar dentro de la casa a ser una “futura mamá”, con la finalidad de determinar la maternidad y el espacio privado en sus vidas, también se le impone la feminidad, aquella que no es más que un conjunto de cadenas, una invención masculina, para hacer que odie su cuerpo tal como es y comience a poner su valoración en otros. Al contrario, a un bebé con pene se le tiene preparado un balón para que pueda correr en todo el patio, porque el espacio público les pertenece, o una pistola para jugar a asesinar y en la adultez no titubee cuando se le presente la oportunidad de matar. Con estos ejemplos queremos hacer hincapié en que el género no se puede desarticular del sexo, éstos producen cuerpos sexuados que determinan ciertas características con las que nos movemos, actuamos y pensamos en el mundo.

Por lo tanto, lo que se define como cis-género se vuelve una concepción esencialista de entender la realidad social, pues se avala de un discurso que naturaliza la opresión de los cuerpos sexuados mujeres al afirmar que el sexo es biológico y que “se está de acuerdo” con ello al no “elegir” otro género. Además, se afirma que las “mujeres cis” poseen privilegios en relación con las personas trans o, más bien, específicamente con las mujeres trans. Aquí retomamos algunos de ellos de textos que circulan en la red:

  • No te cuestionan qué sanitario puedes usar en lugares públicos como sucede con las personas trans.
  • Nadie duda de tu identidad de mujer por tu aspecto físico.
  • Es más probable que consigas trabajo.
  • No te niegan el acceso a lugares públicos como restaurante, bares, tiendas, por tu aspecto.
  • No sufres constante acoso en los espacios públicos debido a tu apariencia.
  • No se les golpean, ni les asesinan solo por ser cisgénero o cissexual.

Como común denominador vemos que dichos “privilegios” apuntan a la existencia de una opresión “mayor” hacia las personas trans que surge por la duda constante de su sexo. Sin embargo, de los cuerpos sexuados mujeres nunca se pone en cuestión nuestro sexo porque somos sólo sexo. De ahí que en las notas periodísticas sobre feminicidios se menciona siempre en los titulares “una mujer asesinada”, “una mujer encontrada muerta”, la única referencia que importa es a través de su sexo, por otro lado, cuando la noticia se refiere a un acontecimiento en el que participaron hombres y mujeres, a ellos sí se les describe como sujetos y a nosotras, de nuevo, a través de nuestro sexo: “un ingeniero y una mujer”, “tal diputado acompañado de una mujer”. Y sí, sí nos golpean y asesinas sólo por tener cuerpos sexuados de mujeres, de hecho, hay siete feminicidios diarios tan sólo en México. Esto no es síntoma de un privilegio, ES UNA OPRESIÓN, pues somos definidas a través del sexo. Otro ejemplo podría ser que cuando caminamos por las calles el acoso constante que vivimos es porque los hombres nos ven solamente como vaginas y senos, como sexo. Nosotras no podemos escapar a nuestro sexo, es nuestra definición y es a través de esta construcción que se nos han impuesto determinados roles y también mediante la cual se nos apropia y domina.

Entonces, no es que nos guste y estemos de acuerdo con la categoría “mujer” que nos define, pero es a través de ella que somos leídas y, por ende, como las personas socializan con nosotras. No queda más que nombramos y posicionamos en el mundo por medio de ella, con el fin de visibilizar la opresión histórica de nuestras cuerpas y poder mejorar las condiciones de vida que tenemos.

Para nosotras el término cis-género es una invención del heteropatriarcado que tiene la finalidad de tergiversar la lucha feminista de las mujeres, así como nuestras opresiones. En este mismo sentido, consideramos que tanto el activismo trans como el queer son posturas antifeministas que pretenden privilegiar los cuerpos-sexuados-hombres dentro del activismo feminista. El concepto cis-género busca acoger nuevamente en el centro de nuestras vidas y lucha a lo masculino; busca invisibilizarnos al no poder hablar de nuestras cuerpas, de nuestras vulvas, de nuestra menstruación; busca emprender un movimiento de odio a todas esas mujeres que lo cuestionan a través del concepto TERF (término inventado específicamente por mujeres trans al no incluirlas en un espacio únicamente para mujeres y lesbianas). Indudablemente es una ola de misoginia disfrazada de “inclusión”. Nos negamos a trabajar para y por ellos, resistimos ante la invisibilización, seguimos luchando y apoyando a quienes saben lo que es nacer y crecer con una cuerpa sexuada mujer. El feminismo es por y para nosotras, las mujeres, las que tenemos cuerpos sexuados de mujer.

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