[Crónica y Opinión] Lesvy somos todas: sobre los tuits, la marcha, las pintas y la sensibilidad patriarcal

Por Montserrat Pérez

Lesvy Berlín Rivera Osorio tenía 22 años cuando la asesinaron y dejaron su cuerpo en el campus central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el miércoles 3 de mayo de 2017. Al día siguiente, no se sabía mucho sobre ella, solamente algunos datos sobre la forma y el lugar donde la encontraron. Para la noche, la Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México emitiría una serie de tuits desde su cuenta oficial, en los cuales pretendía dar información sobre el caso. Por supuesto, ninguno esclarecía o daba luz sobre las causas o posibles responsables, sino que hacía énfasis en la vida personal y académica de Lesvy.

 

 

Posteriormente, medios de comunicación sacarían notas con titulares que hacían referencia a esto:

Antes de morir, mujer hallada en CU se drogó y alcoholizó dice novio, El Sol de México

-Joven hallada muerta en la UNAM ya no estudiaba ahí desde 2014: Procuraduría, Aristegui Noticias

Mujer muerta en CU estaba drogada y alcoholizada, según su novio, Letra Roja

En realidad estos tres ejemplos resumen gran parte de la cobertura informativa tras los tuits de la PGJ CDMX. Y todos tenían algo en común: la criminalización y revictimización de Lesvy, porque, honestamente, ¿cuál es la relevancia de todo eso en términos de procuración de justicia y de labor periodística? Ninguna.

Los tuits

No se puede decir que lo que el área de comunicación social de la PGJ CDMX hizo desde la cuenta oficial de Twitter de la institución fuera un error, porque estaban dando la información que creían era relevante. Sin embargo, si así fuera, querría decir que el personal que ahí labora no se encuentra capacitado para procesar información sensible sobre crímenes, lo cual demostraría una incompetencia inaceptable, en todo caso, no deberían trabajar ahí.

La otra opción es que quienes se encargan de interrogar y cuestionar a las personas que rodean un crimen, se centran en cuestiones que no responden o intentan responder qué fue lo que pasó. ¿De verdad ésa es la información que pueden obtener? De nuevo, si es así, implica incompetencia y no tendrían por qué estar trabajando ahí.

La última opción es que no les importe, realmente, lo cual también implicaría incompetencia y no tendrían por qué laborar en un organismo cuya función principal es la procuración de justicia.

Sin embargo, de esta ineptitud rampante, surgió una movilización en redes sociales bajo el hashtag #SiMeMatan, que se utilizó para visibilizar la criminalización que sufren las mujeres por el sólo hecho de existir y llevar una vida que jamás entrará completamente en los mandatos de género: salir solas, viajar, consumir alcohol, vivir con sus parejas, ser madres solteras, haber abortado. Mil y un razones, que jamás serán razones ni justificaciones para un tratamiento irresponsable por parte de los medios y las instituciones de justicia.

La marcha

La indignación y la rabia lograron concentrar a cientos (si no miles) de mujeres que salimos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM un poco después de las dos de la tarde para exigir justicia para Lesvy y para protestar los acosos y violencias que a diario viven las mujeres en la universidad.

Ser estudiante, ser profesor, no te libra de ser un agresor

Ser estudiante, ser profesor, no te libra de ser un violador

Ser estudiante, ser profesor, no te libra de ser un violador”

Así entonaban los contingentes antes de salir de la FCPyS, donde hace una semana se llevó a cabo un escrache feminista contra el profesor Seymur Espinoza Camacho, a quien diferentes mujeres han señalado (a través de medios de comunicación) como acosador y aún no sigue dando clases en dicha facultad.

Fotografías: Montserrat Pérez/ La Crítica

Paso a paso se unió más gente, la rabia alegre retumbaba con los tambores y las palmas mientras pasábamos entre institutos y frente a la Facultad de Ciencias. Rostros de empatía, sorpresa y también quijadas trabadas de varones que observaban sin reaccionar. En este punto se hizo una pausa en la que se enlistaron los nombres de agresores pertenecientes a Ciencias.

Ruido, más ruido, nos acercábamos a Ingeniería, era un mar de pancartas, banderas, abrazos, encuentros, amigas cuidándose unas a otras. Cuando llegamos al sitio donde encontraron el cuerpo de Lesvy, se pidió silencio. Guardamos silencio por ella y por todas las que fueron arrebatadas de nuestro lado.

El acto que siguió fue una lectura de poesía y palabras de madres de víctimas de feminicidio, pasar las flores para el altar que se colocó en la caseta telefónica. Observo a mi alrededor, en uno de los edificios está lo que parece ser una cámara de seguridad. ¿Tal vez funcione? Tal vez no nos lo digan.  ¡NO ESTÁS SOLA!, entonamos. No, hoy no.

Los periodistas se arremolinan sobre el sitio del altar. Se les pide que se hagan para atrás. No lo hacen. Se les vuelve a pedir. Dan un paso o dos hacia atrás. Cuando la marcha continúa, un grupo de compañeras protege con sus cuerpos el altar ante quienes se empujan, empuñando su cámara, la mayoría hombres. ¿Por qué hacerlo así? El altar no iba a ningún lado.

Pasamos sin poder acercarnos, igual le dejo un pensamiento de amor a Lesvoy, la nombro en mi mente. El altar somos nosotras, las que caminamos, somos una multitud de antorchas que arden por ella, encendemos la obscuridad. Llegamos a la zona de “las islas”, irrumpimos la calma de un viernes que parecería como cualquier otro, facultad tras facultad se nos une más gente. Se escuchan batucadas, las voces ensordecen al pasar por túneles o edificios.

Se cierra la circulación de los autos y los Pumabuses a la altura de Medicina, andamos por la calle, no nos callamos. A pocos metros de la Rectoría hay un letrero “Hecho en CU”, reza. Es como esos letreros que ponen en los centros turísticos para que la gente dé fe de que sí estuvo ahí. Es blanco, impoluto, es hipócrita. Caen las pintas, como en el resto del transcurso.

Imagen: https://www.facebook.com/Chchchristi/posts/10209353184053573

De la fuente de Tláloc manó sangre, agua teñida de rojo, la tierra universitaria es territorio de muerte. Pero también de vida. Un mar de gente se aproximó a la rectoría, más y más y más, el espacio no era suficiente. El piso se pintó con una frase: “#UNAM FEMINICIDA”, que se puede ver desde el cielo.

Araceli Orozco, la madre de Lesvy, habló. Dijo lo que quería que el mundo supiera de su hija. Habló de sus sueños, sus expectativas, de cómo vivía su vida, el amor por su perro, llamado Tío Michael y que ella había adoptado.

Madre de Lesvy exige justicia para su hija

"Mi hija como cualquier joven con derecho a decidir sobre su vida, vivía en unión libre con su pareja… yo veía que las investigaciones iban a crear una cortina de humo y a decir que mi hija se había quitado la vida…"

Posted by La Izquierda Diario México on Friday, May 5, 2017

Video: La Izquierda Diario de México, https://www.facebook.com/izquierdadiariomx/videos/639836432892631/

Las pintas y la sensibilidad patriarcal

Sí, como en muchas movilizaciones, hubo pintas. Se realizaron esténciles y se usó el aerosol para escribir frases por toda la UNAM. Es naturaleza del graffiti ser contestatario. No es una forma de expresión cómoda, no debería serlo. Sin embargo, es tan efímera, como el clima y el soporte lo permita. Aún más, se lava, como lo hicieron todos esos estudiantes consternados por la “imagen” de su universidad.

Porque, es que qué oso y qué vergüenza que pinten el Hashtag donde se van a tomar fotos, ¡o sea! ¡Vándalas y porras!, seguramente pagadas para colarse en la manifestación. Es que violencia genera violencia, ¿cómo esperan ELLAS que simpaticen por SU causa cuando agreden así el sacrosanto patrimonio de la humanidad y las galaxias exteriores! ¡Qué escándalo y qué dolor! ¡Ay, mis paredes, mis pisos, mis letras mandadas a hacer!

Estas expresiones se regaron por redes sociales anoche. Y, entonces, ¿qué es lo que causa indignación? ¿Qué es lo que toca y afecta la sensibilidad del público y, aún más, de los universitarios? ¿La muerte de Lesvy en el campus? No, no, ya que otras personas se ocupen y se consternen por eso. ¿Los casos de acoso, violación y demás agresiones a las compañeras estudiantes, maestras y trabajadoras? No, no, seguro la mayoría miente o, si no, pues no es mi asunto.

¿Un poco de graffiti? SÍ, ESO SÍ, ¿CÓMO PUDIERON?

Ojalá mientras usted lee esto, se dé cuenta de lo absurdo que es. Aún más, la criminalización del graffiti, y la supuesta deslegitimación de la protesta social cuando es una expresión de hartazgo, de dolor, de denuncia. Porque sí, todo eso que no se comparte en medios, todo eso que no se lee por gusto o por interés, se coloca de manera visible en los espacios. No hay manera de evitarlo, ni de hacer como que “yo ni me enteré”. Tal vez eso es lo que molesta, el tener que confrontar irremediablemente una realidad violenta, una realidad en la que muchos se ven reflejados: acoso, violación, violencia de pareja, manipulación, feminicidio. Así lo están demostrando también en redes sociales, cuando amenazan a las compañeras de que aparezcan en la misma caseta que Lesvy o que “por eso las matan”. Feminicidas en potencia, agresores revelados.

Imagen: Red No Están Solas, https://www.facebook.com/rednoestansolas.rednes/photos/a.837530163008794.1073741828.829314757163668/1291690150926124/?type=3&theater

Mientras tanto, nosotras nos vamos a seguir organizando, vamos a seguir denunciando, vamos a seguir presionando para que se haga justicia. Nosotras no vamos a esperar a ver cuándo somos las siguientes. No, cada vez somos más, cada vez formamos alianzas más fuertes unas con otras y nos tomamos muy en serio cuando decimos “Ni una más, ni una asesinada más”.

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