Poesía lesbiana en el 4to Festival de Artes Feministas

Fuente: Pinterest

Por Itzel Tal

 

TU NOMBRE

 

Tu nombre me puebla

franquea mi cordura

sus límites

frágiles de tí

 

Tu nombre se me atora

en todas las gargantas

y se hace

nudo el dolor

 

Tu nombre ocupa todo

el espacio que habito

los restos impíos

del tiempo

 

Tu nombre

entrelíneas

Tu nombre

entredientes

 

Es tu nombre

pueblo, saliva y silencio

Fuente: Pinterest

 

ROMPES

 

Rompes la lógica

incluso

de toda teoría

inconsciente

Porque te sueño

y después te deseo

sin beberte

 

Rompes un mar

huellas

de toda una vida

rota

Porque te busco

y rememoro

sin tregua de encuentro

 

Rompes silencios

recuerdos

de otros febriles

tiempos

Porque tuyo

es el silencio

que genera su propio eco

Fuente: Lara Paulussen

 

A-PENAS

 

Apenas tu nombre en mi recuerdo

me vibra el tiempo

Apenas sospecha de tus labios

recorren ya mi cuerpo

 

Me detengo en el día a sentir el deseo

tus suspiros en el viento

metafísicos tus dedos

Que presiento en toda mi silueta

 

Me arqueo

Un destello en el vientre

En la vulva

sólo basta suponer otro encuentro

 

Apenas la imagen de tus senos en mis ojos cerrados

sellados

la respiración se agita

no hay orgasmos desterrados

 

Apenas diez años han pasado

tus dientes siguen en mi espalda

atravesando distancias

volviendo al lugar anhelado.

 

Fuente: Pinterest

(DES)ENCUENTRO

 

Pensarte

humedad anticipada

asegurada

 

Mi vulva se agua

 

Desearte

recuerdo persistente

inconsciente

 

Tus senos intransigentes

 

Buscarte

freno racional

intencional

 

Cuerpas de manantial

 

Tocarme

calma momentánea

colectánea

 

Hasta el siguiente ciclo

Hasta el siguiente (des)encuentro

Fuente: Pinterest

 

QUE NO DIGAN QUE HICE TRAMPAS

 

Una vez miré algo parecido a tus ojos

Fue un  documento inanimado

pero reflejaba una vida de silencios, dolores y muchas alegrías

Me gustó la despreocupación de tus movimientos

 

Nunca pensé en tocarte la mano

Te vi entre pasillos y números

Y aunque familiar, fuiste diferente a todo

Una sonrisa, unos ojos grandes, no más que tu mochila,

y separados, no más que estos recuerdos

Y algo me atravesó

No dije nada, casi nunca digo nada

Incluso ahora escribo para no decirte nada

 

Porque lo que diga podría mirarse desde un lugar peligroso

Desde los confines de las relaciones comunes

Heterosexuales

 

Por eso (te) escribo

Sin decir/te nada

 

Aunque confieso

Que cuando me pides historias, brillo

Doy un salto imaginario

Y es absurdo esto

Pero confieso(te) lo que puedo en la medida que puedo

Y te respondo algo que me de un sitio en tus recuerdos

 

Aunque me alejo de lo cotidiano

Mantengo distancias para no agobiar

Callo y espero

 

Te digo entrelíneas que las cartas podrían ser un vínculo

Que donde quiera te puedes encontrar un papel, un guiño

Ojalá fuera mío

No tengo culpa

Pero ojalá fuera mío

 

Así sabría del nuevo falso abandono

Así podría decirte que te vi entre pasillos

Sentí

Y callé

Y no dije nada, porque casi nunca digo nada

 

Pero no dejé de mirarte contemplativa

Y escuché tus historias, de cerca y lejos

Y salí contigo

Y te quise tomar la mano

 

Arrebatada

Caprichosa

Aguerrida

Voluntariosa

Aventurada

Terca

Arriesgada

Indecisa

Decidida

 

Todo lo que se quiera decir sobre mí

Que no digan que no amé con locura a las mujeres en mi vida

Que no digan que hice trampas

Fuente: Pinterest

 

MARINA (Y) LA MIRADA

 

Te miras en el espejo de la otra y no sabes cuántos años han pasado, te sientas en su mesa, con su comida y sus pensamientos del mundo. Cuánto tiempo esperaron el encuentro, cuánto tiempo en lugares ridículos como Escandinavia, escuchando voces que se parecían dramáticamente a la suya, pero sólo eso: se parecían.

Recordarás la vez que en el subte creíste que el pasado se te caía como un muro lleno de alambres, no supiste sino temblar y recorriste su cuerpa como en todos los sueños (cuando querías dormir y dormir pensando en que de esa forma inexorable verías lo que viste entre los pasitos apresurados en la mañana del subte); el cabello negro y largo, supiste de su tesitura, del estruendo de cristales rotos que escuchaste romperse dentro de tí, le miraste las manos buscándole el rojo brillante, te perdiste en los bordes que más bien eran sombras en la ropa, marcando el escondido encanto de sus senos púrpura.

Pero era otra, como siempre que caminabas y escuchabas y soñabas y veías, era otra; no tardaste en sentirte estúpida cuando su voz pidiendo la hora sonaba a otra cosa, o cuando los ojos que viste no tenían la caída de gancho que tienen los suyos, te sentiste ridícula y rota.

Volviste al espejo y a la silla, cerrarías los ojos como sabrán las diosas quién sabe cuántos años, con fuerza lo hiciste, queriendo que al abrirlos, el aire se transformara y se hiciera poco a poco la silueta de su hacer el amor.

A veces llorabas, lo recuerdo, porque no había nada y ya sólo podías quedarte en un rincón besando lo único que te quedaba: (sus) recuerdos.

Te lamentabas por no saber si pasaste más años con o sin ella, esperándola o despertando a su lado, olvidabas detalles que antes eran el pan de la cena, tenías tanto miedo, temblabas. Cómo lo recuerdo.

Y un día, con tu vestidito rojo saliste de nuevo de casa para ir a morir, te sentaste tarareando alguna música y ella tenía sus uñas en tu espalda, la boca seca y toda la eternidad contenida en la piel… Abriste los ojos, esta vez sin contar hasta siete ni pretender nada… y ahí estuvo, frente a tí, esperando con los silencios que eran de las dos.

Te caíste del muro con todas tus lágrimas encima.

Y te quedaste.

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