Festival Internacional de Artes feministas, un espacio seguro para el amor entre mujeres

Imagen: Festival Internacional de Artes Feministas de la Ciudad de México, Facebook

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa

 

Ciudad de México, 9 de octubre de 2018.-

¿Se puede vivir fuera del patriarcado? Te resonó toda la semana esa pregunta. Mientras, caminas sola a medio día por una calle donde todo grita violencias: el grupo de hombres que bebe en la esquina, la mirada lasciva del señor de enfrente, tus pasos inseguros para no estorbar a nadie. Piensas un poco en lo que pasó en la semana: el compañero que le gritó a tu amiga, la opinión que callaste, la vecina que despidieron del trabajo, o la mamá que buscaba a su hija.

¿Se puede vivir fuera del patriarcado?, te preguntas de nuevo. Es fin de semana y lograste robarle unas horas a los pendientes: el correo que no respondiste, la multitud de trastes que dejaste apilada, o la reunión familiar a la que ya no llegaste. ¿Se puede…? De nuevo la pregunta. Caminas más rápido y al fin encuentras la dirección que te pasaron por correo. Das el primer respiro.

Te asomas por una puerta azul de madera y dentro hay varias mujeres. Todas distintas. Platican tranquilas entre ellas. Una te mira. Te saluda. Se acerca. Te pregunta cómo te llamas. Te extiende una caja y ahí, en una credencial de plástico, encuentras tu nombre. En ese lugar, un rincón escondido de la Ciudad de México, las otras te esperaban.

Bienvenida al 4to Festival Internacional de Artes Feministas…     

“Es un espacio de confianza y seguro en el que celebramos las artes, al feminismo y a nosotras mismas. No aceptamos que haya hombres en los festivales por seguridad, pero también por un posicionamiento político, porque siempre hay hombres mediando todos nuestros procesos. Aquí no, aquí es un encuentro en el que podemos hablar de nuestros procesos corporales, de nuestras vivencias, de nuestras alegrías o de nuestras dudas, pero sin la voz ni el juicio masculino”. Así te explica Montserrat, una de las organizadoras de este evento, el objetivo de hacer un festival como este. Te enteras después que, un evento de dos días, tardó casi un año en hacerse posible.  

Imagen: Festival Internacional de Artes Feministas de la Ciudad de México, Facebook

Llegaste sola, pero una vez dentro ya no estuviste así. Contigo había más o menos un centenar de mujeres más que entraban y salían de los salones. También ellas dejaron cosas para estar aquí, para conocerse y compartir sus saberes y sentires. Algunas viajaron por varias horas. No todas venían de la Ciudad de México, unas llegaron de Sonora, Oaxaca, Chiapas, Puebla, Aguascalientes, Querétaro, y hasta de otros países del Abya Yala, como Brasil o Chile.

Durante dos días te encontraste de muchas formas con varias mujeres. Sin conocerse tanto se abrazaron, cantaron, crearon, platicaron experiencias, se rieron, lloraron y luego se abrazaron de nuevo.

Algunas se conocieron recién y otras sólo se reencontraron. “El festival es un punto de formación feminista inicial para muchas, pero para otras es la continuación y eso hizo que mujeres que se conocieron en el primer festival hoy sean entrañables amigas. El cruce fue desde la creación. Este festival nos ha dado muchas amigas y, probablemente, de este cuarto festival salgan más que nos veremos en el octavo”, te cuenta Luisa, otra de las organizadoras, cuando le preguntas lo que le ha dejado este encuentro.

Imagen: Festival Internacional de Artes Feministas, Facebook

Aquí vinieron las artistas, las trabajadoras, las estudiantes, las maestras, las mamás y las hijas. Se juntaron para encontrar -desde su historia- su voz cantora; para liberar el cuerpo a través del baile; para tomar el bastidor y tejer -entre relato y relato- vulvas de distintas puntadas; para descubrir la cartografía, el mapa de vivencias, que llevan encima; para contar historias sobre el mundo, no, la munda, antes del patriarcado; para convertir la sangre en una pintura o una pieza de música; para revisar y sanar los vínculos con otras mujeres; para hacer el compromiso de respetar los acuerdos entre nosotras; para decirnos, como secreto a voces, que la historia de nuestras ancestras no acaba con las esclavas, sino que es la historia de las esclavas que lograron liberarse, las desobedientes, las que resistieron.

“Este festival es más que un espacio lúdico. Es un espacio político, de encuentro, de acompañamiento. Hay discusiones, apropiaciones, reconocimientos. Los lazos que se tejen acá seguramente implicarán nuevos proyectos, y es importante que en este momento histórico, en el que hay una intención de desaparecer al sujeto mujer, nosotras, desobedientes, nos sigamos encontrando. Hablar y hacer cosas entre nosotras es también un ejercicio pedagógico para que otras sepan que seguimos siendo el sujeto, seguimos resistiendo y seguimos organizadas”, te platica Karina, lesbofeminista, cuando le preguntas sobre el significado de este encuentro en el contexto que vivimos.

Qué más radicalidad que tomarnos el atrevimiento de legitimarnos entre nosotras. Además, escuchar, ver, cantar y compartir lo que nosotras creamos nos permite construir otros imaginarios fuera de la lógica comercial patriarcal donde los medios nos dictan cómo hay que pensar.  Aquí vienes, te encuentras con otras mujeres, piensan soluciones, explican sus situaciones, y proponen otros modos de vida, otros modos de organizarse. Eso crea imaginarios, y al crear otros imaginarios creas otras realidades”, remata Karina.

Imagen: Violetas CIEIS A.C., Facebook

En ese momento, se le tambalean los signos de interrogación a la pregunta que trajiste en la cabeza todo el día.

¿Y por qué desde el arte?, le preguntas a Maricruz, otra organizadora. “El festival es el medio, no es el fin; se vuelve un momento de encuentro para compartir todo aquello que aprendimos en ese año. El arte se vuelve el discurso porque es a través de él que expresamos todo lo que estamos viviendo, lo que reflexionamos, y lo que resistimos. Al final de estos talleres la apuesta es pensar qué proponemos, qué seguimos haciendo, cómo seguimos construyéndonos y desde dónde nos articulamos para hacer frente a la situación que vivimos en el continente y en todo el mundo”.

“Esto también tiene que ver con el placer porque no podemos vivirnos en la tragedia, tenemos que pensarnos desde el amor, desde la comprensión, desde el encuentro a través del arte. Las invitadas son mujeres que todo el año trabajan en su tema: en la música, en el canto, en el bordado, o en la pintura. Ellas viven para eso, esa es su pasión y el festival es un espacio, yo lo llamaría erótico, en el que nos encontrarnos desde el placer, pero con el componente político. Honestamente no creo que en Latinoamérica haya otro espacio así y además tan constante”, te dice Maricruz a propósito de que es éste es el cuarto año que se realiza.

Imagen: Festival Internacional de Artes Feministas de la Ciudad de México, Facebook

El espacio físico es, de alguna forma, lo de menos. Observas. No hay más decoración que unas banderas de tela, pero no hace falta ningún atavío para expresar la algarabía de este evento. La música son los cuchicheos, la explicación de la artista y las carcajadas.

“Es un espacio que logra unir la teoría, el pensamiento filosófico y político, con las sensaciones, las emociones, y las experiencias del cuerpo. Y es importante que sea un espacio seguro para las lesbianas, quienes han sido las más silenciadas dentro de los espacios colectivos. Esto es una forma de recuperar una parte de la ancestralidad de las mujeres”, te explican las artistas brasileñas Larissa e Isabel, quienes usan la sangre menstrual para construir proceso terapeúticos o de sanación, y vinieron a México exclusivamente a compartir esta experiencia.  

Luego te das cuenta. En este espacio las lesbianas son visibles, son el centro, las protagonistas. Las amantes, las amigas, se sientan juntas, se abrazan con el cuerpo completo, y se quedan así por horas.

La lesbiandad en este tipo de eventos es vista como el amor entre mujeres y no como un asunto sexual. Partimos desde el amor entre nosotras, desde la compresión entre nosotras. Creo que es muy necesario reunirnos aquí para demostrarnos que sí es posible, que sí podemos convivir todo un fin de semana desde el amor, desde la comprensión, desde el acompañamiento y que no es un sueño y no es nada más la teoría o la utopía”, te explica Luna, que viajó varias horas para presentar un fanzine que hace con su compañera, un compendio de piezas artísticas, tal vez único en todo el país, de visibilidad lésbica.

Imagen: Violetas CIEIS A.C., Facebook

Este festival no cuenta con ningún financiamiento público, al contrario, es un espacio que trae a mujeres de otros estados y países, y que se hace posible con los recursos y el trabajo de varias colectivas feministas: Ímpetu Centro de Estudios A.C., Violetas CIEIS A.C. de Querétaro; la Tortilla Vegana y Resistencias Vúlvicas, de Jalapa; Vulveidad, de Puebla; y el medio feminista La Crítica. Son colectivas integradas por mujeres que estuvieron ahí todo el tiempo para que nada faltara, que hubiera comida, que no entrara quien te pusiera en riesgo. Para que nadie violentara el espacio seguro que tras mucho trabajo construyeron. Sabes quiénes son ellas porque el cansancio y la satisfacción, casi en la misma dosis, se les nota en la cara.

Te sientes segura, y entre poema y poema no te das cuenta que ya casi es de noche. Te despides de ellas con un abrazo como quien no quiere soltarse. Cruzas la puerta azul y de nuevo estás sola, pero no tanto. Te acompaña ese nuevo imaginario, una nueva puerta a otras posibilidades. Llegas a tu casa y te acurrucas en los poemas que escuchaste sobre la memoria, sobre ser valiente.

Por un fin de semana pudiste ocupar otro espacio, un oasis, un lugar seguro que no era sólo físico, al que nadie le fincó bardas ni barrotes, sino que era un espacio que estuvo en lo intangible, en la palabra, en el sentir, en la creación, en la razón, en la mirada, y en la risa de las otras. Entonces te acuerdas lo que una de ellas te dijo antes de irse, y coincides: “me siento como un río que se encontró con otras afluentes, y ahora me llevo  encima mucha, mucha, agua”.

Al final te dices el cuento que ahí te contaron, el de las mujeres que, al negarles la tierra y el mar, decidieron habitar las estrellas. Cierras los ojos y te acuerdas de la pregunta que te hiciste todo el día, sólo que ahora ya no es duda, es una absoluta certeza.

Imagen: Violetas CIEIS A.C., Facebook

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