[Reportaje] Mujeres encabezan defensa del agua en CDMX

Imagen vía Noticieros HO TV

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa

Ciudad de México, abril 2018

 

María, Graciela y Lupe esperan afuera de su casa a que llegue una pipa de agua. Es medio día, pero la espera empezó desde las cuatro de la mañana, cuando una de ellas salió varios kilómetros lejos de la colonia a solicitar el agua y siete horas después -formada junto a otras mujeres- le confirmaron que se la darían.

A dos cuadras de ellas, otro grupo de mujeres rodea una pipa que está por irse. No alcanzaron agua aunque también se formaron desde la madrugada. Hablan con el conductor para que regrese por la noche. Además de “darle para el refresco” le dicen que prepararán café. Si la pipa no vuelve, tendrán que pagar de 700 a mil 500 pesos por una particular. En marzo pasado cumplieron un año sin agua, pero cada bimestre reciben cobros de hasta 300 pesos por un derecho del que no se benefician.

Esto sucede al menos una vez por semana en un barrio originario de Iztapalapa, una de las delegaciones con más problemas de agua de la Ciudad de México. Es un flagelo que padece casi toda la capital, pero se exacerba en colonias sobrepobladas, zonas rurales o semirrurales, asentamientos irregulares y pueblos originarios en defensa del agua.

De acuerdo con diferentes testimonios recabados, las consecuencias más graves de no tener agua las enfrentan directamente las mujeres, quienes en diversos puntos de la ciudad esperan hasta siete horas para conseguirla, pagan por ella, hierven para mejorar su calidad, la recolectan en las madrugadas, la reciclan y administran, hacen gestiones en la delegación e incluso se organizan para defenderla.

 

Lo que está en juego es el tiempo de las mujeres 

 

Actualmente el principal problema del agua en la ciudad no es precisamente la escasez, sino su distribución inequitativa entre zonas, sectores y clases sociales, explicó Brenda Rodríguez, maestra en Desarrollo Social e integrante de la organización Mujer y Medio Ambiente. La también experta en agua y género dijo que esto ha existido siempre, pero se incrementa por el modelo de gestión actual que no toma en cuenta las necesidades de los diferentes sectores sociales ni arriba a tecnologías alternativas para aprovechar la lluvia.

Rodríguez señaló que el acceso al agua y al saneamiento es un derecho humano que le corresponde a todas las personas; sin embargo, “las mujeres son las primeras a las que se les vulnera este derecho, lo que repercute en el ejercicio de otros derechos, como son al trabajo, la salud, la educación, y a tener el tiempo suficiente para involucrarse en tareas recreativas o en las que ellas decidan”.

En 2012, Mujer y Medio Ambiente realizó un estudio en 5 zonas de Iztapalapa. Éste reveló que algunas mujeres dedican hasta 30 horas a la semana para las gestiones del agua. El estudio también mostró que cuando hay cisternas, el agua llega por horas en las madrugadas y ellas quedan en vigilia durante la noche para levantarse y recolectarla en cubetas; cuando no hay cisterna, algunas mujeres se organizan en grupo para ir a las garzas (que es donde sale la pipa), anotarse en una lista, regresar a sus colonias a esperar, distribuirla y, si les es posible, regresar a su casa a hacer tareas domésticas.

Rodríguez detalló que la situación es peor en zonas rurales y asentamientos irregulares; por ejemplo, en un cerro de Xochimilco, las mujeres declararon que tienen que bajar a las faldas y cargar el agua con cubetas o burros. Una señora de 70 años dijo que invertía más de 2 horas sólo en subir y bajar por el agua. Se concluyó que en Iztapalapa y Xochimilco, la mujeres invierten en esto el mismo tiempo que en municipios marginados de Chiapas.

De acuerdo con Rodríguez, las mujeres son las principales gestoras con las autoridades para solucionar estos problemas, pero cuando se organizan movimientos de defensa, sus demandas no quedan entre las principales. “Las compañeras están encabezando los movimientos, pero debe haber un cambio en los procesos organizativos que deje de poner a las mujeres como víctimas y coloque su experiencia en el centro”, puntualizó.

Además, para Brenda Rodríguez, los gobiernos a nivel local y federal deben hablar del agua como un derecho humano no como un servicio; trabajar con un enfoque de sustentabilidad que integre mecanismos de captación y almacenamiento descentralizados; ampliar los mecanismos de participación de las mujeres; y etiquetar presupuesto para impulsar programas y políticas hídricas dirigidas a ellas.

 

Derecho al agua: botín económico y electoral 

 

Esta situación no es exclusiva de Iztapalapa, algunas mujeres entrevistadas en la colonia Santa Úrsula y Santo Domingo, en Coyoacán, relataron que llevan un mes sin agua, lo que las orilla a madrugar cada noche para recoger con una cubeta el hilo de agua (a veces con espuma) que cae de sus llaves durante una o dos horas. También dijeron que nadie les ha informado por qué no hay agua, y cuando preguntan a las autoridades les dicen que “tal vez” los pozos se están secando.

Ellas compran pipas particulares con regularidad porque si las piden a la delegación tardan de uno a dos meses en mandarlas, pero aseguran que hay algunas casas, señaladas con una bandera o vinculadas con partidos políticos, a las que nunca les falta el servicio.

En Iztapalapa y Coyoacán las mujeres coincidieron en tres situaciones: cuando la delegación entrega las pipas llegan personas a decir que es gracias a algún personaje político; la delegación regala tinacos o pipas a los simpatizantes del partido político en gestión; y el agua escasea o abunda de acuerdo al avance de las campañas electorales.

Otro botón de muestra es el caso de Guadalupe Negrete Peralta, habitante del poblado de San Lucas en Xochimilco que junto a sus vecinas, en representación de 29 familias, llevan años exigiendo a la delegación que les garantice su derecho al agua, pero ésta se niega bajo el argumento de que se asentaron de forma irregular –a pesar de que ellas comprueban que están pagando el predio que ocupan-  y que son capital de un partido político distinto al que la delegación representa.

Las mujeres de este asentamiento –dijo Guadalupe en entrevista- se forman en lavaderos públicos donde les cobran 5 pesos por día, y de su propia bolsa han tenido que construir un drenaje para evitar infecciones. Como una pipas les cuesta hasta mil 400 pesos por familia, idearon un captador de agua en tiempo de lluvias que funciona con una manguera y un trapo.

De acuerdo con la Doctora Delia Montero, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) especializada en gobernanza y administración del agua, la gestión deficiente y la falta de información son causas claves que han acrecentado la problemática en la ciudad.

Montero explicó que la población tiene incertidumbre sobre a qué instancia de gobierno debe dirigir sus demandas; además de que en la mayoría de la ciudad el agua es de buena calidad pero la instancia de gobierno responsable no lo informa. Esto lleva a las familias a gastar hasta 4 mil millones de pesos anuales en agua embotellada y enriquecer a las empresas trasnacionales que están detrás de este negocio.

Por ejemplo, dijo, en Iztapalapa se consumen al año 591 litros de agua embotellada por persona. Cuando el abasto es deficiente, las familias compran agua embotellada para lavar los trastes, bañar a las niñas y los niños, o atender a las personas enfermas. La gente de bajos recursos es la que más gasta en agua embotellada, y muchas veces en pequeños negocios que no cuentan con los debidos controles de salubridad.

Esta investigadora coincide en que las mayores afectaciones las cargan las mujeres. En 2017, Montero participó en un estudio comparado sobre disponibilidad del agua en zonas marginadas de la Ciudad de México y Sonora. En ambos casos, arrojó el estudio, las mujeres pasan entre 4 o 5 horas diarias esperando una pipa. “Es una actividad no reconocida porque las cifras oficiales de trabajo doméstico no contemplan el tiempo destinado al acarreo de agua. Es una aportación muy grande que nadie ve ni reconoce”, observó la especialista.

De acuerdo con Montero, el problema también es de gestión porque la toma de decisiones es centralizada y porque las deficiencias en los flujos de información al interior del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) impiden que la Dirección conozca la situación de las mujeres.

Además, dijo la investigadora, el agua se utiliza como un botín político, ya que en este periodo electoral se decidió condonar el pago de agua dónde no llega o llega poquita, una exigencia que debió atenderse muchos meses atrás. “Cada qué hay cambio de jefe delegacional prometen agua y ésta llega en época de campaña”.

 

Ellas, protagonistas de la defensa 

 

Frente a la problemática, las mujeres no sólo invierten esfuerzos y tiempo para hacer rendir el agua sino que dedican gran parte de su tiempo en organizarse para defender su derecho humano.

Por ejemplo, en Santa Úrsula varias mujeres decidieron conformar hace 10 años una asamblea vecinal para disminuir el cobro del agua. Susana Garduño, integrante de esta asamblea, señaló en entrevista que dedica al menos un día a la semana para participar en las asambleas, con ello consiguió que su recibo disminuyera de 5 mil pesos cada dos meses a 480 pesos, pero sin tener el servicio. Este logro le implicó presentar oficios y hasta protestar pacíficamente en el zócalo capitalino y afuera de la Asamblea Legislativa.

Otro caso es el de la Asamblea General de Pueblos, Barrios y Colonias de Los Pedregales en Defensa del Agua, que hace dos años instauró un plantón sobre avenida Aztecas, en la delegación Coyoacán, para denunciar el desperdicio de agua de manantial por parte de una inmobiliaria. Patricia Fernández, integrante de la Asamblea, explicó que en las colonias del sur se padece la falta de agua a pesar de que hay en promedio 27 pozos reconocidos. De acuerdo con Patricia, las autoridades cierran estos pozos de manera arbitraria.

La ahora activista explicó que junto a 50 vecinas y vecinos instauraron este plantón porque la inmobiliaria “Quiero casa” perforó el suelo y encontró brotes de agua limpia. A pesar de que las colonias de enfrenten padecen regularmente la escasez de agua, la inmobiliaria conectó mangueras al drenaje para deshacerse de ella.

“El agua es un derecho humano. Si permitieran que esa agua siga su flujo natural de alimentar los mantos acuíferos entonces nuestros pozos tendrían más agua y no habría escasez, se podría aprovechar y no dejársela a los dueños de la inmobiliaria”, dijo Patricia.

Las personas de la colonia han metido varios escritos y demandas a Sacmex y al gobierno central, sin que se les atienda. Incluso, la Secretaría de Gobierno de la ciudad les dijo que no era agua limpia, pero varios estudios de la UNAM comprobaron lo contrario. Las casi 25 mujeres que permanecen en el plantón hacen guardias, marchas, y asambleas. Gracias al movimiento, la inmobiliaria no ha podido entregar los departamentos que debió haber dado desde noviembre pasado.

Otro ejemplo es el del pueblo de Santa María Aztahuacan, uno de los 16 barrios originarios de Iztapalapa. Este barrio se opone a la construcción de un pozo para evitar la sobreexplotación de los mantos acuíferos, lo que les ha costado la suspensión por más de un año de su derecho humano al agua.

Angélica Juárez Pérez, mujer huasteca y presidenta del Consejo Indígena de este pueblo, declaró en entrevista que ahí se hace uso político del derecho humano y relató que pueden pasar hasta cuatro semanas sin que caiga una gota de agua.

Aquí es donde las mujeres salen a las cuatro de la mañana a buscar una pipa a las afueras del pueblo. Hasta las 7 de la mañana les dan 50 fichas, y quien no alcanzó se queda sin agua. Ellas han tenido que aprender a reutilizar el agua que usan para lavar los trastes. Ahora piden más tinacos para captar agua de lluvia y dejar de saquear el manto friático, como pretende su delegación.

En marzo pasado, la delegación inició –sin consultar al pueblo, lo que viola sus derechos indígenas- la excavación de un nuevo pozo. El pueblo alertó con campanas, y en defensa del agua -que es concebido como un elemento sagrado- acudieron principalmente las mujeres y las personas adultas mayores, ya que el resto había salido a trabajar.

Las mujeres pusieron el cuerpo para impedir que entrara la excavadora, pero la delegación respondió con cientos de policías armados y hasta helicópteros”, dijo la defensora. Ellas hicieron guardias de día y noche durante un mes e hicieron marchas en la ciudad.

De acuerdo con Juárez, el pueblo se negó a la construcción de este nuevo pozo porque a lado de él se acaba de secar uno, cuya agua nunca fue para la población de Santa María. Sin embargo, la delegación se negó a entender las exigencias, los tiempos, las propuestas y la cosmovisión del pueblo originario. Y a la fecha, según declaró la también defensora de los derechos indígenas, el gobierno capitalino se ha negado explícitamente a informarles la razón de construir un nuevo pozo, el impacto ambiental que esto traería, el destino del agua, e incluso las razones por las que desde hace 40 años no cuentan con este recurso, hecho que se incrementó durante el año reciente.

No sólo eso, según consta en grabaciones a resguardo de la comunidad, personal de Sacmex llamó alborotadores al pueblo y aseguró que la falta de agua era en represalia a su organización; además la delegación se negó a brindarles apoyo inmediato después del sismo del 19 de septiembre, e incentivó la división comunitaria al dar agua a unos y a otros no.

En un pueblo de personas artesanas y obreras, hay que comprar el agua: una familia necesita mínimo 800 pesos a la semana para abastecerte de pipas y garrafones. “Se ha ensañado terriblemente la delegación y el gobierno de la CDMX con el pueblo. Ni en el temblor vinieron. Hay una lógica del gobierno de negarse a hacernos cualquier gestión porque somos un pueblo que se está organizando de manera autónoma y eso no les gusta”, detalló Juárez.

A pesar de esta represión, el pueblo se sigue organizado. Las y los ejidatarios están dispuestos a donar un terreno para hacer un tinaco que capte agua y la distribuya, y se han aliado con otros pueblos originarios para que cada quien tenga un sistema en su casa de captación. También organizaron foros sobre el agua al interior del pueblo. Al propósito, Angélica reconoció: “las mujeres hemos tomado la vanguardia de la lucha. No sólo estamos en defensa, sino que incluso estamos ideando un sistema para la captación del agua y una forma de gestión comunitaria de este recurso.”

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